Así son las Mañanas| Mediodía COPE| La Atalaya| La Linterna| Tiempo de Juego| El Partido de las 12| La Noche de COPE| Dos Días Contigo
Luque se la juega en el último y le corta la oreja

Tres horas para ver torear

Sevilla, miércoles 29 de abril de 2009. Lleno. 5 toros de El Puerto de San Lorenzo -Ventana del Puerto (incluso el sobrero), mansos, descastados, rajados y sin remate. 1 toro de Gavira, bien presentado, manso, descastado y rajado. Manuel Jesús Cid, el Cid, silencio en ambos. Sebastián Castella, ovación y silencio. Daniel Luque, silencio y oreja.

comentar  |   imprimir
Rafael Cabrera - 29-04-09

Tuvimos que esperar tres horas para que, al fin, viésemos triunfar a un torero con ilusión, más allá de las cuatro cartas tiradas ante el descaste infinito de una vacada que de brava no tiene absolutamente nada. Un torero que, decidido a que no se le fuera la tarde, se la jugó frente a un nuevo manso, más peligroso que muchos de sus compañeros, frente al que no dudó ni un ápice, le mostró los muslos y se pasó los pitones a escasos milímetros de las femorales en una y otra pasada. Sin duda lo habrán dicho, o lo habrán oído, muchas veces: Cuando el toro no transmite el torero tiene que hacerlo; cuando el bicho no pone, el diestro ha de poner toda la carne en el asador. Pues eso, ni más, ni mucho menos, es lo que ha hecho hoy el joven torero de Gerena: Daniel Luque. 

Por lo demás, la corrida ha estado marcada por la variedad… dentro de un condición general e indispensable: la mansedumbre y el descaste. Los del Puerto han sido un muestrario completísimo de diversidad dentro de la uniformidad. A ver, apunten: el manso y rajado que huye de cuanto se le acerca; el manso y rajado que se aquerencia y embiste a arreones; el mando y rajado que no pasa; el manso y rajado que sale distraído caminito de… Belén; el manso y rajado con peligro… y así uno y otro, y otro más. Sumen la flojedad mostrada por algunos –dos volvieron a los corrales pero pudieron ser algunos más- y lo flaco de más de algún otro, a los que podían contarse las costillas, y que puestos de frente eran una auténtica oblea. ¡Qué éxitazo ganadero – empresarial! Y lo que dijimos ayer mismo con los desastrosos juanpedros: ¿Quién es el veedor de aquesto? ¿Qué curso de capacitación sobre coleópteros ha seguido? ¿Dónde queda el prestigio maestrante…? (Es pregunta retórica, no la contesten).

El Cid… ni ha reconquistado Sevilla, ni se parece al que tomó Valencia en el siglo undécimo. Lo mismo que el otro día, pero con la salvedad –importante- de que hoy no hubo materia prima, aunque sí materia para primos…, mucha guasa ganadera y de los que escogen y toleran esto. Su primero se llamaba Pitoniso I, porque acertó, sin duda alguna, lo que había de ser la corrida al completo. Era negro, pesaba 532 kilos, tocadito de puntas, que pareció cumplir en varas para mansear en adelante y rajarse a continuación. El toro salió yéndose donde no le molestaran –por cierto tardeó lo suyo en salir de chiqueros y lo hizo sin brío alguno, al paso, como casi todos los lidiados; ¿es esto es normal?-. Hubo alguna verónica interesante mientras se caía y perdía las manos; y después de apretar algo en varas –mejor la segunda- y después de una caída en la que quedó con la espalda pegada al suelo, los pitones clavados en la arena y las cuatro patas al aire -hasta que le desclavaron del albero maestrante-, llegó a la muleta, punteó algo en los lances iniciales con algún son, y se rajó en el segundo muletazo de la segunda serie, por la izquierda. El Cid se mostró bien en los primeros pases de tanteo, a más, pero luego no le cogió el temple adecuado. El bicho se fue a tablas, lo sacó, se rajó de nuevo, lo pasó al hilo de tablas sin lucimiento, el buey le pegó un par de coces, y el diestro de Salteras se lo quitó de en medio de un pinchazo alto, y una entera, arriba, al hilo del olivo, traserita ella. El cuarto era Garavito, de 530 kilos, flaco, negro girón y axiblanco, delantero un poco tocado, manso, flojo, descastado, soso y boyar. Nada hubo en los primeros tercios, para, con la muleta en las manos, sacarlo a medios y pasarlo a media altura –por donde iba el toro-, en paralelo aunque largo, y metérselo más en redondo en dos pases finales de la tercera tanda. Debió insistir en ello, con esa mano derecha, pero en vez de ello cogió la zurda para lancearlo soso, a media altura –ambos- y desde fuera, salvo en el primer cite, con el toro tardeando ya por falta de casta y ensuciando los pases. Retomada la derecha no hubo ya nada que hacer: nuevos retardos en la embestida, sositas pasadas, y todo a media luz, como en el tango. Un pinchazo saliéndose, con desarme, otro más, y una estocada entera, desprendida, con el toro en tablas, rajadito, finalizaron su paso por esta feria de abril. 

