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Arturo Macías y Tendero, heridos

Sabor amargo

Valencia, sábado 13 de marzo de 2010. Un tercio de entrada. 4 toros de Valdefresno y 2 de Hermanos Fraile Mazas (3º y 4º), de aceptable presencia, mansos en conjunto, boyantes primero y cuarto, noble y soso el tercero, complicados, bajos de casta y rajándose, los restantes. Juan Bautista, vuelta, oreja y silencio en el que mató por Tendero. Arturo Macías, ovación (dos avisos) y oreja . Miguel Tendero, palmas (aviso) en el único que mató.

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Rafael Cabrera - 13-03-10

La corrida, hasta el cuarto, iba con un pobre pero generoso bagaje. Pobre, porque habían salido tres toros de muchísimas posibilidades, especialmente los que correspondieron a Bautista, que lejos de estar a su altura anduvo muy por debajo de las condiciones de sus oponentes, consiguiendo una muy generosa oreja –sin petición estimable- en el cuarto, después de volcarse a la hora de matar. El que le tocó a Tendero fue un bicho noble y sosote, embestidor hasta el fin, pero sin la codicia o clase de sus dos hermanos, mientras que el de Macías fue un toro complicado, muy bajo de casta, con feo y constante calamocheo y corto recorrido. 

Pero todo cambió en el quinto, otro animal complicado, sin casta, que acabaría rajándose y parándose a la cuarta tanda del mejicano. Éste, en un intento de agradar y redondear una tarde sin suerte –la de su presentación en España como matador-, porfió en exceso con el manso, insistió en un toro que andaba mirando a tablas, saliendo distraído, y algo incierto, y, tras de unas bernardinas en que se le fue ciñendo hasta engancharlo –aun sin consecuencias-, lo cuadró, se volcó sobre el morrillo para ganar un posible trofeo, y sufrió una muy aparatosa cornada, destrozándole la taleguilla, lo que no fue óbice para que permaneciera en el ruedo y marchase a la enfermería con un trofeo al valor y al pundonor, aunque sin una petición extraordinaria. Y con el amargo sabor de boca de la cogida del diestro azteca, saldría un sexto toro, descastado también, incierto, que se paró desde el capote, sin ganas de embestir, midiendo siempre distancias y objetos. Y Tendero, que debió doblarse de entrada con él, intentó meterlo en la muleta, sin conseguir más que una severa cornada en la parte posterior del muslo, al tercer o cuarto lance de tanteo. La impresión fue grande, el diestro quedó conmocionado y las asistencias lo retiraron a la enfermería con prontitud. La tarde, que se la iban llevando los toros de calle, terminó por agriarse y dejar ese mal sabor de la sangre derramada. Esperemos una pronta recuperación de ambos. 

Antes del trágico final del festejo, la corrida era por completo del juego de los toros, dos de ellos de verdadera nota en la muleta, aunque mansearan en varas –como se define habitualmente su encaste-. Hubo un primero que fue con riñones, voluntad, energía –y eso que blandeó de manos de salida- y que sólo al final, se desentendió un poco de la muleta de Bautista, al ver que no le había sometido en ningún momento. Se llamaba Bellotito, de 520 en la báscula, negro y delantero, manso pero con casta y boyante con un final flojito en la muleta. Lo recibió el francés con alguna buena verónica de entrada, lo mejor que hizo toda la tarde, junto con dos doblones por la derecha al sexto. Vimos un quite por gaoneras de Macías, limpio, templado y con la planta clavada en el albero valenciano, de verdadero mérito. Con la muleta el diestro galo apenas se colocó en su sitio, andando las más veces por las afueras, ligando porque el toro repetía incesantemente –y hacía el avión- y porque él le ponía la muleta por delante, echando la pata atrás, cediendo terreno, en bastantes lances iniciales. Nada notable hizo con la zurda, ensuciando el trasteo, y con ciertas brusquedades al final, lo que hizo que el bicho terminara por desengañarse. Muy por debajo de un toro extraordinario para la franela. Lo mató de una entera, desprendida, con muchas ganas, viendo como el animal, hasta arrodillado en la muerte, seguía queriendo embestir. Hubo una leve petición, que el usía no consideró suficiente, y vuelta al ruedo de regalo. En el cuarto, por mote Carasucia, de 546 kilos, negro y delantero, manso pero embestidor, con casta, yendo a más, nada le vimos con el percal, y muy poco con la muleta, acompañando mucho las embestidas pero sin verdadero mando sobre las arrancadas del animal. Al hilo, apenas colocado en el inicio de las tandas, y algo despegado, debió estar mucho mejor, porque así como su primero se comía el mundo, éste dejaba colocarse para meter la cara abajo con clase cuando se le pedía. Hubo abundancia de muletazos pero escasa calidad. Todo este trabajo lo rubricaría, después de que le costase cuadrar por abuso de lo mentado, de una casi entera, desprendida, que ahora fue premiada con la oreja, con una petición semejante a la primera, esto es, escasa e insuficiente.

