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Manuel Cruz
Periodista
 

El atentado de Alejandría: una revelación que da escalofríos

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09-02-11 02:06

Días antes de la rebelión de los jóvenes egipcios se produjo el atentado contra la Iglesia de Todos los Santos en Alejandría que costó la vida a 53 cristianos y causó decenas de heridos. Como se recordará, entre la conmoción generalizada que causó esta matanza, atribuida inmediatamente a la organización terrorista “Al Qaida”, se elevó la voz del Papa quien reclamó de las autoridades egipcias, después de rechazar todo tipo de violencia, la protección debida a la minoría cristiana.

De manera asombrosa, el Gran Mufti de la Universidad de Al Azhar, acusó a Benedicto XVI su “injerencia” en los asuntos internos de Egipto y, pocos días después, para mayor asombro aún, el Gobierno de Hosni Mubarak decidió llamar a consultas a su embajadora ante el Vaticano haciendo así visible la ruptura del diálogo religioso promovido por la Santa Sede. A los pocos días se producía la rebelión de Al Tahrir, sin aparente conexión con los hechos ocurridos en Alejandría pero que consiguió unir a musulmanes y cristianos en una sola voz para derribar la dictadura de Mubarak.

Aunque el “rais” se mantiene aún en el poder, las manifestaciones espontáneas de la juventud egipcia le han obligado a cesar a buena parte de su Gobierno. Entre los ministros destituidos estaba el de Interior, Habib El Adly, el hombre responsable desde hacía años, de todo el aparato represivo puesto en marcha por la dictadura. Pues bien, la cadena de televisión por satélite “Al Arabiya”, que tiene su sede en Arabia Saudita –donde se ha refugiado el ex presidente tunecino Ben Ali- difundió ayer una información escalofriante pero perfectamente verosímil dado el estado de excepción en que vive Egipto desde hace treinta años: ese tal El Adly podría haber sido el instigador del atentado de Alejandría dentro de la estrategia diseñada por los servicios egipcios de inteligencia para mantener al país en una permanente tensión y justificar así la política represiva que le ha valido el apoyo permanente de Estados Unidos y Europa.

Según esta información de la cadena árabe, que cita fuentes diplomáticas británicas, el tal Adly dirigía una organización secreta compuesta por 22 oficiales de la Policía, que utilizaba fanáticos islamistas y traficantes de drogas para cometer actos de sabotaje en todo el país cada vez que el régimen tuviese dificultades… Pues bien, dentro de esta estrategia, que ya no resulta ningún secreto para nadie, y según revela también “Le Monde Diplomatique”, el Gobierno de Mubarak no ha dudado en estimular las divisiones entre coptos y musulmanes para poder presentarse ante el mundo, como una garantía de estabilidad. Se entiende así que Mubarak haya llegado a la semi-ruptura de relaciones con el Vaticano al sentirse “ofendido” por la sospecha de que no protegía como debía a la minoría cristiana.
 
Prueba añadida de que esto ha podido ser así es que, como todo el mundo ha podido comprobar en directo, en estos días de manifestaciones en la plaza cairota de Al Tahrir, cristianos y musulmanes han rezado juntos sin que se registrase el más mínimo incidente. “¡Todos somos egipcios!” era el clamor de los jóvenes que pedían la marcha de Mubarak, responsable último de todos los desafueros cometidos en los últimos treinta años y de los que ha sido víctima todo un pueblo atemorizado. Lo que casi nunca se ha dicho es que este régimen represivo, que ha buscado como principal víctima a los Hermanos Musulmanes, ha contado con la complicidad de los dirigentes religiosos de Al Azhar –que, por cierto, siguen en silencio los acontecimientos-  además de las grandes democracias occidentales que han caído en las coartadas de un régimen “amigo”.

Nada de esto quiere decir que no exista un terrorismo islamista genuino, que se ampara en la manipulación del Corán para islamizar al mundo, empezando por los propios musulmanes, acusados de “contaminarse” con las ideas occidentales. Y que “Al Qaida” está a la espera de su gran oportunidad para desestabilizar todo el Norte de Africa y el Cercano Oriente. Pero este ha sido el gran pretexto, desde hace décadas, -en especial desde el comienzo de la guerra civil argelina en 1990, tras la victoria del Frente Islámico de Salvación en las primeras elecciones libres- para que la mayoría de los regímenes árabes hayan impuesto la represión de las libertades democráticas al tiempo que se han refugiado en un Islam “oficial”, avalado por los “ulemas” o doctores de la ley islámica, como fuente de legitimidad.
Lo dramático de todo esto es que no hace falta que nadie desmienta las sospechas que recaen ahora sobre el destituido ministro del Interior egipcio. Puede que no sea así y ojala no lo sea. Pero en un sistema donde la ausencia de libertad es la nota distintiva, todo es verosímil.


Línea Editorial COPE
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