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J.L. Restán | Línea Editorial

Todo para la misión

 
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El Papa ha afrontado en Santiago de Chile uno de los grandes retos que afronta la Iglesia en este momento: formar al Pueblo de Dios para vivir en un mundo profundamente secularizado. Esto exige que todos, especialmente los pastores, entiendan que la Iglesia “que no es ni será nunca una elite de consagrados”. Francisco subrayó la gran tentación que acecha a los sacerdotes y que más daño hacen al necesario dinamismo misionero de la Iglesia: el clericalismo, definido como una caricatura de la vocación recibida. También advirtió de otro de los problemas de nuestras sociedades posmodernas: el sentimiento de orfandad de las gentes, que también puede afectar a los propios cristianos.

En un país que vive un acelerado proceso de secularización, el Papa ha puesto el foco en que los fieles laicos están llamados a ser protagonistas de la misión de la Iglesia, y que por tanto deben evangelizar de acuerdo con sus propias iniciativas, “sin repetir como loros lo mismo que dicen los curas y los obispos”. En Chile, un país en el que se ha reducido dramáticamente el número de católicos, Francisco ha insistido en superar el mal del clericalismo que bloquea especialmente la iniciativa evangelizadora de los laicos en los ambientes donde viven. Y una vez más, como eco de las mismas palabras de Jesús, ha pedido que la Iglesia se despoje de cuanto pueda apartarle de su misión. El mensaje es transformarlo todo, costumbres, horarios, estilos, lenguaje y hasta la estructura eclesial, para servir a lo único esencial, la evangelización.