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PANTALLA GRANDE

La crítica de los estrenos de cine del viernes 27 de enero

OCIO. Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “Popieluszko: La libertad está entre nosotros”, “Aquello que amamos”, “J. Edgar”, “Albert Nobbs”, “Arrugas”, “Bajo amenaza”, “Underworld. El despertar”, “El monje” e “Ibiza Occidente”.

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J.J.M./J.O. - 27-01-12

La crítica cinematográfica en La Linterna por Jerónimo José Martín, presentador junto a Juan Orellana de Pantalla Grande:

Popieluszko: La libertad está en nosotros (Popieluszko – Wolnosc jest w nas) **** (8). La película polaca “Popieluszko, la libertad está en nosotros”, dirigida por Rafal Wieczynski en 2009, no es sólo una historia épica sobre la vida y martirio del padre Jerzy Popieluszko, sacerdote diocesano brutalmente asesinado por la policía comunista en octubre de 1984, sino que también es un reflejo del pueblo polaco, y especialmente de la Iglesia y del movimiento Solidaridad. La película, vista ya por casi millón y medio de personas en Polonia, es un monumento a la memoria histórica, en la línea de cintas como “Katyn” o “La vida de los otros”. Su aire documental no le resta fuerza narrativa, sino que contribuye a dare veracidad a la historia. Cronológicamente, la cinta arranca con el primer viaje de Juan Pablo II a Polonia en 1979, un acontecimiento extraordinario que conmocionó al pueblo polaco, duramente reprimido bajo un implacable régimen comunista prosoviético. El guión subraya continuamente los aspectos sacerdotales de Popieluszko (Adam Woronowicz), al que nunca se le muestra como un agitador político, sino como un pastor, y eso sí, también un patriota. El filme va recorriendo distintos episodios, hasta llegar a octubre de 1984, cuando es secuestrado y asesinado. Las últimas palabras que se oyen son las de Juan Pablo II proclamando el martirio de Popieluszko. Un rótulo nos recuerda que fue beatificado en 2010. Es muy notable que el Cardenal Glemp haya accedido a representar su propio papel en la película, precisamente para reparar un apoyo que el propio prelado reconoce que fue escaso por su parte. Pero no es el único que se representa a sí mismo en el filme. A pesar de su corte algo televisivo, esta película es un monumento a la memoria histórica europea. J. O.

Aquello que amamos (Wszystko, co kocham) ** (5,5). Polonia, primavera de 1981. En una ciudad costera vive Janek (Mateusz Kosciukiewicz), de 18 años, hijo de un liberal capitán de la marina y líder de una banda de punk-rock vigilada por los comisarios comunistas por sus letras reivindicativas. Junto a la música, el otro gran amor de Janek es Basia (Olga Frycz), cuyo padre es miembro activo del sindicato Solidaridad. Las huelgas masivas organizadas por Solidaridad en toda Polonia llevan al gobierno a imponer la ley marcial, lo que marca dramáticamente la vida de Janek y Basia. Muy bien rodada e interpretada, esta película del actor y director polaco Jacek Borcuch (“Kallafiorr”, “Tulipany”) critica la tiranía comunista en Polonia desde las posiciones más ácratas y menos religiosas del sindicato Solidaridad, y con un tono nostálgico y melodramático similar al empleado por el italiano Marco Tullio Giordana en su excelente miniserie televisiva “La mejor juventud”. Pero estas cualidades se debilitan gravemente por las explícitas concesiones sexuales que incluye la película en su descripción del despertar sentimental de los protagonistas, que denotan una superficial visión hedonista de la vida. J. J. M.

J. Edgar *** (7). Clint Eastwood (Invictus, Gran Torino) continúa dando el do de pecho, independientemente del palo que toque. Ahora le ha llegado el turno a un extraño biopic sobre John Edgar Hoover, el fundador del FBI, que estuvo al frente del mismo durante 48 años. Se trata de un personaje muy complejo, que acaparó mucha información sobre altos cargos y, por tanto, mucho poder. Hoover era un hombre de claroscuros, presuntamente homosexual y un feroz anticomunista. El perfil ideal para caer en las manos de Eastwood. Con una interpretación asombrosa de Leonardo di Caprio, magníficamente caracterizado, Clint Eastwood nos dibuja un inquietante retrato de Hoover, como un hombre de ideas claras y fijas, pero con una dependencia de su madre que recuerda a las películas de Hitchcock. El cineasta da por sentada su homosexualidad, y en general no da una imagen muy presentable del Superpolicía. Aunque se hace entrañable por su vida de trabajo intenso y convicciones arraigadas, al final vemos a un hombre radicalizado y delirante en sus maniobras persecutorias. La película es fría, al estilo de su director, pero absorbe al espectador. La dirección artística resulta deslumbrante, y el trabajo actoral —completado con Naomi Watts, Judi Dench y Armie Hammer— es admirable. Una vez más, Eastwood —aquí ayudado por el guión de Dustin Lance Black— consigue hacer un filme denso e interesante, y no carente de perplejidad moral. J. O.

