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Audiencia del miércoles, 22 de febrero de 2017

Francisco pide oraciones por los frutos de su Pastoreo de la Iglesia Universal

Papa Francisco. Foto: Reuters.
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Miles de peregrinos han estado desde primeras horas de la mañana en la Plaza de San Pedro, en Roma, para asistir a la audiencia y catequesis del Papa Francisco, en este miércoles, 22 de febrero, día señalado, ya que se celebra la Fiesta de la Cátedra del Apóstol San Pedro, festividad que se remonta ya al siglo IV. El Sumo Pontífice ha continuados con sus disertaciones sobre la esperanza, hoy centrada en el Capítulo 8 de la Carta de San Pablo a los Romanos, donde presenta la Huella de Dios en la Creación en clave esperanzadora: Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Muchas veces estamos tentados en pensar que la creación sea nuestra propiedad, una posesión que podemos explotar a nuestro agrado y del cual no debemos dar cuenta a nadie. En el pasaje de la Carta a los Romanos (8,19-27) del cual hemos apenas escuchado una parte, el Apóstol Pablo nos recuerda en cambio que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en relación con Él y podamos reconocer la huella de su designio de amor, a cuya realización estamos llamados todos a colaborar, día a día. Pero cuando se deja llevar por el egoísmo, el ser humano termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas. Y así ha sucedido también con la creación. Pensemos en el agua. El agua es una cosa bellísima y muy importante; el agua nos da la vida, nos ayuda en todo. Pero para explotar los minerales se contamina el agua, se ensucia la creación y se destruye la creación. Este es sólo un ejemplo. Existen otros. Con la experiencia trágica del pecado, rota la comunión con Dios, hemos infringido la originaria comunión con todo aquello que nos rodea y hemos terminado por corromper la creación, haciéndola así esclava, sometida a nuestra caducidad. Y lamentablemente la consecuencia de todo esto está dramáticamente ante nuestros ojos, cada día. Cuando rompe la comunión con Dios, el hombre pierde su propia belleza originaria y termina por desfigurar alrededor de sí cada cosa; y donde todo antes hablaba del Padre Creador y de su amor infinito, ahora lleva el signo triste y desolado del orgullo y de la voracidad humana. El orgullo humano explotando la creación, destruye. Pero el Señor no nos deja solos y también ante este escenario desolador nos ofrece una perspectiva nueva de liberación, de salvación universal. Es aquello lo que Pablo pone en evidencia con alegría, invitándonos a poner atención a los gemidos de la entera creación. Los gemidos de la entera creación… Expresión fuerte. Si ponemos atención, de hecho, alrededor nuestro todo clama: clama la misma creación, clamamos nosotros los seres humanos y clama el Espíritu dentro de nosotros, en nuestro corazón. Ahora, estos clamores no son un lamento estéril, desconsolado, sino – como precisa el Apóstol – son los gemidos de una parturiente; son los gemidos de quien sufre, pero sabe que está por venir a la luz una nueva vida. Y en nuestro caso es de verdad así. Nosotros estamos todavía luchando con las consecuencias de nuestro pecado y todo, alrededor nuestro, lleva todavía el signo de nuestras debilidades, de nuestras faltas, de nuestras cerrazones. Pero, al mismo tiempo, sabemos de haber sido salvados por el Señor y ya se nos es dado contemplar y pregustar en nosotros y en lo que nos rodea los signos de la Resurrección, de la Pascua, que opera una nueva creación. Este es el contenido de nuestra esperanza. El cristiano no vive fuera del mundo, sabe reconocer en la propia vida y en lo que lo circunda los signos del mal, del egoísmo y del pecado. Es solidario con quien sufre, con quien llora, con quien es marginado, con quien se siente desesperado… Pero, al mismo tiempo, el cristiano ha aprendido a leer todo esto con los ojos de la Pascua, con los ojos del Cristo Resucitado. Y entonces sabe que estamos viviendo el tiempo de la espera, el tiempo de un deseo que va más allá del presente, el tiempo del cumplimiento. En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillados y todo los que el hombre ha deformado en su impiedad, y que de este modo Él regenerará un mundo nuevo y una humanidad nueva, finalmente reconciliada en su amor. Cuantas veces nosotros cristianos estamos tentados por la desilusión, por el pesimismo… A veces nos dejamos llevar por el lamento inútil, o quizás nos quedamos sin palabras y no sabemos ni siquiera que cosa pedir, que cosa esperar… Pero todavía una vez más viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, respiro de nuestra esperanza, el cual mantiene vivo el clamor y la espera de nuestro corazón. El Espíritu ve por nosotros más allá de las apariencias negativas del presente y nos revela ya ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que el señor está preparando para la humanidad. Gracias. Posteriormente ha hecho un resumen de su alocución y un breve saludo en los principales idiomas, tras el cual ha llamado al la oración y el apoyo de países que sufrne persecuciones y guerras, con especial hincapié en Sudán del Sur: Ante el agravamiento de la crisis humanitaria y alimentaria, sumada al conflicto que sufre la población de Sudán del Sur, el Papa Francisco dirigió su apremiante llamamiento: «Despiertan particular preocupación las dolorosas noticias que llegan del atormentado Sudán del Sur, donde a un conflicto fratricida se une una grave crisis alimentaria que afecta a la Región del Cuerno de África y que condena a la muerte por hambre a millones de personas, entre ellos a muchos niños.  En este momento, es más necesario que nunca el compromiso de todos a no quedarse sólo en declaraciones, sino a hacer que sean concretas las ayudas alimentarias  y a permitir que puedan llegar a las poblaciones que sufren. El Señor sostenga a estos nuestros hermanos y a cuantos obran para ayudarlos» «Que el Espíritu Santo guíe a cada uno de ustedes, por los caminos de sus vidas y los fortalezca en la esperanza», deseó el Papa Francisco a los peregrinos de tantas partes del mundo que acudieron a su audiencia general. Invocando asimismo sobre todos «misericordia y paz» y rogando al Señor «que estos dones puedan ayudar a cuidar la Creación y a cuidarse los unos a los otros». En el día en que la Iglesia universal celebra la Cátedra de Pedro, su Sucesor, el Papa Francisco pidió que se le acompañe en su ministerio con la oración Éstas fueron sus palabras de bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados: «Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol, día de especial comunión de los creyentes con el Sucesor de  Pedro y con la Santa Sede. Queridos jóvenes, los aliento a intensificar su oración en favor de mi ministerio petrino; queridos enfermos, les agradezco por su testimonio de vida ofrecido en el sufrimiento por la edificación de la comunidad eclesial; y ustedes, queridos recién casados, construyan su familia sobre el mismo amor que enlaza al Señor Jesús con su Iglesia». Un recuerdo especial de Nuestra Señora de Fátima, en las palabras del Papa - que peregrinará el 12 y 13 de mayo a Fátima -  a los peregrinos de lengua alemana: «En este año en que celebramos el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, encomendémonos a María, Madre de la esperanza, que nos invita a dirigir la mirada hacia la salvación, hacia un mundo nuevo y una humanidad nueva»

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