OCIO. Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “La Dama de Hierro”, “Sherlock Holmes: Juego de sombras”, “The Yellow Sea”, “Atraco por duplicado” y “Una boda de muerte”.
La crítica cinematográfica en La Linterna por Jerónimo José Martín, presentador junto a Juan Orellana de Pantalla Grande:
La Dama de Hierro (The Iron Lady) *** (7). Ya octogenaria y con alzheimer, Margaret Thatcher (Meryl Streep) habla con su marido ya fallecido (Jim Broadbent) y a ratos piensa que sigue en el poder. Así, entre delirios y momentos lúcidos, rememora los hechos más importantes de su vida, deteniéndose especialmente en las relaciones con su esposo y en los muchos sacrificios que tuvo que hacer para alcanzar sus objetivos profesionales. Unos esfuerzos que la convirtieron en licenciada en Química por Oxford, abogada de prestigio, parlamentaria, ministra, líder del Partido Conservador británico —la primera mujer en serlo— y Primera Ministra del Reino Unido de 1979 a 1990. Sin duda, lo mejor de este “biopic” es el sensacional trabajo de Meryl Streep, cuya matizada caracterización de Margaret Thatcher ya le ha valido la candidatura al Globo de Oro a la mejor actriz dramática y, seguramente, le gane una nueva nominación al Oscar. Es en este aspecto actoral donde brilla especialmente la inglesa Phyllida Lloyd (“Gloriana”, “Mamma Mia!”, “Macbeth”), que arranca también a Jim Broadbent otra interpretación memorable. Sin embargo, su sólo correcta puesta en escena se resiente de las constantes idas y venidas en el tiempo del guión de Abi Morgan —sobre todo en la recta final del filme—, así como de su excesivo cóctel de géneros: drama intimista en torno al alzheimer, melodrama matrimonial —lo más conseguido del filme—, exaltación feminista, denuncia política y social… Por otra parte, aunque se tratan con vigor —imágenes documentales, incluidas— hechos como la Guerra de las Malvinas, el atentado del IRA que sufrió Thatcher, las revueltas sindicales contra su subida de impuestos…, sólo se esbozan superficialmente otros acontecimientos relevantes del paso de la Dama de Hierro por el número 10 de Downing Street, como sus amistosas relaciones con Ronald Reagan o la intervención militar en Kuwait contra Saddam Hussein. Además, a ratos la película pierde ponderación y endurece demasiado sus críticas contra Margaret Thatcher, sobre todo al tratar su supuesto fracaso con sus hijos y su hosco carácter al final de su mandato. De modo que el retrato final que ofrece de ella es menos profundo y sugerente que el que ofrecen de sus biografiados otras producciones británicas similares, como “Su Majestad Mrs. Brown”, “La reina Victoria”, “La Reina (The Queen)” o “El discurso del rey”. J. J. M.
Sherlock Holmes: Juego de sombras (Sherlock Holmes: A Game of Shadows) *** (6,5). En 1891, justo tras la boda del Dr. Watson (Jude Law), en su vida y en la de Sherlock Holmes (Robert Downey Jr.) entra de pronto el Profesor Moriarty (Jared Harris), un criminal cruel, sin escrúpulos y con una mente tan aguda como la de los dos famosos detectives. Aprovechándose del terrorismo anarquista y nacionalista, ha ido tejiendo una sórdida red de muertes y destrucción con el fin de cambiar radicalmente el curso de la historia. Arriesgando constantemente sus propias vidas, Holmes y Watson intentarán detenerle, lo que les obliga a recorrer aceleradamente Europa, desde Inglaterra hasta Suiza, pasando por Francia y Alemania. Pero el astuto Moriarty siempre va un paso por delante. Amparándose quizás en el enorme éxito de su anterior recreación fílmica de los populares personajes literarios, el inglés Guy Ritchie (“Lock & Stock”, “Snatch. Cerdos y diamantes”) se ha descuidado demasiado en esta segunda incursión en su universo. Por fuera, la película es un espectáculo trepidante, lleno de espectaculares secuencias de acción, generosas recreaciones de época y apabullantes efectos digitales, que no dan tregua al espectador de principio a fin. Y todos los actores se apuntan a esa montaña rusa con suficiente convicción. Sin embargo, el guión del matrimonio Kieran y Michele Mulroney descuida la coherencia de la intriga que narra, y sume a la película en una confusión narrativa tremenda, en la que a menudo no se sabe muy bien lo que pasa. Quizá este defecto se deba al accidentado rodaje del filme o a su conflictivo montaje, que han saltado a la opinión pública. El caso es que el resultado final es demasiado caótico y, desde luego, carece de la capacidad de fascinación de los relatos originales de Sir Arthur Conan Doyle. De todas formas, si uno obvia este fallo grave, la película resulta entretenida y divertida, pues tiene unos cuantos golpes de humor eficaces. J. J. M.
