Así son las Mañanas| Mediodía COPE| La Atalaya| La Linterna| Tiempo de Juego| El Partido de las 12| La Noche de COPE| Dos Días Contigo
Oreja de Salvador Cortés a un palha que supo a poco

Genio más que casta

Sevilla, martes 21 de abril de 2009. Unos dos tercios de plaza. 6 toros de Palha, de presentación justa, mansos - el primero cumplió en varas-, de juego deslucido y complicado y con genio; un par de ellos peligrosos, y otro más, el tercero, boyante y encastado. El Fundi, ovación y silencio. Sergio Aguilar, silencio en ambos. Salvador Cortés, oreja y silencio.

comentar  |   imprimir
Rafael Cabrera / Fotos: Matito (Sevilla Taurina) - 21-04-09

Los de Palha vinieron con genio y complicaciones, pero sin esa casta o arrancadas de otras ocasiones. No nos terminó de gustar la corrida del hierro portugués, porque a la mansedumbre en términos generales, unieron un juego deslucido, complicado y bronco en la muleta. Hubo peligro en uno del Fundi y otro de Aguilar, que se mostraron muy firmes ante ellos; complicaciones en el otro de Aguilar, y muy poca clase en el que cerró la tarde. Gracias a que salió ese tercero que, aun sin cumplir en los caballos, embistió metiendo la cabeza en el último tercio, con casta, aunque acabaría cerrándose sobre las tablas. Algún otro terminó mirando las tablas, y más de uno refugiándose en ellas a la hora de la muerte. Es una lástima, pero la del pasado año salió mejor, y qué decir de las dos últimas de Madrid. Y eso es lo peor que le puede suceder a un hierro como el de Palha, centrado en la casta y en la agresividad. La de hoy ha tenido de lo segundo, es verdad, pero poco menos que genio en general. 

La corrida no puede, sin embargo, resumirse en cuatro líneas, porque fueron muchos los matices ofrecidos por los toros, y al menos tuvieron la cualidad de no permitir a nadie que se desentendiera de lo que ocurría en el ruedo. El primero se llamaba Lumbrera, de 505 kilos, negro, tocado de cuerna y escurrido de atrás; cumpliría en varas, arrancándose de lejos en el segundo encuentro y empujando con ganas, pese a sufrir bastante castigo. A la salida de ésta, y mientras Aguilar hacía su quite por chicuelitas, el toro le zarandeó de mala manera, y tal pareció que hubiese sido cogido el matador, que gracias al cielo salió sin lesión. El Fundi, que había lanceado por verónicas de recibo –alguna buena de verdad-, salió dispuesto con la franela, y colocado en su sitio soportó las incertidumbres iniciales del toro, que miraba al diestro y tenía peligro sordo: hizo ademán de rajarse en la cuarta tanda, lo que le impidió el espada en primera instancia, pero al fin se fue derechito a tablas, desentendido de la lidia, refugiándose en ellas. Allí le dejó el madrileño media estocada, un poco atravesada, de la que murió rápidamente. El cuarto era Milanezo, un toro de 509 kilos, negro, delantero de pitones, bajito pero con cuajo, manso y embistiendo a menos en la muleta. Volvió a lucirse el Fundi con la capa, a la verónica, mientras que Aguilar le respondía en su quite con tafalleras ajustadas. En el último trance, José Pedro se lo sacó a los medios, y después, bien colocado, lo fue pasando aseado, ligando bien al dejarle la muleta por delante. Pero las siguientes tandas se ensuciaron, porque el toro comenzó a quedarse más corto por la izquierda, echando la cara arriba y con poco recorrido. Volvió a la derecha, y volvió a ligar, alzando el tono de la faena, pero ya poco había que hacer: en las dos siguientes, una por cada lado, el toro fue sin clase y quedándose cada vez más. Dejó en esta ocasión otra media estocada, desprendida y atravesada, muriendo el bicho con casta, después de echarse y levantarlo el de la puntilla. 

