
Se ha puesto de moda el concepto de laico, pero comoconcepto indeterminado o muchas veces como arma arrojadizafrente a la convicción o creencia religiosa.
Curiosamente el concepto de laico, en sus avatareshistóricos, tiene una fuerte carga cristiana a través del Derechocanónico. Si todos los miembros de la Iglesia son fieles por elbautismo, los laicos son aquellos fieles, la mayor parte de la Iglesia,que están llamados a santificar las realidades terrenas con suejemplo, la vida familiar y social, impregnando de espíritu cristianoel trabajo y buscando sin exclusivismos con todos los hombres lassoluciones sociales, políticas, económicas acordes con la dignidaddel hombre y el respeto de la Ley de Dios. Sartori manteníarecientemente que la democracia civil no tiene que ver con ladoctrina de la Iglesia, pero el análisis de muchos valoresdemocráticos tiene un profundo aroma cristiano: la igualdad, laequidad, el concepto de soberanía, los derechos del hombre,especialmente la libertad religiosa, la dignidad de la mujer, elDerecho penal, el de familia, el valor de los compromisos al margende su forma externa, la intrínseca justicia de la ley noprocedimental, etc. Se puede decir que son valores cristianos que sehan hecho civiles en su evolución histórica y cultural.En cuanto a nuestra Constitución, el concepto laico noaparece por ninguna parte, por ello no parece justo denominar al Estado como laico sin más explicaciones.
El diseño de nuestra Carta magna de acuerdo con los arts. 14 y sobre todo del 16 en materiareligiosa es el siguiente. Se reconoce el derecho de libertad religiosacon generosidad para los individuos y los grupos religiosos, sin máslímite que el orden público previsto por la ley. El Estado no tienereligión propia, es aconfesional, pero los poderes públicos secomprometen a tener en cuenta las creencias religiosas de lasociedad española y mantener las consiguientes relaciones decooperación con la Iglesia católica y las demás confesionesreligiosas. Ese es el marco completo del tratamiento religioso enEspaña. El profesor Viladrich en los años 80 desarrolló el conceptode laicidad del Estado, entendiendo por tal que el Estado no escompetente en materias religiosas en cuanto tales, que la Fe es librede Estado, que por supuesto el Estado ni es ateo, ni agnóstico, niconfesional, ni concurre, ni compite, ni sustituye al ciudadano en sucreencia religiosa. Por ello la laicidad significa que el Estado encuanto tal es Estado y se relaciona con el hecho religioso y lasconfesiones a través del Derecho en su repercusión social y jurídica.Esto lleva a concluir que el Estado no puede ser agresivo, hostil,laicista frente a la religión. Cosa diferente sería equiparar Estado ysociedad, la sociedad mantiene sus creencias que deben ser tenidasen cuenta por los poderes públicos y reguladas por acuerdos con lasconfesiones religiosas (en España con la Iglesia católica y, por elmomento, con musulmanes, judíos y protestantes).
Otro equívoco, a mi entender, es el contraponer laico aconfesional o religioso, de tal modo que si eres creyente o cuentascon tus convicciones religiosas, ya no eres laico. Laico lo es elcreyente y el no creyente, porque ambos son ciudadanos en plenaigualdad, ni más ni menos. Por tanto, personalmente no renuncio aser laico. Otro malentendido no casual, quien domina las palabrasdomina, es pensar que el pensamiento del creyente determina sudiscurso académico, político, científico; y en cambio el pensamiento"laico" es neutro, científico, objetivo, no sometido más que a larazón. Nada más lejos de la realidad, el pensamiento "laico" estálleno de ideología, concepciones del hombre y la sociedad y enalgunas ocasiones, imbuido de su aparente neutralidad, puedeintentar imponerse como un laicismo confesional.Por otra parte, quiero poner de relieve que la mayor parte delos países de nuestro entorno y nadie duda de su pedigreedemocrático son confesionales: Inglaterra, Alemania(biconfesional), Suecia, Dinamarca, Grecia. Es sólo un dato, inclusola laica Francia no lo es tanto, cuando se elige Presidente de la República se celebra con un Te Deum en la Catedral de París.