Remontándonos a eras pretéritas, en concreto al siglo IV, la madre Historia vuelve a cimentar una base empírica para las mentes humanas y de este modo, inculcarnos una lección edificante para nutrir de buenos alimentos a nuestro devenir. Ya se sumió la magnánima Roma en el abismo a manos de la decadencia, pues no iba a ser menos el pueblo madrileño de Pozuelo de Alarcón.
Las fiestas paganas a la romana vuelven y además, con aires de furia, haciendo a la juventud pasar de la copa a la piromanía y el vandalismo. Nuestra civilización está siendo sacudida por un seísmo insaciable de nihilismo, trayendo consigo una crisis de valores capaces de arrasar con las normas fundamentales de la urbanidad y la compostura.
Los poderes públicos, los padres de las criaturas-maduras como bebés de cuna- y el resto de los ciudadanos de a pie hemos sido sorprendidos por el comportamiento adoptado por la juventud en su noche de fiesta. Sin embargo, lamentarse sólo sirve para entretenerse arreglando el mundo en la cola de la fruta y por consiguiente, considero pertinente incluir la siguiente cita de Julián Marías: ?Lo que más me inquieta es que en España todos se preguntan: ¿qué va a pasar? Casi nadie se pregunta: ¿¿Qué vamos a hacer??