Jueves, 18 marzo 2010
Actualizado a las 05:30h
El encuentro de Benedicto XVI con los periodistas en el avión papal
En el inicio de su viaje apostólico a Camerún y Angola (17-23 de marzo), como es costumbre, el Santo Padre concedió una entrevista a los periodistas presentes en el vuelo papal (de Roma a Yaoundé). La Santa Sede ha distribuido la trascripción de la conversación. Ofrecemos su traducción íntegra.
Marta Lago - 18-03-09
P. Lombardi [director de la Oficina de Información de la Santa Sede] [en italiano]: Santidad, bienvenido al grupo de colegas: somos unos setenta los que nos preparamos a vivir este viaje con usted. Le expresamos nuestros mejores deseos y esperamos poderle acompañar con nuestro servicio, de manera que podamos hacer partícipe también a tanta gente en esta aventura. Como de costumbre, le estamos muy agradecidos por la conversación que ahora nos concede; la hemos preparado recogiendo, estos últimos días, cierto número de preguntas de parte de los colegas –recibí una treintena-; hemos elegido algunas que puedan presentar un discurso un poco completo sobre este viaje y que puedan interesar a todos; le estamos muy agradecidos por las respuestas que nos dará. La primera pregunta la plantea nuestro colega Lucio Brunelli, de la televisión italiana, quien se encentra aquí, a nuestra derecha.
Pregunta [en italiano]: Buenos días. Santidad, desde hace tiempo –y en particular tras su última carta a los obispos del mundo- muchos periódicos hablan de “soledad del Papa”. ¿Qué piensa usted de ello? ¿De verdad se siente solo? ¿Y con cuáles sentimientos, tras los recientes sucesos, vuela ahora hacia África con nosotros?
Papa [en italiano]: La verdad, debo decir que me da un poco de risa este mito de mi soledad: de ningún modo me siento solo. Cada día recibo en las visitas programadas a los colaboradores más cercanos, empezando por el Secretario de Estado hasta la Congregación de ‘Propaganda Fide’, etcétera; veo además a todos los jefes de dicasterio con regularidad; cada día recibo a obispos en visita ‘ad Limina’ –recientemente a todos los obispos de Nigeria, uno tras otro; después a los de Argentina...-. Hemos celebrado dos Plenarias estos días: una de la Congregación para el Culto Divino; la otra de la Congregación para el Clero, y después coloquios amistosos; una red de amistad; también mis compañeros de Misa desde Alemania han venido recientemente por un día para charlar conmigo... Así que la soledad no es un problema; estoy realmente rodeado de amigos en una espléndida colaboración con obispos, con colaboradores, con laicos, y estoy agradecido por ello. Voy a África con gran alegría: amo África, tengo muchos amigos africanos desde la época en la que era profesor hasta ahora; amo la alegría de la fe, esta fe gozosa que se encuentra en África. Sabéis que el mandato del Señor para el sucesor de Pedro es “confirmar a los hermanos en la fe”: intento hacerlo. Pero estoy seguro de que regresaré yo mismo confirmado por los hermanos, contagiado –por así decirlo- de su gozosa fe.
P. Lombardi [en italiano]: La segunda pregunta es de John Thavis, responsable de la sección romana de la agencia de noticias católica de los Estados Unidos.
Pregunta [en italiano]: Santidad, usted viaja a África mientras está en marcha una crisis económica mundial que tiene sus repercusiones también en los países pobres. Además, África en ese momento debe afrontar una crisis alimentaria. Desearía preguntar tres cosas: ¿Tendrá eco esta situación en su viaje? Y ¿usted se dirigirá a la comunidad internacional para que se haga cargo de los problemas de África? En tercer lugar, ¿se hablará de estos problemas también en la Encíclica que está preparando?
Papa [en italiano]: Gracias por la pregunta. Naturalmente no voy a África con un programa político-económico, para el que me faltaría la competencia. Voy con un programa religioso, de fe, de moral, pero precisamente por esto es también una contribución esencial al problema de la crisis económica que vivimos en este momento. Todos sabemos que un elemento fundamental de la crisis es precisamente un déficit de ética en las estructuras económicas; se ha comprendido que la ética no es algo “fuera” de la economía, sino “dentro”, y que la economía no funciona si no conlleva el elemento ético. Por ello, hablando de Dios y hablando de los grandes valores espirituales que constituyen la vida cristiana, procuraré dar una contribución precisamente también para superar esta crisis, para renovar el sistema económico desde dentro, donde está el punto de la verdadera crisis. Y naturalmente haré un llamamiento a la solidaridad internacional: la Iglesia es católica, esto es, universal, abierta a todas las culturas, a todos los continentes; está presente en todos los sistemas políticos y así la solidaridad es un principio interno, fundamental para el catolicismo. Desearía dirigir naturalmente un llamamiento ante todo a la solidaridad católica misma, extendiéndolo sin embargo también a la solidaridad de todos los que contemplan su responsabilidad en la sociedad humana actual. Obviamente hablaré de esto también en la Encíclica: esto ha sido un motivo del retraso. Casi habíamos llegado a su publicación cuando se desencadenó esta crisis, y retomamos el texto para responder de manera más adecuada, en el ámbito de nuestras competencia, en el ámbito de la Doctrina Social de la Iglesia, pero con referencia a los elementos reales de la crisis actual. Así que espero que la Encíclica pueda ser también un elemento, una fuerza para superar la difícil situación actual.
