Alma noble, fiel servidor de los católicos en Seúl y del Papa en el Colegio cardenalicio: con estos términos Benedicto XVI ha expresado su dolor por el fallecimiento, esta mañana -en el hospital St. Mary en Gangnam-, del cardenal Stephen Kim Sou-hwan, arzobispo emérito de Seúl y primer coreano en recibir la púrpura. Tenía 87 años. “Profundamente entristecido” al conocer la noticia, el Santo Padre firma el telegrama de pésame enviado a la comunidad católica de toda Corea y en particular de Seúl en la persona de su arzobispo, el cardenal Nicholas Cheong Jinsuk.
Alma noble, fiel servidor de los católicos en Seúl y del Papa en el Colegio cardenalicio: con estos términos Benedicto XVI ha expresado su dolor por el fallecimiento, esta mañana -en el hospital St. Mary en Gangnam-, del cardenal Stephen Kim Sou-hwan, arzobispo emérito de Seúl y primer coreano en recibir la púrpura. Tenía 87 años. “Profundamente entristecido” al conocer la noticia, el Santo Padre firma el telegrama de pésame enviado a la comunidad católica de toda Corea y en particular de Seúl en la persona de su arzobispo, el cardenal Nicholas Cheong Jinsuk.
En su misiva, el Papa recuerda “con gratitud los largos años de fiel servicio del cardenal Kim a la comunidad católica de Seúl y sus muchos años de ayuda fiel” al propio pontífice “como miembro del Colegio cardenalicio”.
“Me uno a vosotros en oración para que Dios, Nuestro Padre Misericordioso, le conceda la recompensa de su labor y acoja su noble alma en la alegría y la paz del reino celestial”, asegura Benedicto XVI a los fieles coreanos.
Asimismo imparte su bendición apostólica –“como signo de consuelo y fortaleza en el Señor”- a todos los familiares del purpurado fallecido y a cuantos asistan a la solemne Eucaristía en sufragio por su alma.
Los funerales por el cardenal Stephen Kim Sou-hwan tendrán lugar, tras cinco días de luto, en la catedral de Seúl.
Originario de Taegu, Stephen Kim Sou-hwan fue ordenado sacerdote en 1951; obispo en 1966. Se le confió la archidiócesis de Seúl dos años después; renunció a su gobierno pastoral en 1998. El purpurado era conocido no sólo por haber asumido la guía de Seúl con sólo 46 años de edad; cuando Pablo VI le creó cardenal fue el purpurado más joven del mundo, aparte de que era el primer coreano en ser elevado a la dignidad cardenalicia. Y hasta hoy, era el cardenal más anciano.
En su edición vespertina –recién publicada-, el diario de la Santa Sede “L’Osservatore Romano” brinda una amplia biografía de este hijo de la Iglesia en Corea, el menor de ocho hermanos. La profesión de la fe católica en su familia se remontaba a dos generaciones. Su abuelo había sufrido el martirio en 1868 y su familia se vio obligada a trasladarse en diversas ocasiones, huyendo de las persecuciones. Su padre vendía cerámicas. Fuerte y enérgica, la madre de Stephen Kim Sou-hwan tuvo una influencia decisiva en su vida, en la que no faltaron pobreza y privaciones.
Ordenado sacerdote, ejerció su ministerio en Taegu, durante el difícil período de la guerra de Corea. En Japón estudió Filosofía. En cuanto se licenció, regresó a su país a hacerse cargo de la dirección del “Catholic Shilbo”, el diario católico de Taegu. Posteriormente fue enviado a Europa a completar su formación. Durante ocho años estudió en Alemania, especializándose en Ciencias Sociales. Al poco tiempo de su vuelta a casa, en 1966 fue nombrado obispo de Masan.
Designado por sus hermanos coreanos como su representante, monseñor Kim fue miembro del Sínodo de los Obispos e intervino en la congregación de 1967 con un significativo discurso sobre los seminarios, subrayando la escasez del clero y la dificultad de encontrar formadores. A los pocos días, el prelado habló con amplitud del problema no sólo jurídico, sino también pastoral, de los matrimonios mixtos, de particular importancia en los países de misión. Un año después monseñor Kim fue promovido arzobispo de Seúl, misión que llevó adelante durante tres décadas. Asimismo fue administrador apostólico de Pyong-yang (Corea del norte). Pablo VI le llamó a la púrpura en 1969.
Defensor de los derechos humanos y de la democracia, el cardenal Kim no quiso ser etiquetado así, advirtiendo que siempre le animaban finalidades muy distintas a las políticas.
Presidió en diversas ocasiones la Conferencia Episcopal coreana. Estuvo al frente de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia (FABC). Durante muchos años fue miembro del Consejo de la Secretaría general del Sínodo de los obispos. En este contexto, en la asamblea general de 1980, fue también significativa su intervención sobre “Amenazas a la vida familiar”.
Juan Pablo II fue acogido por el cardenal Kim en dos viajes a Seúl, en 1984 y en 1989. El purpurado coreano vino a Roma, en 2005, a pesar de su avanzada edad, para participar en las exequias del Papa Wojtyla.
La vida episcopal del cardenal Kim se caracterizó por el espíritu de la renovación conciliar en las estructuras diocesanas. Así perfiló su acción pastoral. Además intensificó notablemente la evangelización, en la que involucró en particular a los laicos. Prestó especial atención a la búsqueda del diálogo con los no cristianos y a la coordinación de los esfuerzos comunes en el ámbito caritativo y asistencial. Y, como se ha apuntado, fueron de gran valor sus declaraciones e iniciativas en defensa de los derechos humanos y de los trabajadores, en una situación política interna difícil entonces en Corea. [Cope.es_Marta Lago]