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Pedro Sánchez lleva al límite su apego al “plasma”

El presidente del Gobierno ha pasado página, ha enterrado a Máxim Huerta y ha querido evitar el contacto con los periodistas

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Màxim Huerta ha sido definitivamente enterrado y olvidado. Al menos, para el Gobierno. El propio Pedro Sánchez llegó a poner un mensaje en Twitter en el que elogió la solvencia y creatividad como gestor cultural de José Guirao y eludió dedicar siquiera una fugaz mención al ministro saliente, chamuscado por sus pasados problemas con el fisco.

Al día siguiente de una docena de horas vertiginosas que convirtieron a Huerta en el titular de una cartera más breve de la Democracia, el presidente del Gobierno ha tenido en agenda la visita al Palacio de La Moncloa del primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, con únicamente “cobertura para gráficos”. En ningún caso, habría comparecencia conjunta de los mandatarios.

Las novedades, no obstante, han llegado cuando La Moncloa ha trasladado que Varadkar había pedido usar las instalaciones para ofrecer una rueda de prensa a los periodistas irlandeses y, según han incidido fuentes oficiales, “solo a medios de su país”. Ése era el deseo. Lo cierto es que Sánchez ha roto con los usos y costumbre de compartir una comparecencia con un invitado, más aún si éste ha evidenciado su clara intención de someterse a las preguntas de los plumillas.

Evidentemente, Pedro Sánchez ha querido evitar el contacto con los periodistas. El presidente del Gobierno lleva sin someterse a las preguntas desde el pasado 25 de mayo cuando, en su única condición de secretario general del PSOE, anunció desde Ferraz su moción de censura contra Mariano Rajoy, 24 horas después de conocerse el fallo del caso Gürtel. Desde entonces, Sánchez ha echado mano de la modalidad de comparecencia del tipo “plasma”, también para anunciar su Consejo de Ministros, evitando de ese modo las preguntas de la prensa.

Con su política de distanciamiento de los medios de comunicación, Sánchez se ha evitado dar ningún tipo de explicación sobre la selección del Gabinete. Tampoco ha declarado nada del caído Màxim Huerta, el nombramiento que se reservó para anunciarlo él mismo de viva voz, y que pasó por dos veces por La Moncloa durante la crisis que desencadenó su cese. El presidente del Gobierno se resistió a cortar la cabeza a pesar de las presiones para que echase ya a Huerta.

Entre los más persuasivos ante Pedro Sánchez, según distintas versiones, la vicepresidenta, Carmen Calvo, y el titular de Fomento, José Luis Ábalos. En todo caso, el punto de inflexión, el giro que sentenció a Màxim Huerta, fue el viejo vídeo de Sánchez con unas declaraciones mostrándose contundente contra cualquiera que hubiera tenido una sociedad interpuesta para pagar menos al fisco. Desde ese momento, quedó claro que Huerta debía irse.

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