The Yellow Sea (Hwanghae) ** (6). El cine coreano está adquiriendo en Occidente una fuerte personalidad cercana a lo que se denomina “cine de culto”. Desde hace una década, directores como Kim Ki-duk, Ji-woon Kim o Bong Joon-Ho se pasean con éxito por los festivales y carteleras europeas. Dentro de la variedad de sus temáticas hay rasgos que se perfilan como comunes y que son sus señas de identidad. Uno de ellos es su tratamiento de la violencia y el sexo, que a pesar de mostrarse extremo y gore, siempre tiene una perspectiva surrealista que se aproxima a lo cómico. Por eso es “cine de culto”, porque sólo unos pocos paladares pueden degustarlo sin los sinsabores de una indigestión. “The Yellow Sea”, Premio al mejor director en el pasado Festival de Sitges, es un ejemplo paradigmático. Escrita y dirigida por Na Hong-Jin (“Chaser”), cuenta la historia de Gu Nam (Ha Jung-woo), un taxista de la zona fronteriza entre China y Corea del Norte, abandonado por su mujer y abrumado por las deudas. Para saldarlas y encontrar a su esposa debe emigrar ilegalmente a Corea del Sur y realizar un trabajo para la mafia. Allí se va a ver envuelto en una espiral de violencia y brutalidad insospechadas. Rodada con mucha fuerza, montada con ritmo trepidante, la película gira completamente en torno a Gu Nam, un hombre en principio honrado y padre de familia, que se va corrompiendo por la presión de las mafias de la inmigración ilegal. Sin embargo, no creo que la crítica social sea lo más importante en este thriller de acción, tremendamente gore y brutal. J. O.Atraco por duplicado (Flypaper) ** (5,5). Por una extraña coincidencia, atracan el mismo banco a la misma hora tres ladrones supersofisticados (Mekhi Phifer, Matt Ryan y John Ventimiglia) y dos colegas supercutres (Tim Blake Nelson y Pruitt Taylor Vince) que, tras ponerse de acuerdo, encierran en una habitación a un nutrido grupo de rehenes. Un singular cliente hiperactivo (Patrick Dempsey) y una resuelta cajera a punto de casarse (Ashley Judd) pondrán en juego su ingenio y su valor para intentar comprender la situación, eludir la muerte y evitar enamorarse… Esta película partía de una situación sugerente, que podría haber sustentado una entretenida película de intriga y robo sofisticado, al estilo de “Cómo robar un millón y…” o de la saga iniciada por “Ocean’s Eleven”. Además, contaba con un director eficaz, Rob Minkoff (“El Rey León”, “La casa encantada”), que logra una planificación ágil e inquietante, y con un reparto bastante bueno, que se toma en serio a sus personajes. Sin embargo, el guión de Jon Lucas y Scott Moore estropea el cóctel al optar por un tono zafio y malhablado, y por un humor demasiado disparatado, que resta interés a la intriga. Queda así un producto entretenido, pero muy por debajo de sus posibilidades. J. J. M.
Una boda de muerte (A Few Best Men) * (2). Tras enamorarse durante unas vacaciones en la isla de Tuvalu, el inglés David (Xavier Samuel) y la australiana Mia (Laura Brent) deciden casarse, aunque casi no se conocen y saben muy poco de sus respectivas familias. Poco después se celebra la ceremonia en Australia, en la inmensa finca del padre de la chica, Jim Ramme (Jonathan Biggins), un rico y popular senador, casado con la reprimida Barbara (Olivia Newton-John) y cuya hija menor, Daphne (Rebel Wilson), dice ser lesbiana. El evento será una sucesión de catástrofes por culpa de los tres mejores amigos del huérfano David: el frívolo Tom (Kris Marshall), el apocado Graham (Kevin Bishop) y el deprimido Luke (Tim Draxl). Infumable comedia cutre, perpetrada por los productores y el guionista de “Un funeral de muerte”, y con “Resacón en la Vegas” como punto de referencia. El australiano Stephan Elliott (“Una familia con clase”, “Las aventuras de Priscila, reina del desierto”) se apunta al desmadre con entusiasmo, acumula sin chispa las patéticas situaciones supuestamente cómicas —plagadas de detalles obscenos y escatológicos, algunos muy desagradables— y permite que el reparto sobreactúe sin ningún control, especialmente Olivia Newton-John, que se descoca hasta límites penosos. En fin, un bodrio sin ritmo ni gracia, perfectamente olvidable. J. J. M.