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FOTOGRAFÍA JAPONESA (Previsión)

La mirada de Shomei Tomatsu sobre el Japón posatómico, en la Fundación Mapfre

Barcelona acoge desde mañana la primera exposición en España del fotógrafo Shomei Tomatsu, conocido por sus respetuosas e impactantes fotografías de las víctimas de la bomba atómica de Nagasaki, que también posó su personal mirada sobre otros aspectos de la posguerra nipona.

  • Agencia EFE

Barcelona acoge desde mañana la primera exposición en España del fotógrafo Shomei Tomatsu, conocido por sus respetuosas e impactantes fotografías de las víctimas de la bomba atómica de Nagasaki, que también posó su personal mirada sobre otros aspectos de la posguerra nipona.

La muestra, que se podrá visitar en la Fundación Mapfre de Barcelona hasta el 16 de septiembre, reúne 180 fotografías divididas en once secciones temáticas.

Una de estas secciones se titula "Nagasaki, en el pasado y en el presente" y reúne las imágenes con las que dio a conocer el drama de la bomba atómica.

"Estados Unidos prohibió la circulación de fotografía de la violencia que ellos habían ocasionado", ha recordado hoy el comisario de la exposición, Juan Vicente Aliaga.

En consecuencia, las imágenes de los supervivientes que mostró Shomei Tomatsu fueron un duro golpe porque "demostraban la dimensión de la tragedia y el hecho de que muchas de las víctimas habían sido abandonadas a su suerte, también por el gobierno japonés".

El fotógrafo dio a conocer el sufrimiento que había causado la bomba con mucho tacto y respeto hacia las personas fotografiadas.

También recogió los efectos del bombardeo a través de objetos cotidianos, como un reloj parado a la hora del ataque o una botella deformada por la explosión.

Estas fotografías no fueron las únicas con las que el artista retrató el Japón de posguerra, que él conoció siendo joven, ya que nació en 1930 y falleció en 2012.

La miseria de la población en aquella época quedó reflejada en las fotografías que se muestran en las primeras salas de la exposición, "que no se recrean en el feísmo de la pobreza, sino que busca siempre la belleza que cohabita en ella", según el comisario.

"Su posición política frente al mundo siempre fue poliédrica y contraria al dogmatismo -ha añadido Aliaga- y, de la misma manera que fue crítico con la ocupación norteamericana, lo fue también con el mensaje ultranacionalista del gobierno japonés".

Shomei Tomatsu se mantuvo toda la vida apegado a la realidad, pero nunca con un retrato literal ni directo del objeto fotografiado, sino siempre desde una mirada vanguardista e innovadora.

De hecho, fue admirador de Dalí desde su juventud y el surrealismo fue una de sus influencias, aunque nunca formó parte de este movimiento.

Su perspectiva inesperada y visualmente sorprendente de la realidad es patente en las fotografías eróticas de la exposición o en la sala dedicada a las protestas estudiantes de los años sesenta.

La muestra también reúne una serie de fotografías realizadas en Afganistán y otras en los Mares del Sur, donde retrató la naturaleza, el mar y los animales.

"El hombre es el principal protagonista de sus fotografías -ha aclarado el comisario-, pero la naturaleza también está muy presente, así como una idea del despilfarro que le convierte en un precursor del ecologismo".

Tomatsu fue un hombre muy activo que participó en la creación de la influyente agencia de fotógrafos Vivo en 1959, junto a Ikko Narahara y Eikoh Hosoe, entre otros, y fue el comisario de una importante exposición en Tokio que permitió mostrar al público japonés una infinidad de imágenes de fotógrafos, tanto anónimos como conocidos, hechas desde mediados del siglo XIX hasta 1945.

A partir de los años ochenta dirigió su mirada hacia la cultura tradicional japonesa y sus símbolos culturales, como los cerezos en flor, que "en épocas bélicas representan la disposición de los hombres a dar la vida por la patria, con la confianza del posterior renacimiento de su alma, pero que Tomatsu liberó del aspecto militarista y convirtió en símbolo de la regeneración", según el comisario.

La exposición también permite observar el uso que el artista hace del blanco y negro, que él asociaba a la presencia norteamericana en Japón, y del color, como afirmación de la vida redescubierta en Okinawa, isla que visitó por primera vez en 1969 y donde residió en sus últimos años de vida.

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