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Línea Editorial 27/09/2016

El primer debate Hillary-Trump

Esta madrugada hemos asistido al primer debate televisivo entre los dos candidatos a las elecciones de noviembre a la Casa Blanca. Los titulares, también a este lado del charco, coinciden de manera casi unánime: Hillary Clinton ha ganado el primer asalto. No ha habido grandes sorpresas en el contenido. Nada nuevo sobre un Trump defendiendo la ley y el orden pero sin saber aprovechar los numerosos flancos que tiene la candidata demócrata, y una Hillary Clinton en un tono monocorde, más institucional, sin salirse del guion e intentando rascar votos entre las minorías sociales, que ha sido capaz de poner contra las cuerdas a Trump con solo exigirle que haga públicos todos sus ingresos. De todas formas, un debate de este tipo es solo eso, con lo que puede tener de relevante, pero sobre todo, con sus límites bien definidos. Trump sigue siendo en el imaginario colectivo el candidato excéntrico, un ariete contra la corrección política, al que, siendo verdad que incluso algunos entre los suyos ven como un peligro, encarna en muchos aspectos al líder que le dice al americano medio enfadado, justo lo que quiere oír. Y en ese contexto, Hillary Clinton sigue siendo, también después del debate, la candidata gris que, a pesar de las sombras que penden sobre su trayectoria, es vista por muchos como el mal menor posible. Queda mucha carrera por delante, incluidos dos debates más entre los candidatos, y uno entre los vicepresidentes, en un mes y medio previsiblemente tenso y apretado, que no se va a decidir solo a golpe de debate en televisión.

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