ALEJANDRO GÁNDARA (Entrevista)

Alejandro Gándara narra la relación de infancia y muerte en "La vida de H"

Madrid, 8 may (EFE).- Alejandro Gándara concibió "La vida de H" como un ensayo, pero pronto se dio cuenta de que lo que tenía entre manos era una novela sobre el descubrimiento de la muerte en la infancia, cuando el mundo pueril se tambalea y las sirenas dejan de existir: "El mundo mágico se derrumba", explica a Efe.,Hadas intermedias, ojáncanos, dríades, vampiros y sirenas habitan este universo que Gándara (Santander, 1957) crea en torno a H, una niña de cinco años con "alma vieja" que transita

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 10:51

Alejandro Gándara concibió "La vida de H" como un ensayo, pero pronto se dio cuenta de que lo que tenía entre manos era una novela sobre el descubrimiento de la muerte en la infancia, cuando el mundo pueril se tambalea y las sirenas dejan de existir: "El mundo mágico se derrumba", explica a Efe.

Hadas intermedias, ojáncanos, dríades, vampiros y sirenas habitan este universo que Gándara (Santander, 1957) crea en torno a H, una niña de cinco años con "alma vieja" que transita hacia esa pérdida de la inocencia a la que todo el mundo llega cuando verbaliza una compleja pregunta: ¿qué es la muerte? ¿Qué hay después de ella?

"El mundo mágico se derrumba. Una de las conclusiones a las que llegué es que en el momento en que un niño pregunta por la muerte, todo su mundo de fantasía empieza a temblar, tiembla primero y se desvanece después", asegura.

Gándara, que en principio iba a escribir un libro de ensayo que se acabó convirtiendo finalmente en esta novela editada por Salto de Página, apunta que esa curiosidad aparece entre los 3 y 5 años, aunque el concepto de muerte no se elabora hasta los 7.

"La novela arranca en ese momento, uno de los más cruciales en la vida, del que no nos damos cuenta nunca. Es un momento muy temprano, creo que por eso no nos acordamos", explica el ensayista y novelista, fundador de la Escuela de las Letras (1989) y la Escuela Contemporánea de Humanidades (2000).

En el curso de esos proyectos se adentró en la investigación de las relaciones entre la palabra y la curación, el duelo y la pérdida, temas sobre los que ha impartido cursos en universidades españolas y extranjeras y que se cuelan en el universo de H.

Bajo la tutela de un hada que la ayuda a forjar su carácter y que retrotrae al "daimon" de la mitología griega, H vive en una ciudad, pero también en un laberinto; recorre un tiempo que solo avanza en una dirección, pero en el que todo ha sucedido ya.

Se cruza con personas, pero también con criaturas mitológicas y, en definitiva, observa la realidad como cualquier otra niña de cinco años, pero es capaz de articular preguntas que solo los hombres y mujeres sabios llegan a plantearse.

"Es una novela que empezó inspirada en una hija mía, que estaba un poco en el otro mundo. Vivía, como muchos niños, en su mundo de sirenas, y además tenía una enorme capacidad lógica, de tal manera que se juntaban esos dos aspectos", comenta el escritor.

H, sin embargo, acabó "siendo un poco todas las niñas" y no solo su hija, un "encuentro con todas las niñas del mundo" y con el "alma femenina", que tiene una "sensibilidad muy diferente que la de los niños".

"También es el encuentro con el alma femenina que tengo yo. Todos tenemos un principio masculino y un principio femenino, lo que pasa es que el masculino se está apoderando de todo", opina Gándara.

"'La vida de H' es una experiencia de lo visible y de lo invisible que hay en nuestra vida cotidiana. No solamente vivimos experiencias físicas, tangibles. Vivimos todo un mundo de proyectos y deseos que están en la cabeza", apunta el autor, Premio Nadal en 1992 por "Ciegas esperanzas".

La moraleja, concluye el escritor que ha recibido otros galardones como el Premio Anagrama en 1988 por el ensayo "Las primeras palabras de la creación", es que la "felicidad consiste en asimilar la vida sin condiciones, en aceptar lo que somos sin ninguna condición".

Gándara publicó su primera novela, "La media distancia", cuando era profesor de Historia de las ideas en la Universidad Complutense y una de sus obras juveniles, "Falso movimiento", fue llevada al cine por Rafael Alcázar como "Besos de gato" en 2004.

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