Castellón, martes 9 de marzo de 2010. 3ª de Feria. Baja temperatura y un tercio de entrada en los tendidos. Cinco novillos de Manolo González y uno, el segundo, de Toros de Jarrama, cómodos en líneas generales. El cuarto, que iba para sobrero y se empeñó en lidiarlo el ganadero, lució unos pitones impresentables. Manseó el que abrió plaza; fue noble por el derecho el segundo; rajado el tercero; flojo y soso el cuarto; muy medido de fuerzas el quinto y parado y distraído el último. Conchi Ríos, saludos tras aviso, silencio en el que mató por Cervera y silencio tras aviso. Juan Sarrión, que debutaba con picadores, saludos tras aviso y silencio y silencio. Juan Cervera, que debutaba con picadores, herido.
La novillada tuvo unos prolegómenos emotivos tras el sorteo matutino. Se presentaba con caballos Juan Sarrión, último producto salido de la Escuela Taurina de Castellón, en la feria que supone la despedida de Rufino Milián, director de la misma desde su fundación allá por 1.997. Se descubrió una placa de cerámica en el coso de Ribalta en honor del docente y el viejo profesor, vestido de dulce, se tragó la emoción propia del momento en su parlamento. Allí se congregó buena parte del taurinismo provincial: desde políticos relevantes como Carlos Fabra a profesionales que estuvieron bajo su disciplina, pasando por peñistas y amigos. Luego, ya por la tarde, el discípulo le brindó su primer novillo y Rufino recibió el cariño de los asistentes en forma de ovación.
Fue este ejemplar el de mejor condición de un encierro mansote de Manolo González. Bueno por el derecho y soso por el izquierdo, permitió al local firmar lo más vistoso de una tarde sin brillo. Largó capote de rodillas al hilo de las tablas y soltó los nervios en los subsiguientes lances. Más atemperado, trazó gaoneras estimables y, ya en el último tercio, esperó en la boca de riego para dar dos cambiados por la espalda. Después, en redondo, hubo intento de temple. Eso sí, algo despegadito y tratando de acompañar, sin molestar, una embestida potable. En el 9, al calor del sol, lo pasó por alto hasta agotarlo y, matando, estuvo hecho un pinchauvas porque en ningún momento se convenció de sus posibilidades.
Se corrió turno y en cuarto lugar saltó al ruedo Arrumbadillo, un impresentable utrero para cualquier ciclo que se precie, aunque sea de segunda, como es el caso. El comportamiento del torucho no presagiaba nada bueno desde el principio y así fue. Sarrión le dio sitio por la derecha perdiendo un pasito para encelarlo, estuvo decidido pero no llegó al tendido. Al natural, correcto nada más, contagiándose del frío ambiental. Esta Magdalena, por aquello de las inclemencias meteorológicas, podría haberse celebrado en Laponia y el frío hubiese sido el mismo. El toreo, si no calor y moscas, necesita una temperatura soportable por el sufrido público y no es el caso en lo que va de abono. Al sexto le recetó unos trallazos de salida con el capote de lo más animosos. Se le paró pronto Garrapata intentando hacer blanco en el cuerpo del incipiente torerillo quien, desangelado, no mandó en ningún momento. Luego llegaron las distracciones del cornúpeta, la sosería, la cara alta y no hubo ocasión de nada más. La parroquia agradeció que se echara al sentir sobre sus carnes el único pinchazo hondo y, pies para qué os quiero, buscó el calor de un buen cafelito con que restituir la armonía de sus respectivos cuerpos.
Conchi Ríos puso voluntad y decisión en su primero. Jamás perdió los papeles para pararlo y llevarlo al caballo, dio dos chicuelinas estimables y se tomó su tiempo para instrumentar los pases en un intento de realizar las suertes como mandan los cánones. Se preocupó de darle el toque preciso para ligarle cuatro derechazos seguidos a Afectivo y colocarse en el sitio. No vendió la moto ni buscó la connivencia del respetable y se le agradece desde estas líneas. Ejecutando la suerte suprema no lo ve claro y, sea porque le faltan fuerzas o porque no juega los brazos con habilidad, le salió un churro. Chivato no fue la materia prima precisa para construir una obra aceptable y se acabó pronto. La murciana estuvo firme y pare usted de contar.
Juan Cervera, morfológicamente es Enrique Ponce. Buen referente, sí señor, más peligroso si se queda sólo en la forma y no en el fondo. Es como si a un sólido discurso no lo acompañan los hechos necesarios para refrendarlo. Vaya, como si se mintiera. Tiene margen de confianza pero que sepa el valenciano que fue cogido en primera instancia porque dejó un hueco entre las telas y su anatomía y, en la definitiva, porque Primavera se topó con su cuerpo antes que con el engaño.
Resumiendo, mal ganado y preocupantes perspectivas para una terna que está dando sus primeros pasos en esta dura profesión. Por eso el toreo es tan duro y la grandeza tan difícil de alcanzar. Por cierto, el capote de paseo que cada año otorgan los asesores taurinos al novillero triunfador quedó desierto. Otra vez será.
PARTE MÉDICO DE JUAN CERVERA: “Durante la lidia del tercer toro, el torero Juan Cervera ha sufrido un puntazo profundo en la cara anterior del muslo izquierdo de 12 cms. Pronóstico menos grave, que le impide continuar la lidia. Firmado: Dr. Gustavo Traver”.