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EN 'LA LINTERNA'

“Los separatistas nos han agraviado tanto que cuando aparece uno que promete un poquito de convivencia, nos arranca lágrimas agradecidas”

‘El bueno, feo y malo’ con Jorge Bustos. Hoy  con Fátima Báñez, Roger Torrent y Ernest Maragall.

 
  • COPE.es

Ha comenzado la legislatura en Cataluña de la mejor manera que podía comenzar: con la victoria del Español sobre el Fútbol Club Barcelona. Una victoria tabarnesa que me apetece mirar con ojos de metáfora constitucionalista, a sabiendas de que no todos los culés son indepes, ni muchísimo menos. En todo caso, y pase lo que pase a la vuelta en el Camp Nou, se me antoja un augurio fantástico. Ahora estoy más dispuesto a creer que el supremacismo será derrotado por el reglamento arbitral que emana del Tribunal Constitucional, y que en las gradas o balcones de todo el país seguirán ondeando banderas de una nación democrática, plural y por momentos eufórica llamada España.

La buena: Fátima Báñez.

Y no la elijo porque su propuesta para reformar el sistema de cálculo de las pensiones me convenza. Los expertos ya han señalado su dudosa viabilidad por el brutal aumento del gasto que supondría, además de su claro sesgo electoral. Pero destaco el esfuerzo de Báñez por colocar en la agenda política uno de los asuntos más urgentes a los que se enfrenta nuestro Estado de bienestar. Ya es mucho que en medio de una legislatura estéril y sin pulso, cuya iniciativa ha quedado completa e irritantemente secuestrada por la interminable farsa catalana, alguien se proponga cambiar de tema y ponerse a hablar para variar de problemas reales de todos los ciudadanos –incluyendo los catalanes- en lugar de seguir masticando el chicle seco, insípido y venenoso del procés. Solo por eso ya merece doña Fátima mi agradecimiento, que será infinito si a continuación logra concretar su globo sonda en una propuesta firme y rigurosa avalada por el Pacto de Toledo, de manera que los jubilados del futuro disfruten de una pensión con un poder adquisitivo decente.

El feo: Roger Torrent

Y es el nuevo presidente del Parlament de Cataluña. Un político de Esquerra que ha entregado todos los esfuerzos de su aún corta trayectoria al infame propósito de fracturar España y Cataluña, pero que el día de su nombramiento pronunció un discurso que a muchos les sonó conciliador, incluyendo al PP. Lo que ocurre es que los separatistas nos han agraviado tantas veces ya que en cuanto aparece uno que promete una cierta contención y un poquito de convivencia, nos arranca lágrimas agradecidas. Esa emoción espuria por la cual la víctima, que somos todos los españoles soberanos de nuestra amenazada nación, contrae un sentimiento de gratitud hacia su verdugo el día que este decide no pegarle, se llama síndrome de Estocolmo. Este sheriff, que no tiene de eso, prefiere esperar a ver cómo se comporta el barbudo pimpollo que preside la Cámara de los golpes antes de ponerse a aplaudirle con las orejas.

El malo: Ernest Maragall

Y no solo es el malo por la infumable apología del fratricidio que se marcó desde la Mesa de Edad, donde por cierto deberían poner un límite de deterioro a ciertos cerebros con acceso al micro, sino porque su trayectoria representa como ninguna otra la traición de los socialistas catalanes al primer ideal que debería justificar su vocación política: la lucha por la igualdad, no la complicidad activa en el aplastamiento del débil por el fuerte, que en Cataluña siempre fue el nacionalismo. Qué triste es acabar así, de marioneta chillona de la casta supremacista, a cambio de un escaño seguro y una limosna pública. Y luego se preguntarán por qué el cinturón rojo del PSC ahora es el cinturón naranja de Inés Arrimadas.

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