Macías nos gustó en el segundo de la tarde, Pitonero de mote, de 509 en el peso, negro y delantero, manso, complicado y sin casta. Intentó hacer un quite variado, pero el toro se quedó, lo ensució, y la cuestión quedó deslucida. Con la muleta entre las manos anduvo el mejicano muy firme, quieta la planta, firme y sereno, sin darse importancia ante un toro que calamocheaba y punteaba constantemente y cuyo recorrido era escaso muchas veces. Comenzó con dos cambiados por la espalda, en los medios, pero ni por bajo, ni a media altura, conseguiría corregir los defectos del bicho, consiguiendo sacar un natural bueno en la cuarta serie y una serie con la derecha, casi al final, muy interesante, más en redondo y mejor colocado. Aguantó con valor estoico los parones del toro, pero al final se pasó de faena, le costó colocarlo para la muerte, sonó un primer aviso y, tras media desprendida con estilo, escuchó un segundo recado presidencial. El quinto se llamó Pelotita, de 578 kilos, negro, manso, complicado, escaso de casta y rajándose también, pero sin huida en firme, sino más bien parándose, mirando a tablas e intentando salir hacia allá con la cara levantada. Tampoco hubo suerte con la capa, y con la muleta inició el azteca una serie de rodillas, en los medios, de exposición y aguante ciertos. El bicho levantaba la cabeza desde el principio, tirando la tarascada, con brusquedades; Macías lo intentó y llegó a ligar alguna serie, aunque echando la pierna atrás, y luego, acortando distancias y metiendo el pico, quizá lo ahogó un tanto. El toro no tenía el fondo de alguno de sus hermanos, y al llegar a la cuarta serie dijo que se acabó. Aun porfiaría más el mejicano, pero el astado –que ya iba distraído y con la cara alta, no presagiando nada bueno- empezó a rajarse. Insistió demasiado, mucho más de lo razonable, y al fin el toro le pasó factura en unas bernardinas, en las que el enganchó sin consecuencias, y en esa cogida, de verdadero patetismo, al cobrar una estocada entera y arriba. Oreja al valor, al aguante y al pundonor del diestro americano.

Tendero no tuvo su tarde; en su primero debió estar mejor, y en el sexto se llevó una cornada apenas cogida la franela. El tercero se llamó Manzanilla, de 536 kilos, negro, delantero aunque rarete de puntas, manso, pero noble, embestidor y algo soso. Un toro dulce, que antaño llamaban aborregado, pero yendo y viniendo sin presentar problemas. Alguna buena verónica le vimos en el recibimiento, y apuntamos algunos buenos muletazos en las dos primeras tandas, cuando el toro iba con algo de alegría. Pero luego le faltó echar más carne en el asador, meterse más con el toro, colocarse más, echar la pata y muleta alante para traerse el toro prendido en los vuelos de la muleta, por bajo. El toro lo hubiese aceptado de buen grado. Pero lejos de ello, colocado al hilo siempre, templó y acompañó las embestidas, sí, con limpieza y gusto –menos cuando se agarró al lomo en espantosos circulares-, pero esperando siempre al bicho que entraba a su albedrío. Luego tampoco acertaría a matarlo, y después de seis pinchazos sin pasar, alguno con desarme, un aviso y un pinchazo hondo, desprendido y atravesado hubo de conformarse con palmas, que saludó. El sexto fue un bicho llamado Guerrita, de 541 kilos, negro, manso y complicado, que no quiso entrar a las suertes desde el capoteo, y al que –tras la cogida de Tendero en la serie de tanteo- mataría Juan Bautista, después de doblarse con él -visto que no entraba con ninguna claridad e iba por el espada cuando podía o quería-. Medio bajonazo, que escupió, y una entera caída bastaron para que lo arrastrasen las mulas.

Parte médico Arturo Macías: Cornada en la cara postero-lateral de la pierna izquierda de 8 cm. de extensión, superficial, que interesa piel y tejido celular subcutáneo y aponeurosis. Intervenido bajo anestesia local. Herida en la oreja de 3 cm. de extensión que produce destrozos en el cartílago. Pronóstico menos grave. Trasladado al Hospital Casa de la Salud de Valencia.

Parte médico de Miguel Tendero: Cornada en la región sacra izquierda de 15 cm. de extensión, superficial, que provoca desgarro de fibras musculares del glúteo. Varetazo, contusiones y erosiones en tobillo izquierdo. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico menos grave. Trasladado al Hospital Casa de la Salud. 

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