Hoy escuchamos al Padre Ismael Piñón.
Cualquiera que haya estado en África alguna vez, vive con el permanente deseo de volver allí. Y es normal, porque África -y yo me imagino que cualquier otro territorio de misión- , enriquece mucho al que va para compartir su fe con otros pueblos. Durante los ocho años que viví, trabajé como misionero en El Chad y aprendí lo importante que es el compartir. Descubrí el auténtico sentido de la vida, el estar juntos, el no dar importancia al tiempo. Porque al contrario de lo que nos sucede aquí, el tiempo en África está al servicio de las personas y no al revés. ÁFRICA Y LA MISIÓN ME HAN DADO MUCHA HUMANIDAD. Y lo escribo con mayúsculas. Cuando experimentas la generosidad y la acogida de la gente, incluso de los más pobres, te quedas marcado para toda la vida. Más aún cuando descubres que esa generosidad y esa acogida nacen de una fe muy profunda. Es tanto lo que recibes, que ardes en deseos de volver porque allí te sientes a gusto. Y cuando vuelves a españa tienes la sensación de que has recibido infinitamente más de lo que has dado. Es como si una parte de tí se hubiese quedado allí y lo único que deseas es volver para reencontrarte con ellas.