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ÁNGELUS DEL DOMINGO, 9 DE JULIO DE 2017

Francisco invita descansar en verano de las tareas con la mirada en Cristo

Miles de peregrinos han acudido esta mediodía a la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus con el Papa Francisco. El Pontífice, que se encuentra en periodo de descanso estival, ha interrumpido sus catequesis de los miércoles, pero no lo ha hecho con el Ángelus que fiel a la hora le reza y dirie unas palabras como e shabitual a todos los peregrinos congregados. En este Domingo 9 de julio y XIV del Tiempo Ordinario, el Santo Padre ha reflexionado sobre el Evangelio del día en el que Cristo invita a cargar con su yugo que es llevadero:

Pope Francis waves as he leads the Angelus prayer in...
Pope Francis waves as he leads the Angelus prayer in Saint Peters Square at the Vatican July 9, 2017.  REUTERS/Max Rossi

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«Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días!

En el Evangelio de hoy, Jesús dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mt 11, 28). El Señor no reserva esa frase a alguno de sus amigos, no. La dirige a ‘todos’ aquellos que están cansados y agobiados por la vida. Y ¿quién puede sentirse excluido de esta invitación? El Señor sabe cuán pesada puede ser la vida. Sabe que muchas cosas fatigan el corazón: desilusiones y heridas del pasado, cargas que hay que llevar y perjuicios que hay que soportar en el presente, incertidumbres y preocupaciones para el futuro.

Ante todo ello, la primera palabra de Jesús es una invitación; una invitación a moverse y reaccionar: ‘Vengan’. La equivocación, cuando las cosas van mal, es la de permanecer allí donde se está. Parece evidente, pero ¡qué difícil es reaccionar y abrirse! No es fácil. En los momentos oscuros es natural estar consigo mismo, rumiar sobre cuán injusta es la vida, sobre cuán ingratos son los demás y qué malo es el mundo, y otras cosas así… Todos lo sabemos. Algunas veces hemos sufrido esta experiencia fea, pero así, ensimismados en nosotros mismos, vemos todo negro. Entonces se llega incluso a familiarizar con la tristeza, que se arraiga, aquella tristeza nos postra. Qué cosa fea es esta tristeza. En vez, Jesús quiere sacarnos de esas ‘tierras movedizas’ y por ello le dice a  cada uno: ‘¡Ven!’ - ¿Quién? ¡Tú, tú, tú! El camino para salir está en la relación, en el tender la mano y levantar la mirada hacia quien nos ama de verdad.

En efecto, salir de sí mismo no basta, hay que saber dónde ir. Porque tantas metas son ilusorias: prometen alivio y distraen solamente un poco, aseguran paz y dan diversión, dejando luego en la soledad de antes, son ‘fuegos artificiales’. Por ello, Jesús indica dónde ir: ‘Vengan a mí’, así dice Jesús. Tantas veces ante un peso de la vida o ante una situación que nos aflige, intentamos hablar con alguien que nos escuche, con un amigo, con un experto… Es un gran bien, ¡pero no olvidemos a Jesús! No nos olvidemos de abrirnos a Él y de contarle nuestra  vida, de encomendarle a las personas y las situaciones. Quizá haya ‘zonas’ de nuestra vida que nunca le abrimos a Él y que han permanecido oscuras, porque nunca han visto la luz del Señor. Cada uno de nosotros tiene su propia historia. Y si alguien tiene esta zona oscura, busquen a Jesús, vayan adonde un misionero de la misericordia, vayan a donde un sacerdote, vayan… Pero vayan a Jesús y cuéntenle eso a Jesús.

Hoy, él nos dice a cada uno: ¡Ánimo, no te rindas ante los pesos de la vida, no te encierres ante los miedos y los pecados, sino ven a mí!’

Él nos espera, nos espera siempre, no para resolvernos mágicamente los problemas, sino para fortalecernos en nuestros problemas. Jesús no nos quita los pesos de la vida, sino la angustia del corazón; no nos quita la cruz, sino que la lleva con nosotros. Y, con Él, todo peso se vuelve ligero (Cfr 30), porque Él es el descanso que buscamos. Cuando en la vida entra Jesús, llega la paz, aquella que permanece aún en las pruebas, en los sufrimientos. Vayamos a Jesús, démosle nuestro tiempo, encontrémoslo cada día en la oración, en un diálogo confiado y personal; familiaricemos con su Palabra, redescubramos sin miedo su perdón, saciémonos con su Pan de vida: nos sentiremos amados y nos sentiremos consolados por Él.

Es Él mismo el que nos lo pide, casi insistiendo. Lo repite nuevamente al final del Evangelio de hoy: ‘Aprendan de mí… y encontrarán descanso para vuestra vida» (29). Aprendamos a ir a Jesús y, mientras, en los meses de verano buscamos un poco de reposo de lo que fatiga el cuerpo, no olvidemos encontrar el descanso verdadero en el Señor. Que nos ayude en esto la Virgen María nuestra Madre, que siempre nos cuida cuando estamos cansados y oprimidos y nos acompaña a Jesús»

Saludos del Papa al final del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de varios Países. Son muy valientes al estar aquí, en la Plaza, con este calor. ¡Valientes! Saludo de manera particular a los fieles polacos venidos en bicicleta desde Chełm, arquidiócesis de Lublin (Polonia), con un recuerdo también para la gran peregrinación que la Familia polaca de Radio María realiza hoy al Santuario de Częstochowa.  Acompañemos todos juntos esta peregrinación del pueblo polaco con un Ave María…

Acojo con alegría a las Hermanas Siervas de la Beata Virgen Inmaculada y bendigo los trabajos de su Capítulo General, que empieza hoy; así como también a los sacerdotes de diversos Países participantes en el curso para formadores de seminario organizado por el Instituto Sacerdos de Roma.

Un saludo especial a los chicos del Coro “Puzangalan” – que significa “esperanza” – de Taiwán. ¡Gracias por su canto! Y también al Coro Alpino de Palazzolo sull’Oglio; y a los fieles de Conversano.

Deseo a todos un buen domingo y, por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!