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Línea Editorial 31/01/2017

Alquilar un vientre

El debate sobre la llamada gestación subrogada vuelve a estar de actualidad por el interés de diferentes partidos en meterlo de lleno en la agenda política. Algunos miembros del Partido Popular se han sumado a la petición de regular los vientres de alquiler para que la práctica sea permitida en España. Aunque no figuraba en la Ponencia Social para el Congreso, la petición aviva el debate interno. El PP no puede ignorar que un amplio sector de su electorado tiene razones de peso para rechazar la legalización. En cualquier caso, no se trata primordialmente de una cuestión cuantitativa sino de fondo.Los vientres de alquiler son un negocio en el que se mercadea con seres humanos. El deseo de ser padres o madres y el ejercicio de la libertad humana no implica un supuesto “derecho al hijo”, como el que tiene un coche o una casa. No es de recibo plantearlo como una solución a la baja natalidad. Tampoco se sostienen argumentos relativistas del tipo “la ética se va ajustando con el paso del tiempo”, porque la ética sólo debe responder a la naturaleza de las cosas, a su significado y verdad. La clave primera no es plantearse cómo resolver el deseo de quien quiere tener un hijo, sino qué es lo mejor para el hijo que nace. Ni un hijo ni una mujer son algo que podamos comprar, vender o alquilar a nuestro antojo, ni de manera total ni parcial. Esta cosificación del ser humano degrada a las personas, y en el caso de los vientres de alquiler convierte a las mujeres en vasijas, a las que se violenta y se deja a merced de quien quiera comprar un hijo a la carta. 

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