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VALDEMORILLO | VUELTA AL GRAN 3º DE MONTEALTO

Serafín Marín, triunfo y sangre desde el exilio

TOROS. El primer festejo de la Feria de San Blas y La Candelaria de Valdemorillo (Madrid) ha tenido como gran protagonista al diestro barcelonés Serafín Marín, que ha cortado tres orejas y ha resultado herido cuando entraba a matar a su primer toro. Víctor Puerto y el local Julio Pedro Saavedra no han tenido su tarde y se han ido de vacío. (GALERÍA FOTOGRÁFICA DEL FESTEJO)

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Sixto Naranjo - 04-02-12

Valdemorillo (Madrid), sábado 4 de febrero de 2011. 1ª de Feria. Media entrada. Toros de Montealto. Desiguales de presentación y juego. Destacó el bravo 3º, Navajuda, nº 44, 515 kg, premiado con la vuelta al ruedo. Encastado el 5º y manejables 1º, 4 y 6º. Víctor Puerto, silencio y pitos. Julio Pedro Saavedra, silencio y silencio tras aviso. Serafín Marín, dos orejas tras aviso y oreja.

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Camino de Valdemorillo, el termómetro del coche iba bajando amenazante según se reducía la distancia con el coso de La Candelaria. El viento hacía que la sensación de frío aumentase y todos los saludos entre aficionados a las puertas de la plaza tenían como monotema el  meteorológico. Gracias a Dios y los cañones de aire, dentro de la plaza cubierta había algún grado más que en el exterior. Pero quien terminó de encender la caldera con su actuación fue el catalán Serafín Marín.

Curiosa circunstancia. Un catalán se convierte en el primer triunfador de la temporada en la que ya no pueden celebrarse festejos taurinos en su región. Cosas de la política.

Por ello, resultó gratificante ver como un bravo torero cuajaba de cabo a rabo a un bravo toro. Un precioso ejemplar de Montealto, de hechuras casi perfectas, bajo, pegado al piso, con cuello. Pero si por fuera enamoraba, su interior hizo que el idilio continuase a lo largo de toda su lidia. Ya con el capote cantó su condición de humillar, cualidad que captó rápidamente Serafín Marín para trenzar un precioso recibo y posterior quite a la verónica ambos. Echando los vuelos del capote y rematando con dos medias ampulosas y ceñidas. El toro tomó un vara apretando y recargando con los riñones y siguió a continuación embistiendo con buen son en banderillas.

Serafín no se dio mucha coba y tras dos estatuarios un pase del desdén comenzó rápidamente a torear por el pitón derecho. Tandas de hasta seis muletazos, largos todos, mandones también. El toro embistiendo como una locomotora y Serafín mandando en su embestida. Por el izquierdo siguió el temple y aumentó el mando del catalán, desmayándose en algún natural de gran estética mientras el de Montealto seguía estirando el cuello en busca del engaño con celo y ritmo. La obra estaba hecha. El torero pinchó y en el segundo envite, no se dejó escapar el triunfo a costa de quedar enganchado de forma dramática por le bajo vientre. Del trance el toro salió herido de muerte y el torero con la hombría rota. Las dos orejas sonaron a reivindicación y recuerdo para su tierra y la vuelta al toro a justicia con la bravura.

Otra más paseó del manejable sexto. El toro no tuvo las mismas cualidades que su hermano pero que dejó constancia del gran arranque de temporada de Marín que volvió a dejar un saludo a la verónica sensacional que remató de otra media ceñida y a compás. El astado tuvo menos entrega que el tercero, pero dejó a Serafín realizar una faena más técnica que la anterior pero de igual temple. Agarró una estocada caída que no fue óbice para la concesión de otro apéndice.

Quien no ha querido ni mancharse su precioso terno fue Víctor Puerto, demasiado conservador en sus dos actuaciones. Su primero fue muy mal lidiado pero llegó al último tercio sin comerse a nadie. No se entendieron las precauciones del manchego. Por destacar algo, nos quedamos con los doblones de inicio de faena.

Con el altón cuarto, Víctor Puerto se dio aún menos coba. Tocando siempre por fuera, Puerto no quiso saber nada del toro tras tres tandas en las que hubo más probaturas que toreo.

Y el local Julio Pedro Saavedra se topó en primer lugar con un ejemplar en exceso anovillado que apenas le dejó doblarse con él al inicio de faena antes de cantar la gallina camino de tablas. Con el exigente quinto, Saavedra evidenció su falta de sitio y oficio. Algún natural rescatable en un mar de vulgaridades y destemplanza.

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Serafín Marín en su salida a hombros del coso de Valdemorillo. | EFE

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