José Luis Román, religioso comboniano en Sudáfrica, cuenta más detalles de su labor misionera.
Las cinco de la mañana es mi hora de levantarme. Aseo, un café y a mi oración personal. Me incorporo a la comunidad para la Eucaristía y desayuno. Después del desayuno, los jóvenes se van a la Facultad de Teología y yo me quedo en casa. La mañana la dedico a preparar las catequesis y a visitar a los vecinos. Rezamos juntos, piden bendiciones, llevo algún enfermo al hospital, visito a las ancianas que están solas y abandonadas, les llevo un poquito de comida cocinada por mí, o por el que le tocó de la comunidad, ya que no tenemos cocinera. Algunos jóvenes del barrio vienen para paracticar y mejorar su inglés y yo también aprovecho para practicar con ellos y mejorar mi zulu. Por la tarde la dedico a nuestros jóvenes teólogos. Tenemos coloquios formativos, reuniones y un poco de deporte que es cuando los niños del barrio se unen a nosotros y jugamos todos. Por la noche tenemos nuestras oraciones comunitarias, cena y tiempo libre. Si hay suerte podremos ir a la cama sobre la media noche, sino habrá que ir a visitar algún vecino para poner un poco de paz en las peleas de barrio o de la familia.