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Siria: las mil preguntas que todavía no tienen respuesta

Manuel Cruz

Explicar lo que está pasando en Siria, requiere la respuesta de muchas preguntas. Yno todo tienen fácil explicación. En primer lugar: ¿Se puede permitir el régimen de Bachar el Asad lanzar un ataque con armas químicas cuando es plenamente consciente de que sería traspasar una “línea roja” que no consentiría la comunidad Internaciolal?

Supongamos que sí: se podía permitir ese “lujo” de matar civiles casi impunemente y de la forma más atroz. ¿Qué pretendía con ello? ¿Aterrorizar aún más a la población civil administrada por los “rebeldes” que pretenden derrocarlo desde hace seis años? Puede que sí, aunque tampoco le hacía falta porque, en términos militares, Asad casi había ganado la guerra con la ayuda de Rusia e Irán. ¿Se trataría entonces de un gesto de indisciplina dentro de los “ultras” del propio ejército sirio como muestra de su cansancio de la guerra?

Dejemos de lado la respuesta porque, en realidad, nada se mueve en territorio dominado por Asad sin que lo sepa el sátrapa de Damasco. ¿Entonces, pretendía Asad pone a prueba al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el asesintimiento de Rusia? Aquí hay un factor que requiere cierta atención. Trump ya había acusado a su antecesor Barak Obama no solo de inacción en Siria sino de proteger a unos “rebeldes” que no sabía quiénes son en realidad. Ello explicaría que dejara sin respuesta el primer ataque con armas químicas desencadenado por Asad en 2013… Sin embargo, algo hizo Obama: después de amenazar a Asad, povocó la destrucción de este tipo de armas bajo supervisión internacional, además de evitar una escalada ebn la guerra en un momentyo en que el papa Francisco había pedido que el mundo se unicera en una ocasión por la paz. Y, ruriosamente, todas esas armas se destruyeron y permitieron un avance en las negociaciones de Ginebra y Astana. ¿Habia quedado un resto sin control…?

Ahora, con todos los poderes en sus manos y con la opinión internacional en contra, Trump ha cambiado radicalmente de postura. Ya no se plantea quienes son esos “rebeldes”, que de sobra son conocidos por los servicios de inteligencia norteamericanos. Pero ha visto una ocasión para “redimirse” ante esa opinión adversa que se mannifestaba dentro y fuera de los Estados Unidos. Y entonces se ha tenido que hacer un planteamiento simple: si todo el mundo cree que ha sido Asad el autor de los ataques químicos en la provincia “rebelde” de Idlib; si en realidad se ha vuelto a traspasar una línea roja que ha salpicado de sangre la conciencia internacional, ha llegado la hora de intervenir militarmente para castigar a ese dictador que está siendo ayudado por Putin y Rohani. Y, encima, le amenaza con intervenir de nuevo.

Y aquí surge una pregunta definitiva: ¿Tiene Trump un plan propio para acbaar con la guerra siria? Si ha ayudado a los rebeldes de forma tan contundente será por algo, no solo para convertirse en el “castigador” del asesino Asad. Porque, dejemonos de elucubraciones: o se cierra la caja de Pandora que es Siria o el mal de la guerra se extenderá mucho más aún.

Ahora bien: parecía –solo parecía- que Trump estaba dispuesto a negociar con Putin la forma de luchar conjuntamente contra el Daesh, que tiene sus ramificaciones en Siria. ¿Qué ha cambiado para que alhora los hipotéticos aliados se estén insultando en la sede de las Naciones Unidas cuyos miembros, por cierto, asisten imponentes desde hace seis años ante la tragedia? Aquí entran nuevas especulaciones. O Trump se ha desengañado de Putin –que amenaza con “repercusiones graves” del ataque de los “Tomahawk”- o prepara un nuevo Yalta para repartirse las zonas de influencia… o más peligroso aún, pretende “oficializar” una nueva “guerra fría”?

Cómo ven, hay muchas preguntas sin una respuesta explicita, sobre todo porque a ellas se añade la improvisasión de que está haciendo gala Trump. Una cosa parece segura, sin embargo: la intervención de los cruceros norteamericanos en los ataques contra la base aérea siria, tendrá que ser seguida de otra iniciativa, ya sea bélica, ya diplomática. De momento, Trump se ha ganado el apoyo internacional, especialmente de los propios árabes y…de los “rebeldes” sirios, que han encontrado el oxígeno que esperaban para proseguir la guerra, ayudados por cierto por Arabia Saudita y Qatar. La pregunta final la dejo para saber algo más de estos “rebeldes”.

Divididos en varios grupos, no constituyen un auténtico ejército. Unos están apoyados por los turcos para que, a su vez, combatan contra los kurdos. Otros recibnem directamente armas y dinero de los saudíes y otros son simpatizantes de “Al Qaída” asi como del “Daesh”, razón por lo cual Asad ha declarado que Estados Unidos estaban apoyando ahora al terrorismo islamista.

Parecía que las largas negociaciones de paz y de Ginebra habían avanzado mucho más de lo que se pensaba en los últimos meses y, sobre todo los que patrocinaba Rusia e Irán en Astana. Se había logrado un alto el fuego (nunca respetado, es verdad) y parecía que Asad había sido el triunfador. Ahora se ha convertido en el traidor. Y, sin embargo, la paz en Siria no puede alcanzarse sin contar con él.

La disyuntiva sobre el futuro de Siria sigue siendo: con ASsad o sin Asad. Y me atrevo a adelantar: Asad no se va a rendir nunca; se siente víctima de los últimos escarceos de la “primavera árabe” a la que rechazó con la dureza habitual de su sistema baasista. Un sistema, recordemos, nacido de la “guerra fría” que tan caliente se volvió apenas la ONU decretó la partición de Palestina en 1947 y se alumbró l Estado de Israel que, desde primer momento, aspiró a quedarse con toda la tierra, lo que consiguió de hecho en la “guerra de los seis días”. A ver: que lo arregle Trump, podría acabar uno con ironía, porque los europeos bastante tenemos con tratar de colocar a los refugiados.

Por cierto: ¿saben donde vivien los sirios supervivientes de la guerra? Se lo digo: de los 23 millones que vivían –en paz- antes de la guerra, 10 millones de encuentran en las zonas dominadas por Damasco, 2 millones se encuentran en la zona kurda, otros 2 millones están con los “rebeldes”, l,5 millones están dominados por el “Daesh” y más de cinco millones están en el exilio: Líbano, Jordania, Turquía, Europa… Y el país está destruído en más de un 50 por ciento. Sin contar a los muertos y heridos, más de medio millón. ¿Cuándo empezó a delimitarse la “línea roja”?

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