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J. L. RESTÁN | LÍNEA EDITORIAL

La corrupción, mal moral

La corrupción vuelve a ser protagonista destacada de la vida pública española. Son muchas las opiniones que se escuchan sobre la naturaleza de este fenómeno social. Algunas de ellas políticamente interesadas, dado que pretenden instrumentalizar a su favor esta lamentable circunstancia. La corrupción carcome la vida pública y genera efectos devastadores tanto en lo referido al noble ejercico de la política como en las relaciones de confianza sobre las que se articula el sistema representativo, base de la democracia. 

En estos momentos de profundo desconcierto, a propósito de la operación judicial que se está llevando a cabo en Madrid, conviene volver la atención a lo que los obispos españoles dijeron sobre la corrupción en el reciente documento “Iglesia, servidora de los pobres”. En él recuerdan que las prácticas corruptas “derivadas de la codicia financiera y de la avaricia personal, quiebran gravemente al solidaridad y siembran la desconfinza social”. Es por tanto necesaria, recuerdan nuestros obispos, “una verdadera regeneración moral a nivel personal y social, y un mayor aprecio por el bien común, que sea verdadero soporte para la solidaridad con los más pobres y favorezca la auténtica cohesión social”. 

Esa regeneración debe “nacer de las virtudes morales y sociales, y se fortalece con la fe en Dios y la visión trascendente de la existencia”. La sociedad española no ganará la batalla contra la corrupción sin recuperar ese tejido de virtudes, que necesita alimentarse de nuestra mejor tradición cultural y espiritual.    

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