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GRECIA REFUGIADOS (Previsión)

Sevilla recibe como héroes a los bomberos de Lesbos

Todos volverán a ser voluntarios de Proem-AID

Escucha a Manuel Blanco, uno de los bomberos de Lesbos
  • EFE

Entre aplausos, abrazos, pancartas y gritos de "salvar vidas no es delito" han recibido en Sevilla familiares y compañeros a los tres bomberos juzgados y absueltos el lunes en Lesbos por tráfico de personas cuando realizaban labores de rescate humanitario, que han vuelto a casa como héroes.

Un recibimiento ante el que Manuel Blanco, Julio Latorre y José Enrique Rodríguez han reconocido sentirse abrumados y pese al cansancio del viaje, la tensión vivida durante "800 días" desde su detención el 14 de enero de 2016 hasta la celebración del juicio el pasado lunes y la atención mediática que han concitado, todo han sido sonrisas y amabilidad para atender a los periodistas concentrados y personas anónimas que se acercaban a saludarlos.

En sus palabras, dos mensajes siempre claros: que el problema que les llevó a la isla griega de Lesbos hace dos años a ofrecer sus conocimientos en salvamento marítimo sigue ahí y no quieren que se olvide y que están deseando volver a ayudar tras permanecer dos años sin intervenir en las misiones de su ONG Proem-AID por consejo legal del abogado que les ha representado en el juicio.

"Fuimos a un lugar donde morían ahogados hombres, mujeres y niños. Ahora mismo estamos aquí felices pero el motivo por el que fuimos sigue ahí y seguimos condenados a salvar vidas, queremos seguir siendo las manos en el mar de todas aquellas personas que quieren evitar que mueran personas cuando huyen", han sido algunas de las primas primeras palabras de Manuel Blanco al pisar la estación de trenes de Santa Justa.

De hecho, tras el juicio celebrado el lunes en Mitilene, la capital de Lesbos -la sentencia absolutoria se conoció sobre la marcha-, los tres han visitado campos de refugiados de la isla y un vertedero con cientos de miles de restos de chalecos salvavidas y lanchas de refugiados que perdieron la vida intentando alcanzar la costa griega desde Turquía porque faltaron manos como las de Manuel, Julio y Quique para salvarles. Como agridulce ha calificado Quique sus sensaciones: "volver allí" y ver que "el problema continúa, siguen llegando personas, descansamos nosotros pero el problema que nos llevó allí a nosotros continúa".

Por eso todos tienen claro que "sin duda" volverán como voluntarios de Proem-AID allí donde sea necesaria su experiencia en rescate humanitario (tras Lesbos la ONG trasladó sus misiones a Libia al aumentar el flujo de refugiados en esta zona).

"Esto ha sido un mal bache, ya está superado y a liarnos otra vez la manta a la cabeza", describe gráficamente Julio Latorre, para quien el juicio fue "un mal trago" por el "duro" y "quisquilloso" interrogatorio de la fiscal, que les acusaba de un delito de tráfico de personas en grado de tentativa castigado con hasta diez años de cárcel en Grecia.

Un juicio en el que estuvieron acompañados por el cónsul español, la consejera andaluza de Justicia Rosa Aguilar, que declaró a su favor como testigo, una delegación del Parlamento andaluz y representantes del Ayuntamiento de Sevilla, además de sus parejas. Para todos ellos y para "tantas personas anónimas que nos han apoyado" ha tenido palabras de agradecimiento Manuel Blanco, que defiende que la sentencia que les ha absuelto "viene bien no sólo para nosotros, se estaba penalizando la solidaridad, se estaba intentando criminalizar la ayuda humanitaria, esta sentencia demuestra que salvar vidas no es delito".

Hasta la estación de Santa Justa se han desplazado, con uniforme de bombero o las camisetas naranjas de Proem-AID, compañeros de los cuerpos de bomberos de la Diputación y el Ayuntamiento de Sevilla a los que pertenecen, con pancartas de "Bienvenido a casa" o "Manuel felicidades por tu victoria". Pero también familiares de los tres, como la madre de Quique, que se debate entre el orgullo que siente por su hijo y el "pellizco" de saber que en cuanto pueda regresará a salvar vidas al Mediterráneo pese a la preocupación que han pasado en este tiempo.

La familia de sangre y la del cuerpo -también activistas de ONG de apoyo a los migrantes que los conocen desde hace tiempo- han querido recibir a Manuel, Julio y Quique como héroes, pese a que ellos rechazan ese calificativo y sólo quieren que el foco mediático que ahora concitan sirva para que no se olvide el drama de miles de personas que huyen de guerras y conflictos y a los que la UE les está cerrando las puertas.

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