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Tiradores de precisión: mente fría, agilidad mental y confianza

 

José Luís entró en el Ejército de Tierra hace 20 años -en el Tercio “Duque de Alba” de la Legión, en Ceuta-, ahora es sargento primero, está casado y tiene un hijo que en octubre cumplirá 3 años. Cuenta que la última vez que se fue de misión, a Irak, su hijo tenía 3 meses. Al regresar -seis meses después- “no sabía quien era, no me reconocía”.

Dice que cuando se alistó -en 1998- “todavía no pensaba en ser tirador de precisión”, aunque reconoce que era algo que le gustaba “desde pequeño”.

Este sargento primero está destinado como tirador de precisión en el Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra. Lo que más le atrae es “la forma de trabajar, a veces aislada, estar a la espera durante un tiempo, esperando un objetivo, oculto, con la sensación de que en cualquier momento puede ocurrir algo, y que de tí va a depender que las cosas vayan bien”.

Tiradores de precisión: mente fría, agilidad mental y confianza

Después de años de experiencia y misiones en Afganistán, Líbano, Kosovo e Irak, explica que la labor del tirador de precisión la tiene que hacer “alguien al que le gusten las armas, el tiro de precisión, que tenga cierta agilidad mental, que pueda mantener la calma en situaciones de estrés y la mente fría, y con confianza en sí mismo”. Además, es necesario disfrutar de “buenas facultades físicas -tanto de visión como de estado de forma- porque en ocasiones cargamos mucho peso durante los itinerarios de infiltración y extracción”.

Según José Luís, dentro de su especialidad trabajan en ocasiones “en acciones directas, que pueden ser un ataque relacionado con un rescate de rehenes o una captura de algún terrorista o algún insurgente, o realizar acciones de reconocimiento especial, siempre que en esa misión tengamos una ventana de oportunidad en la que surja algún objetivo que tuviéramos que eliminar”.

“La entidad mínima con la que trabajamos -señala el militar- son dos, el tirador y su observador, que normalmente es el jefe, y no están aislados, siempre están metidos en un grupo”. Añade que actuar en solitario es “muy de películas, estamos acostumbrados a ver el típico tirador o francotirador que en las películas actúa solo, pero la realidad es distinta”. Su protocolo de actuación depende de la misión, cuando reciben la luz verde para hacer fuego “siempre hay un lenguaje entre el tirador y el observador”, y es este último el que asigna el objetivo e indica qué correcciones se deben introducir en la mira de precisión.

Sobre el tiempo que deben esperar antes de disparar, asegura que es “muy variable”, desde sólo unos minutos hasta “12, 24 ó 36 horas”, dependiendo de la misión. Lo ideal es “estar sobre el terreno con suficiente antelación que permita hacer nuestro trabajo para estar preparado para hacer fuego -si fuera necesario- en las mejores condiciones”, afirma el tirador de precisión.

Tiradores de precisión: mente fría, agilidad mental y confianza

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