TOROS. El segundo festejo de la Feria de Otoño en Las Ventas dejó como nota positiva la lidia de un gran toro del Puerto de San Lorenzo, ‘Pompito’ de nombre, que no terminó de ser cuajado por El Cid pese a que el sevillano dejó varias tandas de nota, pero al conjunto le faltó mayor rotundidad y continuidad. El resto del encierro del hierro charro dejó mucho que desear, como las grises actuaciones de Castella y Perera.
Madrid, viernes 30 de septiembre de 2011. 2ª de la Feria de Otoño. Casi lleno. Cinco toros del Puerto de San Lorenzo, desiguales de presentación y de juego manso, descastado y flojo en conjunto. Destacó el bravo 4º, fuertemente ovacionado en el arrastre. Un sobrero (6º bis) de Los Bayones, justo de presencia y de juego deslucido. El Cid, silencio y saludos. Sebastián Castella, silencio en ambos. Miguel Ángel Perera, silencio tras aviso y silencio.
Hasta el tercer toro, todo transcurría según el guión previsto en la primera corrida de toros de la Feria de Otoño. Un encierro del Puerto de San Lorenzo ayuno de casta, flojo y sin muchas opciones. Un Cid casi inédito ante su inválido primero, un Castella aburrido con otro de similar condición que el toro anterior y un Perera espeso de ideas con un animal mansito pero con motor y transmisión.
Pero entre los tópicos que se cumplían al pie de la letra, saltó el cuarto. “Pompito”, más en la línea Lisardo del hierro salmantino, con 536 kilos que llevaban en su interior un caudal de bravura inagotable. El animal cantó su buen son en el capote, empujó y recargó en el caballo y siguió demostrando sus condiciones en el tercio de banderillas.
El Cid no lo dudó y presentó desde el inicio de la faena la muleta en la zurda, su zurda que tantos olés levantaran hace años en Las Ventas. Dos tandas, ligadas, ligeras, con el toro haciendo el avión y abriéndose entre pase y pase lo justo para permitir a El Cid dejar la muleta muerta y enganchar su embestida. La plaza en ebullición. A derechas llegó el cénit del trasteo del de Salteras, desmayada la planta y más ajuste en los embroques. Y el toro sin parar de embestir con clase y ritmo, hasta el final, estirando el cuello buscando el engaño del torero.
Pero a partir de ahí el trasteo de El Cid comenzó a vivirse en un tobogán de intensidad y acoplamiento. Hubo más desajustes a derechas y la faena no retomó el clamor inicial. Se veía más toro que torero. La eterna ‘baraka’ de El Cid en los sorteos. Pudo haber cortado una oreja de haber estado el sevillano acertado con la espada. Pero tras un pinchazo, la espada viajó a los sótanos. Aún con el infame sablazo, el toro siguió queriendo perseguir a todo lo que se le ponía por delante, embistiendo con los muñones de las manos delanteras y muriendo como lo que hacer un animal de lidia, con bravura. Faltó sensibilidad del público para pedir y a la presidencia conceder una merecida vuelta al ruedo al toro de Lorenzo Fraile.
Antes, en su primero, El Cid se las vio con un inválido con el que se justificó sin más.
Quien demostró seguir en un bache en este último tramo de temporada fue el francés Sebastián Castella. Gris, abúlico y mecánico, el de Beziers exasperó a la afición venteña con dos trasteos planos y sin relieve ante dos toros mansos y muy bajos de casta. Su primero fue otro inválido y el quinto un animal deslucido.
El tercero del festejo fue ese típico toro del Puerto mansito, suelto, pero con su punto de raza, que suele terminar rompiendo a embestir humillado y con transmisión. Toro de adentros, de aprovechar su querencia para romperlo por abajo. ¿Cuántos toros hemos visto así y han propiciado triunfos? Perera se perdió en una faena desarollada en varios puntos del ruedo, sin más planteamiento que sumar muletazos, sin sujetar ni fijar al toro en su terreno. Sí lo hizo en una postrera tanda a izquierdas en chiqueros, pero ya era muy tarde…
Con el chico sobrero de Los Bayones, el extremeño no tuvo opciones por la mala clase que sacó el astado del también hierro salmantino. Se lo quitó de en medio con prontitud.