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FERNANDO DE HARO

Palabras de siempre, palabras nuevas

 Foto de cierre de Fernando de Haro
  • COPE.ES

Me quedo con una foto que publica "La Vanguardia" en una sección muy jugosa que se llama Historias del Mundo. Sentados en el suelo, entre cojines estampados, sobre una alfombra de dibujos geométricos, dos hombres descalzos leen juntos un libro. Uno de los dos hombres es anciano, luce una perilla cana. Arrugas profundas le surcan el rostro en torno a la boca. El otro joven, es un adolescente, sobre sus rodillas reposa el volumen, el joven repasa las lineas con el dedo mientras lee en voz alta. Acaso sean padre o hijo, en cualquier caso son maestro y discípulo.

Los dos personajes del retrato son dos judíos de Saná, de Yemen a los que está dedicado el reportaje. El texto leído y releído una y mil veces, trasmitido de generación en generación. El texto parece el mismo, la tradición parece la misma y en cierto modo lo es, es siempre la misma. Pero si los labios del joven protagonista de la foto no estuvieran leyendo lo heredado por sus padres el libro solo sería un libro. Pero el libro es mucho más que un libro porque el joven de la foto lo lee como no lo ha leído nadie hasta ahora, lo lee con su corazón, con su nombre.

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El anciano con sorpresa comprueba como las palabras que se sabe de memoria que leyó siendo el muy tierno todavía, las palabras que le han acompañado, las palabras que le han ayudado a comprender los amores, los dolores, los anhelos, las alegrías, esas palabras que traen el recuerdo de la mujer amada, esas palabras que traen a la memoria los llantos de noches sin sueño, los amaneceres frescos, las albas cavadas por los mirlos, esas palabras vuelven a ser nuevas, inmensas, grandes, sugerentes, en la boca del discípulo, y el anciano ve como sus huesos reverdecen, que no hay verdad que lo sea sino es presente, y el presente más presente es un corazón joven que con su dedo nuevo, con sus ojos nuevos hace de nuevo verdaderas las palabras que vienen del pasado, sin este anciano y este joven sentados en una alfombra, sin este diálogo de la vida experimentada y de la vida nueva, las palabras, la tradición, quedaría en el remoto pasado.

Hablamos de educación y solo nos referimos a la instrucción, hablamos de educación y solo pensamos en garantizar a los chicos un buen puesto de trabajo, hablamos de educación y nuestro corazón, el corazón de los adultos permanece mudo, no les contamos como esas auroras cavadas por los mirlos, esos dolores, esos amores que llevamos dentro han sido iluminados, ensanchados por las palabras que recibimos de nuestros padres. El anciano de la foto escucha con atención como suenan las palabras de siempre en la boca del joven

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