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TERRORISMO ETA (Previsión)

Pardines, medio siglo del día en que ETA decidió matar

El guardia civil José Antonio Pardines Arcay, gallego de Malpica de Bergantiños (La Coruña), de 25 años, regulaba el tráfico en Aduna (Gipuzkoa) cuando un fatal cruce de destinos acabó con su cuerpo con cinco disparos en el suelo, en medio de un charco de sangre, la primera que ETA derramó en Euskadi.

  • Agencia EFE

El guardia civil José Antonio Pardines Arcay, gallego de Malpica de Bergantiños (La Coruña), de 25 años, regulaba el tráfico en Aduna (Gipuzkoa) cuando un fatal cruce de destinos acabó con su cuerpo con cinco disparos en el suelo, en medio de un charco de sangre, la primera que ETA derramó en Euskadi.

Este primer asesinato de ETA sucedió el 7 de junio de 1968, hace ahora medio siglo, y significó el inicio de una estrategia que se ha prolongado durante casi cinco décadas y ha dejado 853 víctimas mortales, entre otros graves perjuicios, hasta su disolución definitiva este mismo año.

Aquel mismo día murió también, por los disparos de la Guardia Civil, el asesino de Pardines, el dirigente etarra Txabi Etxebarrieta, a quien la izquierda abertzale convirtió en un mártir y un mito y al que, aún hoy, 50 años después, sigue tributando reconocimientos y homenajes.

El nombre de Pardines, mientras, pasó al olvido, como demuestra una encuesta llevada a cabo el año pasado por el Euskobarómetro vasco, que preguntó por la identidad de la primera víctima mortal de ETA, cuestión que únicamente supo responder correctamente el 1,2 % de los encuestados.

Para recuperar su memoria, el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo ha editado este año un libro sobre el asesinato del guardia civil, titulado "Pardines, cuando ETA empezó a matar", coordinado por el profesor Gaizka Fernández Soldevilla y por el periodista y director del centro Florencio Domínguez.

Este monográfico, además de rescatar la memoria de Pardines, escruta la causa judicial del asesinato, hallada en Galicia cuando se creía ya extraviada y desmonta algunos de los mitos establecidos en Euskadi, a fuerza de repetidos por la izquierda abertzale.

Pardines, adscrito a la unidad de tráfico de la Guardia Civil, a la que pidió incorporarse por su afición a las motos, regulaba la circulación en una carretera local de Aduna, cuando dio el alto a un Seat 850 cupé con matrícula de Zaragoza en el que, para su desgracia, viajaban Txabi Etxebarrieta y otro miembro de ETA, Iñaki Sarasketa, ambos armados.

El guardia siguió al vehículo con su motocicleta y lo hizo parar a la altura del kilómetro 446,5, tras lo que pidió al conductor (Etxebarrieta) el permiso de circulación, que cotejó con el número de bastidor del coche y, tras poner objeciones porque no coincidía, fue asesinado sin que llegara a tocar su arma, a diferencia de la versión que difundió la propia ETA.

"El relato creado por ETA en 1968 es el de un duelo del salvaje oeste, en el que Pardines había parado el coche y había echado mano a su pistola para atacar a los dos etarras, pero ellos fueron más rápidos", destaca Fernández Soldevilla, quien añade que, de esta manera, el nacionalismo radical "convirtió al asesino en víctima y a la víctima en agresor".

"Le dieron la vuelta a los hechos, tergiversándolos y de esa manera intentan justificar todos los atentados que han llegado después", resalta el historiador.

Además de la sentencia sobre los hechos, el propio Iñaki Sarasketa, único testigo de los hechos que sobrevivió a aquel 7 de junio, refutó esta versión en varias entrevistas, en las que aseguró que Etxebarrieta disparó contra el guardia cuando éste, de cuclillas y dando la espalda a los etarras, hizo ver que la documentación no coincidía con el coche.

Sarasketa, fallecido el año pasado, aseguró también que sólo disparó Etxebarrieta y que él sugirió desarmar al guardia y huir. Otro dato que no había sido refutado pero que el expediente policial y el análisis balístico ponen en duda, ya que las cinco balas que acabaron con la vida de Pardines correspondían a dos pistolas diferentes.

ETA no había planeado matar a Pardines, pero sí había adoptado la decisión histórica de comenzar a asesinar. En concreto, lo hizo apenas 5 días antes del asesinato de Pardines, en una reunión de su dirección en Ondarroa (Bizkaia), donde eligió a sus dos primeros objetivos, los jefes de la Brigada de Investigación Social de Bizkaia, José María Junquera, y de Gipuzkoa, Melitón Manzanas, al que la organización mató dos meses después.

Cuando se toparon con Pardines "ya habían decidido matar" y disparar sobre el guardia de tráfico "fue una decisión de los etarras, de Txabi Etxebarrieta, que era un jefe de la banda", subraya Fernández de Soldevilla.

Fue el inicio de la estrategia de acción-represión-acción, con la que ETA esperaba que la dura respuesta del régimen a los asesinatos derivara en una corriente de simpatía que sumara a la mayoría de la ciudadanía a su causa.

Aquel 7 de junio de 1968 apenas se sabía nada de ETA y la Guardia Civil, que mató a Etxebarrieta horas después en un enfrentamiento en Benta Haundi, a las afueras de Tolosa, no conocía su identidad ni relacionaba todavía el asesinato de Pardines con la organización terrorista. Lo hizo al día siguiente, cuando fue detenido Sarasketa en la localidad de Régil.

La memoria de Etxebarrieta la cultiva una asociación civil creada en Bilbao, su localidad natal, que ha organizado esta semana actos de recuerdo de etarra que se convirtió "el primero en matar y el primero en morir".

"Es un ejemplo claro del peligro que corremos en Euskadi. ETA ya no mata, ha desaparecido, pero por debajo de esta normalidad sigue un discurso de odio y sigue la tergiversación del pasado y el hecho de que se esté glorificando después de 50 años a un asesino indica que todavía tenemos un problema grave", lamenta Fernández de Soldevilla.

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