En palabras de Fernández Sánchez Dragó, "hay que demoler el Estado autonómico". A muchos les parecerá una postura propia de un talibán de la derecha, pero aún dejando a un lado el amor patrio, supondría una bocanada de aire fresco en un ambiente enviciado por la corrupción de nuestra clase política.
Porque cuando se otorga un amplio margen de autonomía a unos gobiernos distintos del central, éstos se aíslan y por consiguiente, campan a sus anchas en el campo de la corrupción, lucrándose como si lo hiciesen en la clandestinidad. Esta es el razón sine qua non los hombres de buena voluntad exigirán a Rajoy y Zapatero que lleguen a un acuerdo de Estado en aras de poner coto al problema.
Lo dicho no es fruto de una idea peregrina que ronda por mi cabeza, sino de los hechos que se han puesto de manifiesto hace recientemente poco y que seguramente, continúen sucediéndose en la misma línea. Así pues, para todos aquellos que deseen proteger su bolsillo de las arcas de lo que San Agustín denominaba "una banda de ladrones", gritemos juntos: ¡¡No al Estado de las Autonomías!!.