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TOROS LAS VENTAS

Grata impresión de Téllez y vuelta de paisanaje para Ochoa en Madrid

Javier López

  • Agencia EFE

Javier López

El novillero Ángel Téllez dejó hoy una grata impresión en la tarde de su presentación en Las Ventas, en la que Carlos Ochoa dio una solitaria vuelta al ruedo, premio de poco peso a tenor de los méritos contraídos durante la faena.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos de Fuente Ymbro, bien presentados y de juego variado. Destacaron los manejables segundo y sexto, y, sobre todo, el buen quinto, aplaudido en el arrastre. Noblotes y mansurrones, el resto.

Jorge Isiegas, de azul noche y oro: bajonazo (silencio tras aviso); y casi entera muy baja y atravesada (ovación).

Carlos Ochoa, de azul celeste y oro: pinchazo y estocada fulminante (vuelta al ruedo tras petición insuficiente); y dos pinchazos, media desprendida y descabello (silencio tras aviso).

Ángel Téllez, de verde hoja y oro: estocada desprendida (ovación tras aviso); y pinchazo y estocada tendida (ovación tras dos avisos).

En la enfermería fue intervenido el banderillero Jesús Montes de: "cornada en tercio inferior, cara interna del muslo izquierdo con dos trayectorias: Una hacia atrás de 15 centímetros que alcanza cara posterior, fémur, y contunde nervio ciático y arteria poplítea; y otra hacia arriba de 15 centímetros que produce destrozos en fascia lata, vasto interno e isquiotibiales. Pronóstico menos grave".

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del rejoneador Ángel Peralta, fallecido ayer en Sevilla a los 93 años de edad.

La plaza registró algo más de un cuarto de entrada (6.577 espectadores, según la empresa) en tarde gélida.

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UN FOGONAZO EN EL ÁRTICO

El frío se adueñó de Madrid por el mes de abril. Una temperatura gélida, insufrible para aguantar las casi dos horas y media que duró el espectáculo de hoy en Las Ventas, en el que hubo que esperar al final para vivir lo que, a la postre, fue lo mejor la función.

Fue la faena del debutante Ángel Téllez al sexto, labor que, sin ser tampoco de triunfo grande, ni mucho menos, al menos dejó en la retina del aficionado un concepto, unas cualidades que hacen atisbar en él un futuro prometedor. Le falta rodaje, sí, adquirir mayor oficio, también, pero cuidado con él cuando lleve quince o veinte novilladas más a sus espaldas. Fue un fogonazo en el ártico.

Porque tiene el toreo bueno metido en la cabeza. Lo demostró con ese sexto novillo, al que toreó con aplomo y buen gusto en una primera parte de faena de corte vertical, tratando siempre de engancharlo (al novillo) por delante para llevarlo por abajo y escupirlo detrás de la cintura.

Esa es la teoría que el madrileño busca poner en práctica. Otra cosa es que le falte todavía para exhibirla en todo su esplendor. Pero la idea no puede ser mejor. Luego también tiene firmeza de plantas, y valor, mucho valor, para aguantar parones y acabar resolviendo con notable suficiencia en la distancia corta con el animal ya venido a menos.

Quede dicho que todo esto debe pulirlo. El tiempo y los paseíllos que haga será cruciales para coger ese oficio que necesita y desenvolverse con más soltura tanto con el bueno como con el malo, pues con el tercero, al que le faltó más clase y entrega, no pasó de correcto en una labor un tanto fría, de esas que no llegan a despegar por mucho que insistiera.

Lo preocupante, en cambio, fue lo de Carlos Ochoa, que debió estar mucho mejor con el lote más propicio de una novillada muy toreable en líneas generales de Fuente Ymbro.

Pero no. Ochoa no acabó de aprovechar ni al bonancible segundo ni al buen quinto. Todo lo que les hizo a ambos fue por las periferias, sin hondura, sin reunirse en ningún momento con ellos. Es verdad que tiene cosas buenas este novillero, sobre todo un gran sentido del temple y un larguísimo trazo del muletazo; pero hay que reunirse más con los astados y no abusar tanto del hilo del pitón en los cites.

Es verdad que en su primero le pidieron la oreja, y que dio al final una vuelta al ruedo que tampoco tuvo el valor de este tipo de recompensas en la primera plaza del mundo, pero es mejor, en estos casos, decirle las cosas a las claras para que corrija cuanto antes y pueda poner en alza las virtudes que tiene su toreo.

A Isiegas, en cambio, le tocó bailar con la más fea, con un primero manso y distraído, que cobró la primera cornada de la temporada a Madrid al subalterno Jesús Montes cuando trataba de resguardarse en el burladero. El animal le hizo presa justo en la tronera, levantándole de muy feas formas y mandándole directamente a la cama.

El aragonés no pasó de los detalles sueltos en éste, como tampoco pudo pasar de dispuesto con un cuarto que enseguida se apagó. Una lástima, pues se le esperaba con ganas después de la gran impresión dejada el año pasado en este mismo ruedo.

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