Castella vio como sus dos toros titulares volvían al corral por invalidez manifiesta, ¡vamos lo típico de la casa! El primer sustituto, del hierro original, se llamaba Langostillo, con 515 kilos, negra la capa, tocadas las astas, con nada por detrás, manso, aquerenciado en su rajada, pero embistiendo a arreones. Lo recibió el francés perdiendo terreno; pasó por varas rehusando y yéndose cerca de toriles, a un burladero donde estaba más fresquito, en banderillas volvería a visitarlo más de una vez, y en la muleta se dirigió sin duda donde quería desde un inicio, pese a que el francés se lo llevó a los medios. ¡Qué manía de sacarlo, para no poder retenerlo! Allí empezó defendiéndose, pero acabó por aceptar los pases en su lugar, con genio, y repitiendo. Y allí lo pasó Castella, una y otra vez, sin decir gran cosa, pese a sorprender al personal sacándole lo que no parecía tener. Todo con la derecha, ni un solo pase al natural, ni uno, ¡en Sevilla! En redondo, pero dejándole la muleta en la cara para cubrirse, y sin pasarse cerca los pitones, sino sirviendo de pivote sobre el cual giraba el toro; tuvo el mérito de sacárselos, pero fueron pobre bagaje, al cortar las series tras dos muletazos o tres y el de pecho. ¡Con lo que llegaba el toro! Hubo bastante enganchón, algunos agarres al lomo, y poco más, para ver como el toro, al fin, volvía a su verdadera querencia. Aconchado en ellas, le sacudió el francés media tendida y atravesada, oyó un aviso, ¡qué suplicio, Dios mío, que plomiza estuvo la tarde!, ¡tres horas de festejo!, y lo descabelló a la primera. Su segundo, segundo sobrero, del hierro de Gavira, fue Embustero –premonitorio, como el pitoniso primero-, un colorado ojo de perdiz de 560 kilos, tocado de cuerna, manso, complicado y rajado en su descaste. Nada con el percal, con la franela volvió a estar pesado: oiga, que no se puede estar más de minuto y medio sin ir al toro después del toque de clarines, y más cuando ya llevábamos dos horas y cuarto de corrida, y quedaba todavía otro dentro. Con el codo en la barrera esperó otro medio minuto, como si la cosa no fuera con él y la gente sentada pacientemente; eso suena a pitorreo franco. El toro se rajó en el cambio de tercio, se fue a la zona de toriles, él lo sacó de su querencia hacia los medios, pero el toro esperaba y tiraba la tarascada o entraba cabeceando y ciñéndose allí, para acabar parándose tras la tercera tanda. Palmetazo en los pitones -no se arranca-, y allá que fue el francés a aligerarnos la tarde: una estocada muy baja y trasera, que escupió el toro; y otra entera, caída que hizo echarse al buey. Hubo una primera migración masiva de espectadores, camino del recinto ferial. 

E hicieron mal…, porque lo bueno, como en las bodas de Canaan, está al final. Luque, se las vio con Ventisquita en prima instancia. Un bicho mular, rajado y manso, negro y tocado, que pesó 550 kilos. El toro que había salido distraído, parado y soso de chiqueros, se fue a los mismos cambiado el tercio de garapullos. Desde la primera tanda se vio como se escupía de las suertes, para salir suelto, y para pararse en los medios, sin terminar de aceptar los pases. No lo dudó mucho: “A tablas”, se dijo, y a tablas se fue. Allí, con algún peligro contra querencia, más fácil a favor, siguió Luque intentándolo, sin sacar nada en claro; el toro volvería a rajarse una y otra vez, con peligro cierto e incierto. Una entera, pero por el chaleco, y un desastre con el verduguillo –hasta 17 descabellos- le hicieron escuchar un aviso. Cambió el panorama en el que cerró plaza, un toro de mote Carretillo, que no demostró esa condición, sino la de la mansedumbre, descaste, peligro e incertidumbre, con 542 kilos pero sin cuajo, negro y tocado. Y en los medios, donde más pesan los toros mansos, se lo pasó Luque arriesgando muchísimo, muy firme, aguantando coladas, ceñidas, miradas e incertidumbres y obligándole a embestir aunque no fueran más que unos pocos centímetros cada vez. Sus comienzos fueron más sosos, distraído, con la cara alta, embistiendo al paso, para pararse y continuar peor, como hemos dicho. Vimos un precioso pase –casi un kikirikí- de Luque, que le obligó a tomar el trapo, y al final, pasándose los pitones por donde los toreros machos, sacó una faena donde no la había, a base de coraje, de tesón, de valor sin límite; algunas veces parecía inconcebible que el toro no le cogiese, de veras. Y cuando la gente –y la música… que tiene unos días que para qué- ya estaba en la faena, fue por la espada y perfilado entre ambas puntas, dejó una estocada entera, algo contraria por atracarse, con gran estilo, para ver como doblaba el buey en tablas a la segunda, tras levantarlo el de la puntilla. Oreja de ley. 

En definitiva…, después de tres horas vimos torear, si no de forma preciosista, artística, sí con la verdad, el honor y el pundonor por delante, con la grandeza de la honestidad y la ética del toreo eterno: poder a un toro, arriesgar la vida en la lid, jugar con al muerte. Por cierto…, Serapis, Anubis, Isis, Osiris…, ¡no, hombre, no, Apis, ese es el dios que ampara la cabaña mansa!         

* campos obligatorios

TU COMENTARIO:

Normas de uso


PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
© Cadena COPE 2010
Radio Popular S.A. - COPE. CIF A28281368, C/ Alfonso XI, 4. 28014, Madrid. Todos los derechos reservados. Aviso Legal