P. Lombardi [en italiano]: Santidad, la tercera pregunta la presenta nuestra colega Isabelle de Gaulmyn, de "La Croix".
Pregunta [en italiano]: Très Saint Père, bon jour. Hago la pregunta en italiano, pero si amablemente pudiera responder en francés... El Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos ha pedido que el fuerte crecimiento cuantitativo de la Iglesia africana se transforme también en un crecimiento cualitativo. A veces se considera a los responsables de la Iglesia como a un grupo de ricos y privilegiados y sus comportamientos no son coherentes con el anuncio del Evangelio. ¿Invitará usted a la Iglesia en África a un compromiso de examen de conciencia y de purificación de sus estructuras?
Papa [en francés]: Intentaré, si es posible, hablar en francés. Tengo una visión muy positiva de la Iglesia en África: es una Iglesia muy cercana a los pobres, una Iglesia con los que sufren, con personas que necesitan ayuda. Me parece, por lo tanto, que la Iglesia es realmente una institución que todavía funciona -mientras que otras estructuras ya no funcionan-, y con su sistema de instrucción, de hospitales y de ayuda, en todas estas situaciones, está presente en el mundo de los pobres y de los que sufren. Naturalmente, el pecado original está presente también en la Iglesia. No existe una sociedad perfecta y por lo tanto hay pecadores y carencias en la Iglesia en Africa. Recordaría al respecto también la liturgia eucarística: se comienza siempre con una purificación de la conciencia y un nuevo inicio en la presencia del Señor. Diría que más que una purificación de las estructuras, que es en cualquier caso necesaria, lo que se necesita es una purificación de los corazones, porque las estructuras son el reflejo de los corazones. Nosotros hacemos lo posible por dar nueva fuerza a la espiritualidad, a la presencia de Dios en nuestro corazón, tanto para purificar las estructuras de la Iglesia como para ayudar a la purificación de las estructuras de la sociedad.
P. Lombardi [en italiano]: Ahora, una pregunta de la componente alemana de este grupo de periodistas: es Christa Kramer, que representa a “Sankt Ulrich Verlag”, quien hace la pregunta.
Pregunta [en italiano]: Heiliger Vater, gute Reise! El padre Lombardi me ha dicho que hable en italiano, así que hago la pregunta en italiano. Cuando usted se dirige a Europa, habla frecuentemente de un horizonte del que Dios parece desaparecer. En África no es así, sino que hay una presencia agresiva de las sectas, hay religiones tradicionales africanas. ¿Cuál es entonces la especificidad del mensaje de la Iglesia católica que usted quiere presentar en este contexto?
Papa [en italiano]: Veamos. Primero reconozcamos todos que en África el problema del ateísmo casi no se presenta, porque la realidad de Dios está tan presente, tan real en el corazón de los africanos, que no creer en Dios, vivir sin Dios, no parece una tentación. Es verdad que existen también los problemas de las sectas: nosotros no anunciamos, como hacen algunos de ellos, un Evangelio de prosperidad, sino un realismo cristiano; no anunciamos milagros, como algunos hacen, sino la sobriedad de la vida cristiana. Estamos convencidos de que toda esta sobriedad, este realismo que anuncia a un Dios que se ha hecho hombre, por lo tanto un Dios profundamente humano, un Dios que sufre también con nosotros, da un sentido a nuestro sufrimiento para un anuncio con un horizonte más amplio, que tiene más futuro. Y sabemos que estas sectas no son muy estables en su consistencia: en el momento puede hacer bien el anuncio de la prosperidad, de curaciones milagrosas, etc., pero después de un poco de tiempo se ve que la vida es difícil, que un Dios humano, un Dios que sufre con nosotros es más convincente, más auténtico y ofrece una ayuda mayor para la vida. Es importante, igualmente, que nosotros tengamos la estructura de la Iglesia católica. Anunciamos no un pequeño grupo que después de cierto tiempo se aísla y se pierde; sino que entramos en esta gran red universal de la catolicidad, no sólo trans-temporal, sino presente sobre todo como una gran red de amistad que nos une y nos ayuda también a superar el individualismo para llegar a esta unidad en la diversidad, que es la verdadera promesa.
