En este II Domingo de Adviento, Jesús Luis Sacristán García, sacerdote y redactor del área religiosa, orienta su comentario matinal hacia la Preparación para la llegada del Mesías.
Buenos días a todos. Paz y Bien.
En el Evangelio de hoy, el ambiente se va preparando para la llegada del Mesías. El final de la espera va viendo la luz, pero no es en un ámbito de verdadera paz. Tiberio gobierna un Imperio Romano que quiere imponer sus falsos dioses y mitos en todo el mundo, chocando frontalmente con Palestina, habitada por los judíos que adoran al Dios Único y verdadero, Yavé. El que dio las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí, como preludio de la Fuerza del Cielo, a punto de manifestarse. Poncio Pilato, se encarga de controlar a los judíos, conviviendo con Herodes Antipas en el reparto de poder. Y unos guías religiosos, Anás y Caifás, responsables del Sanedrín y del culto al Señor, además de la administración del Templo que edificó Salomón y que es el mejor símbolo de la herencia de la Antigua Alianza. Ahí se ofrecen los sacrificios y holocaustos al Señor para que sea propicio a los hombres. Pero en medio de una aparente religiosidad, el pueblo está extenuado, expectante, porque espera el nacimiento del Salvador. Repite incesantemente: ¡Ven Señor, Jesús! Y lo sigue diciendo constantemente como Plegaria que haga que la s nubes rieguen al Justo. Un ambiente que nos recuerda la nuestro, preparado, aparentemente, con luces y guirnaldas de colores, pero olvidadizo con el Dulce Niño que viene a nosotros. Ambiente de aparente paz, que respira en el fondo serias amenazas de cultura de la muerte. Ambiente que nos invita a preparar el camino del Señor, siguiendo las indicaciones de Isaías en el Antiguo Testamento, y de Juan Bautista como Precursor del Reino de Dios que ya ha llegado.
En este Domingo II de Adviento, oramos con todas las radios cristianas europeas, diciendo: Dios Padre Todopoderoso, bajo la inspiración del Espíritu Santo, te pedimos que renueves a todos los pueblos cristianos de Europa y otras partes del mundo, para que se preparen al verdadero sentido de la Fiesta de Navidad. Que huyan del sentido profano que diluye el verdadero significado del Nacimiento de Cristo, Hijo Tuyo, para que amanezca la luz como la aurora en el mundo.