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Mohamed Talbi, el azote del Islam “oficial”

Manuel Cruz

Probablemente, el nombre de Mohamed Talbi no diga nada para la inmensa mayoría de lo españoles. Sin embargo, en estos tiempo de diabolición interesada del Islam, el profesor e historiador Talbi, fallecido estos días a los 96 años en Túnez, su tierra natal, debería aparecer como referencia obligada en muchos de los comentarios que se hacen –a vuela pluma, por desgracia- sobre esa angustiosa amenaza que representa el “yihadismo”. Talbi, digámoslo de entrada, era un pensador heterodoxo del Islam, azote de cuantos se consideraban autoridades religiosas oficiales islámicas, pero, eso sí, un musulmán de una pieza.

Solía decir que quien no se sintiera identificado con el Corán, debería dejar el Islam y buscarse otra religión. Es decir, Talbi era partidario de una plena libertad religiosa, de la apostasía sincera, y del “ijtihad”, esa fórmula casi por completo olvidada en el seno del mundo islámico y que significa “esfuerzo interior” para interpretar el Corán de acuerdo con las realidades que ofrece la evolución de la historia.

Dicho de otra manera, Talbi no se identificaba ni con la enseñanza tradicional islámica ni con los postulados de “Al Azhar”, ese faro cairota de la “inteligencia” coránica, recientemente visitado por el Papa Francisco. Es decir, Talbi era un pensador controvertido aunque muy respetado dentro y fuera de su país, con una libertad de espíritu que le hacía afirmar que el Islam nació “laico” y que la “charía” la ley islámica que los fanáticos quieren aplicar en todo el mundo, era un invento de los hombres.

Más aún: afirmaba que el Estado ni tiene autoridad alguna para inmiscuirse en los asuntos religiosos, toda una “herejía” que contradice el uso y abuso del Islam por parte de los gobernantes de los países musulmanes. Recordaba a este efecto, uno de los preceptos coránicos más conocidos en Occidente y menos practicado por lo musulmanes: “Nadie puede ejercer coacción alguna en materia de religión”.

En resumidas cuentas, el pensamiento de Talbi resultaba demasiado incómodo para los gobernantes y para los que creen tener alguna autoridad en materia coránica, llámense ulemas o maestros de escuela, a los que invitaba a practicar un Islam de amor y de paz... en consonancia con la libertad de conciencia.

En fin, Talbi era una rara avis en el mundo islámico, al que nunca quiso renunciar porque su fe en el Corán no admitía dudas… por muchas críticas que recibiera. Para Talbi, entre otras cosas, no existía pecado de apostasía –por cierto, materia de pena de muerte en Arabia Saudita- y, por supuesto, se podía beber vino siempre que fuese con moderación, porque lo que las Escrituras condenan es la embriaguez. En fin, este hombre que era especialista en Ibn Jaldun, otro tunecino considerado como el más grande historiador árabe, padre de la ciencia moderna y uno de los grandes liberales medievales del mundo islámico, ha muerto dejando tras de si una ingente obra filosófica e histórica que, de momento, está condenada a figurar solo en las bibliotecas, aunque estará llamada un día ser la gran referencia de los pensadores islámicos que aún sueñan con una reforma de los modos de creer en el Corán. Por supuesto, no de momento por mucho que se intente hacer compatible la laicidad positiva con el Islam.

Por cierto, no quisiera dejar de referirme, una vez más, a la visita del Papa a El Cairo y, sobre todo a su participación en la aparente “conferencia de paz”, en presencia del Imán del Azhar, Mohamed Al Tayeb. De lo que dijo el Papa se ha sabido todo porque todos sus discursos fueron divulgados inmediatamente. De lo que nada se sabía, hasta que ahora ha empezado a difundirse casi a cuentagotas, es de lo que le contestó Al Tayeb, que, en apariencia, estaba muy contento con la condena papal del “yihadismo” (no se pude matar en nombre de Dios), una actitud que, en cierta medida, exculpaba a los musulmanes de toda la intolerancia que se le achaca en no pocos medios de comunicación.

Pero lo cierto es que Al Tayeb, según le dijo al Papa que los culpables de ese terrorismo son los países occidentales que trafican con las armas (no le faltarán ahora argumentos a la vista del contrato de venta del más sofisticado armamento a Arabia Saudita por parte de Estados Unidos) y, sobre todo, porque a su modo de ver, la única solución para la paz en el mundo es abrazar el Islam y someterse a la “charía”, la ley islámica.

O sea que Al Tayeb no se ha movido un centímetro de las enseñanzas de los “sabios” enemigos de Occidente, Sayd Qobt y Hasan Al Bana, los grandes doctrinarios de los Hermanos Musulmanes… declarados terroristas por el régimen de Al Sisi. Días después de sus palabras, eran asesinados una treintena de cristianos coptos que iban de peregrinación a la catedral de San Marcos, una vez que se negaron a abrazar el Islam. Los yihadistas si conocían las palabras de Al Tayeb, claro… Y a modo de represalia, Al Sisi ordenó bombardear los asentamientos del Daesh en Libia.

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