Albert Nobbs ** (5). Albert Nobbs es el camarero jefe de un hotel irlandés en la segunda mitad del siglo XIX. Su discreción y recato son sus señas de identidad. Debido a un imprevisto, la dueña del Hotel, Mrs. Baker, le ordena una noche compartir el lecho con un albañil, Mr. Page. Esa noche, Page descubre un asombroso secreto: Albert Nobbs es una mujer. Albert le suplica que no le delate, y entre ambos personajes empezará una amistad que despertará en Nobbs nuevas esperanzas. El guión de este filme, redactado por Glenn Close y por el escritor irlandés John Banville, está basado en un relato corto del novelista y dramaturgo irlandés George Moore. El relato ha conocido versiones teatrales, como la que protagonizó Glenn Close a principio de los ochenta. En la película actual, treinta años después, la actriz de Connecticut, además de producir la cinta, vuelve a vestirse de hombre en un contexto cultural mucho más radical. El director Rodrigo García —hijo del escritor Gabriel García Márquez—, en sus anteriores películas —“Cosas que diría con sólo mirarla”, “Nueve vidas”, “Madres e hijas”— había tratado los temas de la mujer, el aborto y la soledad, siempre de una manera tan interesante como ambigua. Ahora vuelve a esos mismos temas pero con matices importantes, que transmiten propuestas de ideología de género. Feminismo y lesbianismo se entrelazan en el contexto de la crítica a una sociedad machista, intolerante e hipócrita. Aunque quizá el tema más profundo del filme es el de la soledad. La película viste una dirección artística magnífica, pero lo más brillante es la interpretación de Glenn Close, madre y ejecutora de este proyecto hecho a su medida. A pesar de tener momentos muy conseguidos, la película padece un ritmo irregular, con tramos aburridos, y tiene un cierto tono folletinesco, que distancia emocionalmente al espectador. J. O.

Arrugas *** (7). Emilio y Miguel son dos ancianos ingresados en un geriátrico. Emilio acaba de llegar a la residencia, con un alzheimer incipiente. Y allí será ayudado por el pícaro Miguel y otros compañeros con el fin de no acabar en la planta superior, el temido piso de “los asistidos”, que así llaman a los desahuciados. Su alocado plan tiñe de comedia y ternura el tedioso día a día de la residencia. Basado en la aclamada historieta gráfica de Paco Roca —Premio Nacional de Cómic 2008—, este largometraje de animación 2D se ha colado entre los finalistas a los premios Annie —los más prestigiosos de los dibujos animados—, y entre los 18 finalistas previos a las nominaciones para el Oscar. Lo mejor del filme es su guión, que adapta al universo de la animación una tragicomedia emotiva y entrañable en torno a la amistad, la vejez, el alzheimer, los cuidados paliativos y la muerte. Hay algún apunte grosero en torno al sexo, y la religión brilla por su ausencia, lo que resta un poco de veracidad a la trama. Pero la película nunca pierde su tono positivo y esperanzador. Por su parte, el debutante Ignacio Ferreras traduce el cómic en imágenes a través de una animación 2D muy limitada en cuanto a fondos y movimientos de personajes; pero la disimula hábilmente a través de un montaje riguroso y de unos primeros planos muy expresivos. En todo caso, “Arrugas” es una propuesta original y sabrosa, que abre nuevos caminos argumentales y estilísticos al cine de animación español. J. J. M.

