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El mensaje central del Jubileo de la Misericordia

Después del Jubileo de los presos, los protagonistas en Roma son este fin de semana en Roma las personas sin hogar. Unas 6.000 han viajado hasta allí para celebrar el Jubileo de la Misericordia con el Papa. El Año Santo, ya en su recta final, adquiere su pleno sentido con estos dos acontecimientos. Si la pasada semana, ante los reclusos, Francisco presentaba a Dios como un padre dispuesto siempre a perdonar, el encuentro con personas en la indigencia le ha permitido lanzar otro mensaje nuclear. «La pobreza», decía el viernes, «está en el corazón del Evangelio». No se trata, naturalmente, de un llamamiento a la resignación y a la pasividad. Hace solo unos días el Pontífice recibía a activistas y representantes de movimientos populares de todo el mundo animándoles en su lucha por la justicia social.Pero como recordó Francisco el viernes, es la conciencia de la propia indigencia lo que permite al ser humano mirar al cielo y llenarse de Dios. Comienza así una nueva forma de vivir más compasiva y solidaria, pero también más alegre, ya que «la vida se vuelve hermosa incluso en las peores situaciones». Ese es el verdadero sentido de la pobreza evangélica, que nada tiene que ver con el masoquismo, sino con un modo de entender la existencia como puro don y pura gracia, lo que a su vez lleva a actuar con los demás con la misma generosidad. Como no se cansa de repetir el Papa, experimentar el perdón y la misericordia de Dios nos hace perdonar y ser compasivos con los demás. Este es el mensaje central del Jubileo de la Misericordia.

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