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VALENCIA

Ginés Marín puso la vida que no tuvieron los 'juampedros'

Con una corrida descastada y floja de Juan Pedro Domecq con la que Ginés Marín salió a hombros tras cortar dos orejas. Oreja al empaque y a la zurda de Cayetano.

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  | Ginés Marín en su salida a hombros este sábado de la plaza de toros de Valencia. | EFE
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Tan acostumbrados estamos a ver a los toros de Juan Pedro Domecq en los carteles de Fallas como después a lamentar su falta de raza y juego en el coso valenciano. Los siete toros que asomaron por chiqueros del hierro ducal fueron un muestrario de mansedumbre y flojedad que en otra plaza hubieran desesperaron al más pintado. No en Valencia, donde la fiesta se vive en toda su dimensión y donde nadie pierde la esperanza y se jalea lo bueno y lo menos bueno.

Quien aprovechó los mínimos resquicios de su lote fue Ginés Marín. Los jóvenes siguen siendo los grandes protagonistas de estas Fallas y el jerezano no desaprovechó su inclusión en uno de los carteles estrella de esta feria. Este triunfo le pone en el camino de conquistar un puesto puntero en esta temporada. Cualidades no le faltan.

El primero de su lote, cómodo de cabeza, fue muy cuidado en los primeros tercios. Los dos puyazos fueron un simple picotazo. Ginés dejó vislumbrar con él el torero que puede llegar a ser. Faena inteligente, preñada de gusto, medida en estos tiempos de trasteos interminables. Comenzó la faena haciendo todo a favor del toro, aplicando el temple preciso. A derechas hubo limpieza y buenas formas. Sin embargo, la faena tomó vuelo en una tanda al natural. Empaque, gusto, todo muy acinturado. La siguiente serie por el mismo pitón mantuvo el nivel. Como el cierre por doblones. La estocada en el sitio pero el toro se amorcilló antes de caer. La oreja de peso pese a todo.

El sexto lució el hierro de Parladé, más cuajado, pero que se comportó como el resto de sus hermanos del hierro titular de la casa. Ginés volvió a mostrarse despejado de mente, muy por encima de la condición del astado y sabiendo buscar la tecla de la conexión con el tendido pese a que la falta de fondo del toro no permitía que la faena tuviese estructura y argumentos. Las bernadinas finales fueron la medicina exacta para que se elevase el diapasón de la intensidad y la estocada arriba terminó de convencer a los tendidos. Se pidió y se concedió la oreja que abría la puerta grande.

Tardó mucho el palco en asomar el pañuelo verde para devolver al primer toro de Juan Pedro. El animal había quedado muy lastrado en fortaleza tras una fuerte voltereta sufrida en los primeros tercios. Por chiqueros asomó después un mostrenco de más de seiscientos cuarenta kilos que también dio con su anatomía sobre el ruedo valenciano en otro fuerte volantín. El toro, que tampoco estaba sobrado de raza, embistió de forma pastueña siempre a media altura. Labor fácil de Ponce, muy medida en la exigencia y correcta en las formas. Pero aquello nunca rompió.

El cuarto tuvo más corpulencia que seriedad por delante. Lo que no tuvo fue cualquier cualidad relacionada con la bravura. Un buey de carretas. Ponce, muy gesticulador y quejoso por lo que tenía delante, se estrelló de bruces ante semejante astado. Con media lengua fuera y con una embestida mortecina, el toro dio más pena que miedo. Lo liquidó de una estocada habilidosa cuando comprobó que el paciente público de su tierra le recriminaba que alargase la faena sin mucho sentido.

Con el segundo de la tarde se demostró que el palco de Valencia, sea quien sea quien lo presida, es una ruina. El toro de Juan Pedro había evidenciado una clamorosa falta de fuerzas. Más que el devuelto en primer lugar. Sin embargo, la falta de criterio del usía hizo que asomase el pañuelo blanco para cambiar el tercio de varas. Con los subalternos ya con los palos y fruto de la presión y protestas de los tendidos, se decidió la devolución del inválido. Cayetano, que se había ido a la puerta de chiqueros para recibir al toro sustituído, tuvo pocas opciones con el sobrero de Vegahermosa. Toro sin raza que siempre tendió a meterse por dentro. Lo intentó por ambos pitones el torero pero se fue rápido tras de la espada al comprobar que las opciones de lucimiento eran nulas.

Tampoco estuvo sobrado de fuerzas el quinto. Los dos encuentros con el caballo apenas hicieron sangre sobre el lomo del toro. Cayetano tiró de raza y temple para ir levantando una faena de buena composición, que no tuvo ligazón por la condición del astado. Hubo naturales muy bien trazados y resueltos. El menor de los Rivera Ordóñez no se quería ir de vacío de Valencia y aseguró la oreja con una estocada en el rincón del abuelo Ordóñez.

FICHA DEL FESTEJO 

Valencia, sábado 18 de marzo de 2017. 8ª de Feria. Casi lleno.

Cuatro toros de Juan Pedro Domecq, el primero como sobrero, y uno de Parladé (6º), de muy desiguales hechuras. Conjunto manso, descastado, flojo y a menos en el último tercio. Otro sobrero de Vegahermosa (2º bis), terciado y de juego descastado y complicado.

Enrique Ponce, saludos y silencio.

Cayetano, silencio y oreja tras aviso.

Ginés Marín, oreja tras aviso y oreja.

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