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En 'La Linterna'

'El bueno, el feo y el malo' de Jorge Bustos

 
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''Despacito hemos llegado hasta el último tiroteo de la temporada, y este sheriff se va de vacaciones en cuanto dispare estos últimos cartuchos. Y para despedir esta sección hasta septiembre, la actualidad me impone un protagonista absoluto, que no es Luis Fonsi, el Garcilaso suave-suavecito de nuestro tiempo, sino don Mariano Rajoy Brey, que es al mismo tiempo el bueno, el feo y el malo según la materia por la que se le juzgue.

El bueno: Mariano Rajoy

Por la inteligente mezcla de contundencia y proporcionalidad con la que don Mariano está desarrollando la respuesta del Gobierno al golpe de Estado a cámara lenta que está dando la Generalitat. Con el uso combinado de la investigación de la Guardia Civil y la intervención de Hacienda, el Estado responde a cada avance hacia el abismo del 1 de octubre. Un error en la magnitud de la reacción cargaría de argumentos victimistas a los sediciosos, pero excesivas contemplaciones permitirían la humillación del Estado y el robo de la soberanía nacional por parte de los golpistas.

Siempre que habla del desafío separatista, es casi la única materia en la que el discurso de Rajoy refleja la claridad del estadista. Todos los españoles –incluyendo más de la mitad de los catalanes- a los que les importa la unidad de su país se aferran en estos momentos a la promesa del presidente del Gobierno: su confianza no puede ser traicionada. Si Rajoy aborta con éxito la deriva golpista habrá estado a la altura de la historia. Si todo se resuelve en una chapuza concesiva como la del 9-N, Rajoy habrá fallado donde menos puede fallar. Pero de momento, su inequívoco posicionamiento del lado de la ley y la soberanía nacional solo pone en un compromiso a la izquierda tibia, acomplejada y plurinacional.

El feo: Mariano Rajoy

Es también el feo por el rasero con que se mide su gestión económica, que arroja cifras positivas con letra pequeña más discutible. A un gobernante ha de juzgársele en primer lugar por las metas que se propone, y la de Rajoy siempre fue la economía. Esta semana ha podido presentar una EPA de escándalo que nos retrotrae a aquel 2008 en que la crisis solo era un funesto augurio de Manuel Pizarro frente al optimismo antropológico de Zapatero. La reducción del desempleo, se mire por donde se mire, es una magnífica noticia que prueba el éxito de las reformas marianistas en la pasada legislatura.

La temporalidad sube. El aumento del empleo está ligado a la estacionalidad de un país que vive del turismo. Que los puestos de trabajo ya no ofrecen las seguridades de antaño. Pero eso no es culpa de Rajoy, sino de la crónica debilidad de la estructura laboral en España y de la revolución industrial que vive el mundo por efecto de la globalización y la robotización. La oposición en España es tan sectaria que le dan una buena noticia y corre a buscarle la pega en la letra pequeña: la izquierda aquí lamentaría el gordo de Navidad si toca con Rajoy en el poder, aduciendo que tiene que dar una parte a Hacienda, pero descorcharía el champán si tocase en un pueblo gobernado por PSOE y Podemos. Así es España. Uno, que puede ser muchas cosas pero no es un sectario, solo puede felicitar a la ministra Báñez y a todo el equipo económico del Gobierno, además de los empresarios que crean empleo. Porque un trabajo regular siempre será mejor que un trabajo inexistente.

El malo: Mariano Rajoy

La maldad de Rajoy es la que esperaba la oposición que aflorase en su declaración como testigo en la Audiencia Nacional. Se trataba de establecer de una vez por todas el relato que permitiese culpar a Rajoy de las tropelías de Bárcenas y de los mangoneos de Correa. Pero el plan no funcionó como estaba previsto. Los abogados vinculados al Partido Socialista no lograron arrancar una frase inculpatoria de Rajoy ni hacerle caer en contradicción, seguramente porque el gallego es la única especie del planeta que no puede contradecirse. O sí, pero sin que parezca otra cosa que un simpático accidente.

Todo lo que es exagerado es irrelevante, ha dicho hoy Rajoy en relación a ese asunto por el que usted se interesa. Pero los Picapiedra, es decir, Pedro y Pablo, se equivocan de estrategia intentando mantener artificialmente con vida el caso Gürtel. Su impacto en la opinión pública, que es para lo único que sirven las comparecencias parlamentarias, está perfectamente amortizado, y a estas alturas ha quedado claro que el interrogador que se enfrenta a Rajoy en el Parlamento sale peor parado que el interrogado. España necesita una alternativa al PP, pero el PSOE de Sánchez ha renunciado a presentarla para ganarle las elecciones en buena lid, y sigue llorando en los despachos a ver si le cae La Moncloa por rearbitraje. La corrupción debe dirimirse en los tribunales de una santa vez, el PP debe completar su regeneración, pero Pedro y Pablo están obsesionados con que el pasado les abra las puertas del futuro, cosa que no suele suceder.

Una bala en la recámara

Pues vaya desde aquí mi despedida a Eduardo Madina, que deja el escaño por incompatibilidad con el sanchismo. Una decisión coherente y no exenta de valentía en tiempos de culiparlantes aferrados al clavo ardiendo del escaño. Este sheriff, por su parte, también hace mutis de la escena por estricto imperativo vacacional, y porque le huele ya el culo a playa. Con tu venia, Juan Pablo, necesito un descansito, aunque solo sea para hacer acopio de munición. Volveré, como MacArthur''.

 

 

 

 

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