“¿Qué puede hacer un niño por la misiones?”; ésta era la pregunta que se hacían los periodistas esta mañana, durante la rueda de prensa celebrada en el Consejo Diocesano de Misiones de Madrid para presentar la campaña de la Infancia Misionera 2012, cuya jornada mundial se celebrará en España el próximo domingo, 22 de enero.
El delegado episcopal de Misiones de Madrid, José María Calderón –que presentó la campaña- explicó que “lo primero que puede hacer un niño es rezar, porque las oraciones de los niños son escuchadas siempre”. Además, los niños ofrecen también pequeños sacrificios y limosnas por otros niños que en distintas partes del mundo viven en un permanente sacrifico por la ausencia de alimentos, medicinas, educación o falta de fe. Con este espíritu nació la Infancia Misionera, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, cuyo lema es “Los niños ayudan a los niños”. Pero, como recordó Calderón, más allá de la ayuda a la infancia necesitada, esta obra pontificia busca, a través del ejemplo de los misioneros, suscitar nuevas vocaciones a la misión, ya desde la infancia.
Para presentar la campaña de este año, que se celebra con el lema “Con los niños de América… hablamos de Jesús”, estuvieron presentes dos misioneros que trabajan con niños necesitados en América y África: la hermana María Jesús Hernando, superiora general de las Hermanas de los Santos Ángeles Custodios y el padre blanco Manu Osa.
La religiosa explicó la labor de acogida a menores que su congregación realiza en diversos países de Lationamérica, a través de la creación de auténticos “hogares”, que se forman acogiendo de 8 a 10 niñas de todas las edades, que llegan a estos auténticos refugios después de haber atravesado situaciones de extrema dureza. Por ejemplo, la misionera comentó cómo en Brasil o Argentina, muchas niñas llegan “al hogar” después de las redadas hechas por la policía en barrios “criminales” donde muchos padres son detenidos, o donde los “niños recién nacidos son tirados en la calle”. Lo más importante, según María Jesús, es “darles un hogar, y tratarles con mucho cariño y delicadeza, porque los niños vienen muy dañados física y psicológicamente”. Para las misioneras de los Santos Ángeles Custodios es una auténtica alegría ver cómo estos niños que no tenían ningún futuro van saliendo adelante.
La experiencia del misionero Manu Osa es en el Congo, pero da cuenta igualmente de las situaciones de extremo sufrimiento a las que se ven abocados muchos niños del mundo. En Kinshasa “hay más de 50.000 niños que viven en la calles y que se ganan la vida malamente, en contacto con el mundo de la delincuencia”. En Bukavu, este sacerdote ha constatado también el drama de los cientos de miles de refugiados que venían de Ruanda, más de la mitad de los cuales, eran niños, y donde muchas madres se prostituían para tener qué comer.
Tampoco se le ha evitado a este misionero tener que contemplar el drama de los niños soldados (hay unos 120.000 enrolados en las milicias o en ejércitos oficiales de los países); niños que no llegan a los 14 años y a los que ha visto empuñando un fusil; niños que “han tenido que matar tal vez a personas de sus propias familias para probar su fidelidad a la milicia”. Como dijo el misionero, este sufrimiento deja a los niños “totalmente desorientados, sufriendo pesadillas y en una situación de la que salen con mucha dificultad”. Durante los últimos 7 años, Manu ha comprobado –como la hermana María Jesús- la necesidad de crear “casas de acogida”, que como las ha llamado otro padre blanco, Santiago Rodríguez, son en realidad “comunidades y casas de vida”.