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NOVELA NEGRA (Entrevista)

Vladimir Hernández: "Quiero cuestionar el falso aperturismo cubano"

Irene Dalmases.

  • Agencia EFE

Irene Dalmases.

Aunque el escritor Vladimir Hernández lleva más de tres lustros viviendo en España, cuando se sienta ante el ordenador crea historias que tienen a su Habana natal como protagonista. En "Habana skyline", el segundo título de una trilogía, cuestiona "el falso aperturismo" de su país.

En una entrevista con Efe, señala que sirviéndose del género negro muestra al lector aspectos poco conocidos de la isla, a la vez que propone "un espacio y un momento: el falso aperturismo cubano, con una lectura profundamente social del asunto, con un formato atractivo, de novela negra".

A su juicio, el denominado aperturismo cubano "en ningún caso es político e ideológico; en todo caso, hay un coqueteo con ciertos elementos del capitalismo".

Publicado por HarperCollins, el libro forma parte de una trilogía que inició el año pasado con "Habana Réquiem", y le sirve para acercarse a la problemática cubana "desde el punto de vista de una sacrosanta institución que es la policía, desde la Mazmorra, la unidad de policía del hacinado distrito de Habana Vieja, con personajes saturados de claroscuros, supurados de hiperrealidad".

En esta ocasión, el lector volverá a encontrarse con policías que ya aparecían en su anterior novela, como Eddy, un hombre expeditivo, quien deberá investigar un caso que tiene que ver con un poderoso estupefaciente llamado Skyline, que amenaza con extenderse por toda la ciudad.

A consecuencia de la investigación sobre esta trama, la vida de un hombre llamado Guzmán empezará su descenso a los infiernos, con la sombra de un sicario no siempre implacable.

Hernández subraya que la droga Skyline le sirve para "mostrar como Cuba no se abre, aunque de alguna manera cada vez se empiezan a colar más elementos externos, que Cuba no desea, pero no lo puede evitar".

Para el escritor, se trata de una sociedad "en la que independientemente de quien esté al frente la rige el Partido Comunista y una figura de Castro, que primero fue Fidel, luego Raúl, y ahora no importa que haya un presidente nuevo, porque no tiene ni la potestad ni el interés en hacer cambios ideológicos".

La novela, subraya, le permite "mostrar una trama ágil, en la que la violencia puede ser explícita, o no, y también metafórica, del Estado sobre el ciudadano". "Me interesa explorar cómo se practica una forma de terrorismo de estado", apostilla.

Sobre el hecho de que se le considere como uno de los máximos representantes del "totalitarismo 'noir'", Vladimir Hernández argumenta que eso es debido a que en sus obras trata sobre un país que es "el último totalitarismo de corte comunista en Occidente, el único que tiene toda la infraestructura como la tenían los países comunistas del Este, pero aquí en una islita caribeña, con unas connotaciones muy especiales, por su cercanía con los Estados Unidos, el imperio capitalista más hegemónico".

Cree que a diferencia de otros personajes que aparecen en novelas de género de otros escritores de Cuba, los suyos "no lamentan, no están decepcionados, abrazan el desastre, la mayoría de ellos ha aprendido a camuflarse, muchos ya han nacido en el desastre y saben que los dados están cargados y juegan con esas leyes".

Por otra parte, quiere incidir en la idea de que "hay islas de pensamiento dentro de la isla".

Escribiendo la última parte de la trilogía, que podría titularse "Habana Exprés", Vladimir Hernández desvela que volverá a aparecer la Mazmorra, con una acción que ocurrirá en vísperas de la llegada del presidente Barack Obama a la isla, la primera de un primer mandatario estadounidense en ochenta años, "lo que provocó que las instituciones enloquecieran, creyéndose la ciudad capital del mundo por unos días".

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