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CINE ESTRENO (Entrevista)

El director de cine Adrián Orr: "Los pequeños gestos cotidianos nos definen"

Magdalena Tsanis.

  • Agencia EFE

Magdalena Tsanis.

La intimidad de un padre joven soltero, músico y en paro, con sus tres hijos invita a reflexionar sobre la crisis, la creatividad, los nuevos modelos de familia y el paso del tiempo en "Niñato", la multipremiada ópera prima de Adrián Orr, que llega este viernes a las salas de cine.

"En las conversaciones de tú a tú entre David y sus hijos palpita la esencia de quiénes somos; son los pequeños gestos cotidianos lo que nos define", asegura Orr (Madrid, 1981) en una entrevista con Efe, una declaración de intenciones que define un modo de hacer cine.

A medio camino entre la ficción y el documental, "Niñato" se filmó durante más de cinco años. El propio Orr coge la cámara y asume la dirección de fotografía de un filme que ha recibido el premio a la mejor película en el Bafici de Buenos Aires y el premio Nuevas Olas del Festival de Cine Europeo de Sevilla, entre otros.

David, el protagonista, era su amigo de tiempos del instituto y fue el primero de su círculo en ser padre, con veintipocos años.

"Me interesaba la relación tan especial que tenía con los niños, la pasión que ponía en ellos y en su música, y esa dicotomía de tratar de enseñar a sus hijos a ser autónomo cuando él mismo está aprendiendo a ser padre", explica.

En primer lugar rodaron un corto titulado "Buenos días, resistencia", pero Orr se quedó con ganas de seguir explorando el paso del tiempo en el hogar de los Ransanz, en el madrileño barrio del Pilar, un planteamiento que recuerda al "Boyhood" de Linklater.

"'Boyhood' salió en mi tercer año de rodaje; me han influido más películas como 'El árbol de la vida'. Es verdad que 'Boyhood' fue un 'boom' pero su concepción del tiempo es muy diferente", explica el que ha sido ayudante de dirección de Alberto Rodríguez, Javier Rebollo o Montxo Armendáriz.

En "Niñato", el mundo de los adultos transcurre en "presente continuo", mientras el de los niños va "soterrado" y sólo aflora en determinados momentos.

Junto a David y los tres niños, Oro, Mia y Luna, la hermana del músico, Esther, y los padres de ambos contribuyen a la organización familiar. En realidad solo uno de los niños es suyo, los otros dos son de su hermana, pero es ésta quien trabaja fuera, mientras David se queda en casa con los tres.

"En cierto modo se invierte el modelo clásico, porque es él quien se queda en casa cuidando a los niños", indica Orr, "algo que por otro lado le permite hacer su música, que es lo que quiere, no abandonar su sueño, sabe que no va a vivir de ello, pero es lo que le da alegría y ganas de vivir".

Ese amor por la música y la creatividad se transmite a los niños, especialmente a Oro, que disfruta improvisando versos como su padre.

Según Orr, ese nuevo modelo de familia que nace obligado por las circunstancias, las estrecheces económicas, y en el que las responsabilidades se reparten en equipo contiene también "valores interesantes para poder cambiar esta sociedad que funciona tan regular, por no decir fatal".

"David alimenta a buenos ciudadanos para el futuro y, aunque en parte se siente frustrado porque su presente no cambia, está educando en valores a los niños, abriéndoles puertas y enseñándoles caminos que a nosotros no nos enseñaron", dice.

Con este filme, Orr se une a la nómina de directores de ese "otro cine español", que se abre paso en las salas a base de triunfar en festivales internacionales, como Oliver Laxe, Luis López Carrasco o Neus Ballús.