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'LA TARDE'

"Al principio me dijeron que estaba herido, y ya pregunté directamente: '¿Está muerto?' y me dijeron que sí"

25 años después de la Guerra de Yugoslavia hablamos con la viuda de uno de los soldados españoles fallecidos

 

Fue el 11 de mayo de 1993. Carmen, una joven de 26 años recibe una llamada telefónica. Espera escuchar la voz de su marido, destinado en el teniente Francisco Jesús Aguilardestinado en la Guerra de Yugoslavia. Pero quien le habla al otro lado de la línea no es Jesús: “Llegué a casa a las 9 de la noche y recibí una llamada para preguntarme si estaba disponible para que me visitara el coronel del tercio, su jefe. Me lo plantearon como una visita de rutina”.

Como ha explicado en 'La Tarde', nada más comenzar la visita, Carmen se da cuenta de que algo no marcha bien. La actitud de su interlocutor no es la de una visita de rutina: “Para ellos debió ser un trago tan duro que no sabían cómo afrontarlo. Van pasando los minutos y empiezo a percibir que algo no va bien. Entonces le pregunto al coronel si la visita no es de cortesía”.

En ese momento, el coronel no tiene más remedio que reconocer la situación: “Al principio me contaron que estaba herido, que estaba mal, y entonces pregunté directamente: ‘¿Está muerto?’ y ya me dijeron que sí”.

Jesús estaba cruzando el puente de Mostar, en Bosnia, como parte de una columna de cascos azules de la ONU, cuando la bala de un francotirador atravesó su cuello, arrancándole la vida de golpe.

“Al principio me contaron que estaba herido, que estaba mal, y entonces pregunté directamente: ‘¿Está muerto?’ y ya me dijeron que sí”

Mientras el coronel contaba a Carmen lo que había sucedido, volvió a sonar el teléfono. Esta vez era su suegra, la madre de Jesús: “En ese momento, tuve que tragarme toda mi pena y decirle que todo estaba bien, que estuviera tranquila. Cuando colgué, me derrumbé, llamé a mis cuñadas, el coronel les explicó la situación, y ya pudieron darle la noticia con un abrazo”.

Han pasado 25 años y Carmen se ha sobrepuesto a la tragedia de perder a su marido a una edad tan temprana. A lo largo de los años ha vivido con el consuelo de que Jesús murió defendiendo la paz: “Me reconforta saber que él fue feliz desarrollando su vocación y que cumplió con su deber. Eso me da mucha paz”.

Un círculo de paz que ha cerrado entregando a los compañeros de su marido la medalla que recibió por su sacrificio: “Mi suegra la tuvo durante años como un símbolo de la entrega de su hijo. Cuando ella falleció, yo la atesoré durante años. Pero ahora he decidido entregarla a su unidad para que puedan sentirse orgullosos de todo lo que consiguió Jesús con su sacrificio”.

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