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PATIOS CÓRDOBA (Crónica)

La vida en un patio cordobés

Estrella Serna

  • Agencia EFE

Estrella Serna

Una mujer cubana con sus hijos, un guitarrero experto en instrumentos andinos y una octogenaria forman parte de la particular 13 Rue del Percebe o patio de vecinos de la calle Marroquíes de Córdoba, ganador este año del festival no sólo por sus flores, sino por el patrimonio inmaterial y único que atesora.

Explica el antropólogo director del grupo de investigación Etnocórdoba, el gaditano José María Manjavacas, que el patrimonio inmaterial de la humanidad es "el valor vivo de una cultura, su pasado pero también su presente," y eso es precisamente el tesoro que esconden la veintena de habitaciones de una de las casas patio más populares de Córdoba, la de la calle Marroquíes, primer premio este año en la categoría de construcciones antiguas.

En ese ecosistema floral conviven, que no solo viven, ocho familias muy especiales y cuatro talleres artesanales que se han ido sumando a un vecindario del que originariamente formaban parte agricultores de la provincia que llegaban a la capital a "buscarse la vida" a mitad del siglo pasado.

De ellos quedan pocos, la octogenaria Pepa es una de ellas, una señora de las llamadas "con dedos verdes" de tanto plantar esquejes pero que también saca adelante a su familia con "muchísimo trabajo", cocinando siempre en un puchero grande, "para mí y para algún chiquillo del patio que siempre se acercaba a la casa".

Ya en este siglo, la necesidad llevó a Albia a salir de Cuba para establecerse en un diminuto apartamento de grietas en las paredes, donde hoy vive con sus dos hijos adolescentes que duermen en literas en su habitación, pues sólo tiene dos estancias en las que, sin embargo, cabe toda una vida de recuerdos revolucionarios y fotos, santos, amuletos de la suerte, velas, altares.

"Vine de visita en la primavera de marzo de 2007 a casa de una prima mía" y "me enamoré de este patio" ha contado a Efe mientras reposaba sus pies tras una larga jornada de trabajo cuidando a una señora mayor, y un año después se instaló en una de las habitaciones del patio Marroquíes "porque encontraron muerto detrás de la puerta al anterior inquilino".

Un "recibimiento" que para nada enturbió el amor por Córdoba de esta cubana: "Me encanta Córdoba y vivir aquí, entre vecinos, con la puerta abierta, me hace sentir un poco cerquita de mi país donde somos como los andaluces", aunque sólo a medias porque "lo que más me falta, mi amor, es mi salsa" apunta con gracia Albia.

"Esa cosa andaluza de la música, del baile, de la risa, las flores, meternos un poquito con todo el mundo, ¡hasta con una misma!" dice que es lo que más le gusta de su vida en el patio en el que, salsa no suena, pero sí música andina.

Sones no muy habituales en otros patios pero sí en este porque al guitarrero Antonio, aunque trabaja el palosanto y demás maderas de la guitarra española, lo que más le gusta es fabricar charangos, quenas, zampoñas, instrumentos artesanales de la música tradicional de Perú, Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela.

Tampoco falta el vino de la tierra cuando los miles de visitantes que cada día, durante el Festival de los Patios de Córdoba acaban su visita, se cierra el portón y se abren las puertas color añil que no son un decorado motivo de "selfie".

El tabernero jubilado Paco, con sus antiguos clientes ya amigos de "La Sacristía", bar mítico de Santa Marina, el barrio de los toreros donde se ubica este patio y que él ha regentado, sacan sus mecedoras de enea con sus platitos de jamón de los Pedroches y queso de Zueros, todo ello "aliñado, como no puede ser de otra forma, con fino de la tierra" para disfrutar del fresquito de la noche y recordar "batallitas".

Así, los olores de los geranios se entremezclan con la arcilla fresca del taller de cerámica aderezados con el aroma de los jabones elaborados con flores del patio de otro de los locales artesanales que alberga este particular ecosistema, donde el pasado de la vida de Córdoba se hace presente gracias a sus vecinos, los verdaderos artífices de la declaración por la Unesco como patrimonio inmaterial de la humanidad sí, pero de los cordobeses, un poquito más.

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