Bajo amenaza (Trespass) ** (5,5). Aunque él está poco en casa, la arquitecta Sarah (Nicole Kidman) y el tratante de diamantes Kyle (Nicolas Cage) forman un matrimonio feliz y adinerado, que vive en una lujosa mansión con Avery (Liana Liberato), su inteligente y rebelde hija adolescente. Hasta que una noche, cuatro ladrones (Ben Mendelsohn, Cam Gigandet, Jordana Spiro, Dash Mihok) irrumpen violentamente en la casa con la intención de llevarse todo lo que puedan. Desde ese momento, Kyle usará toda su pericia negociadora para intentar salvar sus posesiones y las propias vidas de su familia. La primera mitad de este intenso thriller de Joel Schumacher (“Un día de furia”, “El cliente”, “Batman Forever”, “Veronica Guerin”, “El fantasma de la ópera”) se parece sospechosamente a la película “Secuestrados”, del español Miguel Ángel Vivas, que no consta en créditos como inspiradora del guión de Karl Gajdusek. Habrá que investigar esta conexión. En todo caso, el filme del septuagenario cineasta neoyorquino está bastante peor rodado que el del joven director español, y discurre en su segunda mitad por senderos más convencionales, complacientes y a ratos, inverosímiles. Eso sí, ambas películas comparten una violencia brutal, a menudo desagradable, así como una cierta superficialidad al desarrollar los conflictos dramáticos de los personajes. El estelar reparto de Schumacher da la talla, y logra mantener el interés del espectador, pero sin despertar demasiadas emociones con su convencional retrato de las típicas relaciones familiares conflictivas. Y, desde luego, no eleva en ningún momento la película de su asumida condición de cine de género para el consumo masivo. Al menos el filme de Vivas conmovía mucho más, aunque sólo fuera como impactante ejercicio de estilo. J. J. M.

Underworld: El despertar (Underworld: Awakening) ** (5,5). Tras derrotar a Marcus, Vampiro Mayor, la vampira Selene (Kate Beckinsale) y su novio Michael Corvin (Scott Speedman), híbrido entre humano y licántropo, asisten impotentes al exterminio de vampiros y licántropos por parte de la raza humana, que ha decidido erradicar ambas especies. Selene es capturada durante el genocidio, y despierta doce años después encerrada en el laboratorio de Antigen, una empresa donde el Dr. Jacob Lane (Stephen Rea) se dedica a crear la vacuna para eliminar el gen que ha creado a unos y a otros. Tras escapar del lugar, Selene se une al joven vampiro David (Theo James) y a la misteriosa vampira adolescente Eve (India Eisley) para intentar encontrar a otros de su especie, y luchar unidos contra los humanos y los licántropos. Pronto comprueban que los hombres-lobo han ganado poder. Dos años después de debutar en el cine con “La sombra de los otros”, los realizadores suecos Måns Mårlind y Björn Stein dirigen “Underworld: El despertar”, cuarta entrega de la popular franquicia de terror, iniciada hace diez años por el californiano Len Wiseman, director de las dos primeras aventuras, y que aquí se reserva el papel de productor. El filme revitaliza la saga al imponer un ritmo trepidante, casi sin respiros, y al afrontar algún conflicto dramático de interés, como los peligros del cientificismo sin ética o la maternidad y la paternidad heridas. De todas formas, no vuela demasiado alto esta impactante y bien coreografiada sucesión de peleas violentísimas y sangrientos efectos estereoscópicos, que sólo entusiasmará a los incondicionales de la franquicia y del género. J. J. M.

El monje (Le moine) * (4). En la España del siglo XVII, el popular monje capuchino Ambrosio (Vincent Cassel), piadoso e inteligente, se deja llevar por las tentaciones, sobre todo sexuales, e inicia una degradación moral cada vez más acentuada. El detonante es la llegada al convento como novicio del hermano Valerio (Déborah François), que oculta su rostro desfigurado tras una máscara. El francés de origen alemán Dominik Moll (“Harry, un amigo que os quiere”) dirige esta aburrida versión de la tópica y sórdida novela gótica del londinense Matthew Gregory Lewis, escrita en 1796. La efectista puesta en escena de Moll tiene vigor visual; pero no logra salvar unas interpretaciones muy histriónicas y, sobre todo, una visión muy tétrica de la religión católica, y muy superficial de la acción de diablo en el mundo. J. J. M.

Ibiza Occidente * (3,5). Tras los notables “El Paraíso de Hafner” y “Arena”, el cineasta austriaco Günter Schwaiger falla con su nuevo documental, “Ibiza Occidente”. En él, ofrece una visión parcial e idealizada de la vida discotequera en Ibiza, demasiado complaciente con su cóctel hedonista de sexo, drogas, alcohol y música electrónica. Se incluye algún apunte interesante sobre la vida cotidiana en la isla balear o sobre los dramas íntimos de los disck-jockeys y artistas entrevistados. Pero enseguida es sepultado por un mareante combinado de música estridente, bailes desenfrenados y sexualidad explícita, presentado como modelo de libertad frente a todas las tiranías antiguas y actuales. Demasiado. J. J. M.

 

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Cartel de la película polaca Popieluszko, la libertad está en nosotros

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