Collado Villalba (Madrid), domingo 26 de julio de 2009. 5ª de Feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Conde de la Maza, desiguales de presentación, de poca casta en conjunto. 1º manejable pero soso. 2º incierto. 3º soso y deslucido. 4º manso y sin recorrido. 5º encastado pero a menos. 6º manejable. Luis Francisco Esplá, oreja y silencio. Ángel Teruel, silencio y silencio tras aviso. Rubén Pinar, silencio y silencio.
Collado Villalba ha echado el cierre esta tarde a su feria con un festejo gris que tuvo pocos momentos de interés por culpa de descastado y soso comportamiento de los astados del Conde de la Maza.
El único diestro que ha paseado una oreja ha sido el maestro alicantino Luis Francisco Esplá. Un Esplá que recibió un cariñoso homenaje a la conclusión del paseíllo por parte de las peñas de la localidad. La oreja cayó en el primer toro de la tarde al que banderilleó con más variedad que ceñimiento en los embroques y donde destacó el último par al violín. Quitó por delantales para a continuación trenzar una faena ligera basada en el pitón izquierdo. Al conjunto le faltó continuidad por la sosa embestida de su oponente, pero como manejó con acierto la espada al primer envite pudo pasear el trofeo.
El cuarto fue un animal de poco juego que se quedaba en las zapatillas cada vez que iniciaba su embestida. Esplá no se dio coba y tras varias tandas sobre las piernas se fue tras de la espada, siendo silenciada su labor.
Ángel Teruel también se estrelló con su primero, un animal descastado e incierto que midió mucho al joven espada. Faena corta fundamentada sobre el pitón izquierdo pero que no tuvo brillantez.
Lo mejor de su actuación llegó con el encastado quinto, el mejor animal del sexteto, un astado que terminaría sin embargo acusando que la puya quedase hilvanada en la piel del lomo. Pero mientras el toro tuvo acometividad, Teruel lo aprovechó para manejar la mano derecha con aplomo y encaje, corriendo la mano con gusto y ligando las series. Con la izquierda también surgió una tanda con regusto pero emborronó todo con el mal uso de la espada.
Rubén Pinar realizó en primer lugar una faena voluntariosa ante un animal flojo al que nunca pudo exigir y al que toreó siempre en linea. Sin embargo con el manejable sexto compuso una faena a más, con dos tandas en redondo y otra al natural de alto nivel, con profundidad y temple. Pero al igual que Pinar echó por tierra lo realizado al pinchar hasta en tres ocasiones antes de dejar una media que tumbó finalmente al toro.