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Si "Dios es grande" pero no necesita defensores que maten

Manuel Cruz

Tuve gran amistad con un joven franciscano, misionero en Marruecos, que solía exclamar ¡”Dios es Grande¡” cada vez que iba a contarle algunas cuitas profesionales o sentimentales. Como es natural, el franciscano había tomado, en cristiano, la frase de los amigos musulmanes que, igualmente, la repetían como un estribillo a cuantos les contaban problemas de su entorno.¡Palabras mágicas¡ Si Dios es grande y nos ama, en versión católica, digamos, no hay que preocuparse de nada: solo Dios basta, como afirmaba Santa Teresa en sus conocidos versos. Si Allah es Grandes porque nos sometemos a su voluntad, versión islámica, qué importan los problemas, amigo: Allah vela por ti…

Pero miren por dónde, ese mismo estribillo ha sido por completo desfigurado en boca de los yihadistas de todo el mundo, ya sea en Barcelona, Cambrils, Niza, Berlin, Londres, Bruselas: ¡Allah no puede ser tan grande cuando parece “necesitado” de muyahidines” que lo defiendan! ¡A qué viene matar a personas inocentes y luego suicidarse o ser “suicidados” para gritar ese blasfemo “Allah al akbar” y aspirar, ademas, al paraíso…!

Si Allah es tan grande, ¿a qué vienen los hombrecillos y mujercillas que matan a sus supuestos “enemigos”? Lo curioso es que ya lo dijo el propio profeta Mahoma: “Si Allah hubiera querido hubiese hecho a todos los hombres musulmanes” Y añadía que había que respetar otras creencias, porque en religión no puede haber coerción. Dicho de otra forma: no puede obligarse a nadie a convertirse al Islam. Otra cosa es que, una vez que se es musulmán, no se pueda cambiar de creencia porque eso está condenado con la muerte algunos países como Arabia Saudita.

¡A qué viene, pues, causar terror para que los pobres diablillos de cristianos o musulmanes “desviados” conozcan la “recta vía” que ellos han “encontrado” en el Corán¡ Más aún ¿quien marca esa vía recta que exige Allah? Ah, los jeques como con el de Ripoll, As Saddik… ¿Y quien forma a esos jeques, quien los elige luego para darle una mezquita donde puede predicar lo que se le ocurra? ¿O lo que le hayan mandado otros jeques más poderosos?

Pero vayamos más allá del meollo de los atentados que nos quieren aterrorizar. En el mundo islámico ha proliferado una corriente paralela a la de los Hermanos Musulmanes: el salafismo. Los salafistas solo aspiran a una cosa: a volver a los tiempos de Mahoma, cuando el profeta sometió al mundo con su espada, su predicación, su abolición de los ídolos y su proclamación de que solo hay un solo Dios. . Pero, caramba, Mahohma, que había recorrido durante cuarenta años las rutas comerciales que pasaban por tierras cristinas y judías, se habia enamorado de los salmos cristianos, los que entonaban con voz melodiosa lo monjes de Tierra Santa. Y ya prohibió a sus seguidores que fuesen contra ellos.

En buena medida, mi amigo franciscano que había hecho suya la divisa “Dios es grande”, era respetado por chicos y grandes cuando salía a la calle con su peculiar hábito marrón y el cordón que le colgaba a lo largo de la cadera. Yo he visto como los niños se le acercaban para cogerle el cordón y besarlo al tiempo que reconocían en el fraile a un hombre santo.

No, los musulmanes, no son terroristas pero los terroristas quieren ser “buenos” musulmanes a su manera. Tratemos de entender un poco mejor este lío para saber contra quien debemos defendernos. Y por si acaso se nos escapa: Islam no es paz; Islam es sumisión. Que de la sumisión nazca la paz es harina de otro costal... y exige otro tipo de “yihad”: que lo expliquen los “sabios” del Islam que, por lo general, prefieren callar, salvo excepciones como la de Mohamed Talbi que ya no podrá escribir más.

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