El primero de Sergio Aguilar fue Cardón, de 540 kilos, negro, delantero y algo astigordo, con poco remate trasero, manso y peligroso. Comenzó colándose por el pitón derecho de salida, y siguió haciéndolo, después, en el muleteo, desde el mismo tanteo inicial. Medía mucho antes de entrar, y cuando lo hacía iba andando hasta llegar al momento del embroque con la muleta para pararse o acelerar su viaje, según las veces. El espada aguantó una barbaridad, sin mover los pies, pero con el resultado de mucho enganchón por la manera de entrar del bicho. Un magnífico pase de pecho rubricó el mejor momento del trasteo. Las cosas fueron complicándose por parte del toro, hasta el punto de quedarse corto y revolverse en un palmo, con peligro, hasta que le dio un nuevo revolcón, pese al cual volvió a la cara con la misma firmeza. Un pinchazo arriba, que le dolió al toro, otro sin fe y uno más caído precedieron a una estocada atravesada calificada aquí como municipal –con guardia-, y aun descabello, oyendo el único aviso de la tarde. El quinto, Tapero de mote, pesaba 525, negro de capa, delantero, con poco cuajo, y fue manso, complicado y a menos. Su condición fue la brusquedad, a la que sumaba un calamocheo inicial peligroso, que luego corregiría algo. Nos gustó más en la tercera tanda, con la zurda, una serie larga que fue a más, con dos últimos naturales por bajo y en redondo que al fin fueron coreados por la gente. Volvió a mostrar ese valor impávido y firme, pero el toro se le fue complicando, hubo una colada por la derecha y visto que no había cosa que hacer, con el toro yendo a tablas, lo mató allí, al hilo de ellas, de un pinchazo hondo y descabello. 

A Salvador Cortés le correspondió el mejor del encierro. El tercero pasaba por Saleroso, de 506 kilos, negro bragado, acucharado de armas, y de comportamiento manso en los caballos pero boyante, encastado y a lo último algo complicado en la faena. Lo recibió con unas buenas verónicas, respondidas por el Fundi en su quite con unas chicuelitas con manos altas, francamente interesantes. Se desmonteró Luís Mariscal en banderillas, después de dos buenos pares, y su hermano llegó con ganas a la faena de muleta. Dándole distancia lo fue pasando, no sin soportar dos coladas iniciales por el derecho, para coger la zurda y seguir con mérito pero con lucimiento escaso. Fue a partir de la quinta serie cuando su labor creció en enteros, con una buena serie derechista, seguida de otras dos en las que vimos menos pases, pero algunos buenos, pero sin la intensidad de la primera, porque el toro fue yéndose a tablas y levantando la cabeza a media altura. Un soberbio espadazo, arriba, fue suficiente para obtener esa oreja. Le costó entender al toro y darle lo que necesitaba, pero una vez lo hizo la segunda mitad de la faena tuvo su mérito. El último se llamaba Bojador, de 585 kilos, negro mulato, delantero y de juego escaso, manso y aunque embestidor, sin clase. Volvió a lucirse el Fundi en el quite, pitado por cuatro insensatos, y el sevillano empezó tanteándolo en los medios, con un buen trincherazo. El toro remataba los primeros pases dando un salto y derrotando, frente a lo cual aunque Salvador se colocó bien, le faltó el lógico temple. Después, más al hilo con la zurda, vio como el toro acortaba su viaje sin que él se lo alegrara, o intentara tirar de él, más por bajo, con mayor mando, utilizando la media altura para acompañar las embestidas. Y así se fueron sucediendo las tandas, deslucido el toro y él sin la necesaria fe en sí mismo, simplemente dando muletazos que no llegaban a nadie. Acabó su labor de pinchazo y una estocada arriba, con el brazo por delante, viendo como el bicho se resistía a doblar con casta. 

Corrida deslucida, en definitiva, en la que apenas esa segunda mitad de la faena de Cortés a un poco claro, pero buen tercero, levantó los ánimos del respetable.

* campos obligatorios

TU COMENTARIO:

Normas de uso


PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
© Cadena COPE 2010
Radio Popular S.A. - COPE. CIF A28281368, C/ Alfonso XI, 4. 28014, Madrid. Todos los derechos reservados. Aviso Legal