Jesús de las Heras, sacerdote y colaborador de la cadena COPE, presenta el crucifijo como signo de unidad y concordia, invitando a todos a reaccionar en contra de la normativa que pretenden regular las instituciones, para retirar los crucifijos de lugares públicos.
¡Alegre la mañana, amigos y amigas de la Cope! Una reciente e incomprensible sentencia del Tribunal de Derechos Humanos del Consejo de Europa estipuló que la presencia del crucifijo en las escuelas públicas restringe el derecho de los padres de educar a sus hijos según sus convicciones. Días después, Izquierda Unida y sus socios catalanes presentaban en el Congreso una enésima propuesta en esta misma línea.
El crucifijo es, sí, la señal del cristianismo, es un símbolo religioso. Pero su significación va mucho más allá. El crucifijo es un símbolo universal de acogida, de solidaridad, de amor, de perdón, de reconciliación, de paz. Los caminos de la humanidad -muy singularmente de Europa- están llenos de cruces. La cruz se ha pintado y se pinta, se ha labrado y se labra en talla con primor, con esplendor y con modestia. Da igual su apariencia porque ningún signo además es más fácil de hacer y de reproducir. La cruz se ha cincelado y se cincela en metales preciosos y en metales humildes. La cruz se ha cantado y se canta, se ha versificado y se versifica con las mejores y más inspiradas músicas y letras. La cruz se lleva junto al pecho y preside los rincones más entrañables del hogar. ¿Por qué relegarla, ocultarla y hasta proscribirla? ¿A quién y por qué molesta el crucifijo?
«El crucifijo no genera ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que diseminó por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres, hasta entonces ausente». Quien escribió estas palabras, hace veinte años, fue una militante del Partido Comunista Italiano. «El crucifijo representa a todos» porque «antes de Cristo nadie había dicho jamás que todos los hombres, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, judíos y no judíos, negros y blancos, son iguales y hermanos». El crucifijo es «símbolo de dignidad humana, de libertad y de distinción entre la Iglesia y el Estado. Donde no lo hay no hay distinción».
Por ello, debemos reaccionar. No podemos quedarnos inactivos, indiferentes o aletargados. Ni pueden los intereses de una minoría imponerse a los derechos de los demás. ¿Y como reaccionar? Con nuestro voto, con nuestra protesta, con nuestra manifestación clara ante la opinión pública de lo que es y significa el crucifijo. Así, por ejemplo, avalan al crucifijo las encuestas realizadas en Italia, según las cuales el 84% de la población se opone al dictamen de Estrasburgo. Y también podemos reaccionar secundando iniciativas como la ya puesta en marcha en agosto pasado por ECCLESIA Digital que mantiene en emergente red social de facebook una pionera campaña de apoyos a la cruz titulada «Sí al Crucifijo» y que cuenta ya con varios millares de adhesiones. Buenos días