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MÚSICA ELECTRÓNICA (Crónica)

Madrid se prueba como Paraíso electrónico tras un diluvio y la Utopía fallida

Javier Herrero.

  • Agencia EFE

Javier Herrero.

Dos años exactos después de Utopía, cita que contó con una sola edición y apostó por la electrónica comercial de David Guetta, el mismo recinto ha vuelto a acoger hoy otro intento de reactivar la capital española como sede estable y referencial de bits sintéticos con el festival Paraíso.

El contexto no acompañaba de partida: a las jornadas previas de lluvia que habían empapado el césped del C.D. Cantarranas de la Universidad Complutense se ha sumado hoy un aguacero en el preciso momento en que debía procederse a la apertura de puertas, desincentivando a los muchos que podían estar pensándose su asistencia.

Para más inri, el retraso en los controles de las instalaciones que por orden municipal debían realizar Policía y Bomberos -la llegada de estos se ha demorado una hora, según la organización- ha provocado a su vez que las puertas se abrieran dos horas y media más tarde de lo estipulado, lo que ha empujado aproximadamente una hora el inicio de cada concierto.

"Llovía sobre mojado. Había zonas en condiciones impracticables y en la inspección nos han obligado a subsanarlas para cumplir la normativa, que es muy estricta desde la tragedia del Madrid Arena", ha relatado a Efe el director de Paraíso, José Morán, fundador del Festival Internacional de Benicàssim.

A las 21,30 horas, cuando la música debía llevar sonando ya 45 minutos, se ha obrado el milagro y el Paraíso ha empezado a exhibir, si no su mejor cara por culpa del barro en algunos puntos, sí su mejor disposición para que disfrutaran de una variada y exquisita programación los miles de asistentes que finalmente han acudido.

Monjas con hábitos de colores han recibido al público que, entre los tres escenarios desplegados, ha optado en un primer momento por el más modesto, atraídos por la mezcla hipnótica del parisino Sahalé a base de electrónica y músicas del mundo, con soniquetes andinos, africanos, arábigos e hindúes y cánticos que parecían exorcizar cualquier atisbo de lluvia, como así ha sido.

Pronto ha quedado claro que esta iba a ser una noche atípica de junio en lo meteorológico, con el chubasquero como prenda regular, pero no en las ganas de buen rollo, cháchara y contoneos, entre humaradas ensoñadoras y grados de alcohol en aumento en un edén que, a tenor de la edad media, tiene poco de universitario.

"Está abierto a todo el mundo, pero este es un cartel para gente inquieta, un cartel coral sin grandes cabezas de cartel, lo que ha sido premeditado y ha provocado que la primera afluencia de público sea de gente con más experiencia", ha argumentado su responsable.

En el que muchos llaman ya "el Sónar madrileño" ha habido tiempo para disfrutar de la línea más machacona del británico Danny L. Harle y la sofisticación (un rasgo predominante en la oferta) del dúo incidental de Rodriguez Jr. y la cubanoamericana Liset Alea (exNouvelle Vague).

En el Escenario Club, visualmente el más pintón bajo su carpa estrellada y su bola de discoteca, se ha concitado después la mayor atención para disfrutar del "ambient" de Apparat, quizás la estrella más sobresaliente de la velada.

Para el escenario principal han quedado las propuestas que conjugan los ritmos pregrabados y la música en vivo, con apariciones destacables, como la de HVOB y su "deep techno" de medios tiempos y voces melancólicas que han arropado la medianoche sobre la Ciudad Universitaria de Madrid.

La jornada del viernes ha de prolongarse aún hasta cerca del amanecer con Tornado Wallace, tras tomarle el relevo a la sesión de los británicos Hot Chip con el formato Megamix, nuevo espectáculo en el que suman sonidos e instrumentos en directo a su divertido set plagado de electropop.

También esta ha sido la noche del sudafricano Black Coffee, quizá el productor y DJ más prominente de África, o del show en vivo del referente islandés del techno minimal Kiasmos y sus compatriotas GusGus.

Para el sábado, con una previsión meteorológica más benigna y templada en Madrid, Paraíso se ha reservado una oferta aún más amplia que abrirá sus puertas a las 17,30 horas con El Búho y, después, con el "soul" electrónica y elegante de los españoles Delaporte.

Especialmente esperadas son las apariciones de la irlandesa Róisín Murphy, exvocalista de los recordados embajadores del trip hop y la música disco Moloko, así como el proyecto de electropop alemán Acid Pauli, el "tech house" de Damian Lazarus y el toque "underground" del israelí Guy Gerber.

Ya el lunes, con las cifras de asistencia sobre la mesa, será el momento de echar cuentas, algo que Morán afronta con esperanza: "Es un proyecto muy meditado que no nace de una tarde. Somos profesionales con una dilatada trayectoria y creo que hemos hecho las cosas suficientemente bien para asegurarnos esa segunda edición".

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