P. Lombardi [en italiano]: Y ahora damos de nuevo la palabra a una voz francesa: es nuestro colega Philippe Visseyrias de “France 2”.
Pregunta [en italiano]: Santidad, entre los muchos males que atormentan a África, existe en particular el de la difusión del Sida. La postura de la Iglesia católica sobre el modo de luchar contra [la infección] se considera con frecuencia no realista y no eficaz. ¿Afrontará usted este tema durante el viaje? Très Saint Père, Vous serait-il possible de répondre en français à cette question?
Papa [en italiano]: Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficaz, más presente en el frente de la lucha contra el Sida, es precisamente la Iglesia católica con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la Comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida; en los Camilianos, en todas las religiosas que están a disposición de los enfermos... Diría que no se puede superar este problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no existe el alma, si los africanos no se ayudan, no se puede resolver el flagelo con la distribución de profilácticos: al contrario, el riesgo es que aumente el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble compromiso: el primero, una humanización de la sexualidad, esto es, una renovación espiritual y humana que lleve consigo un nuevo modo de comportarse el uno con el otro; y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo para las personas que sufren, la disponibilidad, incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son los factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por ello diría esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fortaleza espiritual y humana para un comportamiento justo respecto al propio cuerpo y al del otro, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer presente en las situaciones de prueba. Me parece que ésta es la respuesta justa, y es lo que la Iglesia hace y así ofrece una contribución grandísima e importante. Damos las gracias a cuantos lo hacen.
P. Lombardi [en italiano]: Y ahora una última pregunta, que viene de Chile, porque somos muy internacionales: tenemos a la corresponsal de la televisión católica chilena entre nosotros. Y le damos la palabra para la última cuestión. María Burgos.
Pregunta [en italiano]: Gracias, padre Lombardi. Santidad, ¿qué signos de esperanza ve la Iglesia en el continente africano? Y ¿piensa usted que puede dirigir a África un mensaje de esperanza?
Papa [en italiano]: Nuestra fe es esperanza por definición: lo dice la Sagrada Escritura. Y por ello, quien lleva la fe está convencido de llevar también la esperanza. Me parece, a pesar de todos los problemas que conocemos bien, que existen grandes signos de esperanza. Nuevos gobiernos, nueva disponibilidad de colaboración, lucha contra la corrupción -¡un gran mal que debe ser superado!- y también la apertura de las religiones tradicionales a la fe cristiana, porque en las religiones tradicionales todos conocen a Dios, al único Dios, pero aparece un poco lejano. Esperan que se acerque. Es en el anuncio del Dios que se ha hecho Hombre donde aquellas se reconocen: Dios se ha acercado realmente. Además la Iglesia católica tiene mucho en común: digamos, el culto a los antepasados encuentra su respuesta en la comunión de los santos, en el purgatorio. Los santos no son sólo los que han sido canonizados, son todos nuestros muertos. Y así, en el cuerpo de Cristo, se realiza precisamente también cuanto intuía el culto a los antepasados. Y así sucesivamente. De tal forma existe un encuentro profundo que da realmente esperanza. Y crece también el diálogo interreligioso –he hablado ahora con más de la mitad de los obispos africanos, y las relaciones con los musulmanes, a pesar de los problemas que se pueden verificar, son muy prometedoras, según me han dicho-; el diálogo crece en el respeto recíproco y la colaboración en las responsabilidades éticas comunes. Y por lo demás crece también este sentido de catolicidad que ayuda a supera el tribalismo, uno de los grandes problemas, y brota de ahí la alegría de ser cristianos. Un problema de las religiones tradicionales es el miedo a los espíritus. Uno de los obispos africanos me ha dicho: uno realmente se ha convertido al cristianismo, se ha transformado en plenamente cristiano, cuando sabe que Cristo es realmente más fuerte. Ya no existe temor. Y también éste es un fenómeno en aumento. Así que diría que, con tantos elementos y problemas que no pueden faltar, crecen las fuerzas espirituales, económicas, humanas que nos dan esperanza, y desearía precisamente sacar a la luz estos elementos de esperanza.
P. Lombardi [en italiano]: Mil gracias, Santidad, por el tiempo que nos ha brindado, por las cosas que nos ha dicho. Es una óptima introducción para seguir su viaje con mucho entusiasmo. Nos esforzaremos de verdad para ampliar su mensaje a todo el continente y a todos nuestros lectores y audiencia. [Cope.es_Marta Lago]
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