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Amar a la España del Siglo XXI…

Manuel Cruz

Como todo el mundo se ha convertido ya en “sanchólogo”, un servidor, que sigue en la Luna, se permite ver la realidad desde la distancia y se pregunta con la ingenuidad habitual: ¿Qué está pasando en España? No sé hasta qué punto el “lázaro” Sánchez, resucitado por los cien mil hijos de la ira que odian a Rajoy, considera el golpe de Estado anunciado en Cataluña como un problema mayor o, simplemente, como un divertido espectáculo. Ahí es nada: ver a Rajoy lidiar el toro del separatismo con la única ayuda del Tribunal Constitucional y de su aliado circunstancial, el señor Rivera que ya se cree convertido en un Macron bis.

Pero al margen del “caso catalán” –hombre, ya veremos si el “nuevo” PSOE tiene que echar una mano al Estado de Derecho o más bien inventarse otro con la ayuda de Podemos- lo que ahora interesa saber es qué ha aprendido Sánchez en estos meses de exilio voluntario -con paro de ex diputado debidamente retribuido-, sobre todo, qué significado da a su triunfo en las primarias del PSOE.

Por ejemplo: ¿qué supone para Sánchez la “mayoría social” que pregona? ¿Asocia la mayoría de militantes y de militantas –alguno habrá, supongo, sin un género definido que podríamos llamar “militantis”…- que le han votado, con la mayoría de votantes, votantas y votantis el día que toque acudir a las urnas? ¿Considera que la única forma de empequeñecer o anular a Podemos es convirtiendo al PSOE en un partido más radical? ¿O acaso cree que se ha convertido ya en el líder de toda la izquierda y que va a recuperar los votos que se fueron a Podemos?

Muchas preguntas para la única respuesta que veo desde lejos: Sánchez va a dedicar un poco de tiempo a tantear el terreno antes del Congreso de su partido y de formar “su” Comisión federal.

Primero, para ver hasta donde van a llegar sus apoyos en el seno del partido para que el PSOE deje de jugar al centro-izquierda y se pase de una vez al “largocabellerismo”, en cuyo caso formaría un Frente Popular del Siglo XXI -¡qué bien queda eso!- con su amigo Pablo Iglesias.

Segundo, para ver si le basta con la militancia que lo ha elegido puede contagiar al resto y fundar lo que llama su “nuevo socialismo” con un programa basado, esencialmente, en echar a Rajoy e impedir que la derecha vuelva a gobernar.

Y tercero, para tantear si el “viejo” PSOE se doblega a la realidad de su liderazgo y no se parte en dos. Una prueba de fuego ¿Se darán de baja del partido, además de Corchera, cuantos prepararon la encerrona del 1º de octubre pasado a Sánchez para obligarlo a dimitir y asumirán la dura realidad de su derrota? Susana y Patxi dicen que ahora todos van a estar unidos detrás de Sánchez. ¿Hasta consentir un pacto de Sánchez con los podemitas y los separatistas?

Estas interrogantes llegan hasta mi atalaya de la Luna, donde no hay preocupaciones. Como en el seno del PP tampoco parece que las haya. Ni se van a disolver las Cámaras, ni habrá referéndum en Cataluña, ni el PSOE accederá a las aspiraciones de la Generalitat. Eso cree don Mariano Rajoy, cada día más Rajoy y más Mariano. A fin de cuentas, el PP ha dado ya el salto a la “modernidad” del Nuevo Orden Mundial y no teme nada por ese lado.

¿Y si la calle se moviliza? Tampoco pasará nada: ya se movilizó con Zapatero en todo el esplendor de su inopia y surgió el 15 M. Y, además, todavía queda mucho para salir de la crisis y la memoria del pasado de Zapatero por La Moncloa está demasiado reciente. Otra dosis de gasto público ya no se resiste: Bruselas está con el recorte en la mano. Así que, tranquilidad en el horizonte.

En suma, que sueñe un poco Sánchez con La Moncloa, que goce de su nuevo mandato como Secretario general del PSOE, que se aproveche de la moción de censura presentada por Podemos para ganar medallas ante su electorado/a. Vamos, que se lo pase bien viendo el espectáculo desde la barrera. El hombrecito ha dado ya el suyo. Esperemos un poco más y disfrutemos también todos con el circo montado por los sanchistas en las tertulias. ¡Esto es España, señores, la España del Siglo XXI, como la del XX, la del XIX…! “¡Oh España!”, exclamaría de nuevo el hispanista Jean Descola que, por cierto, decía que a España no hay que comprenderla, hay que amarla.…

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