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ÓPERA "IL CORSARO" (Crónica)

Il Corsaro: Romanticismo en estado puro... con luces y sombras

Joan Castelló

  • Agencia EFE

Joan Castelló

La coproducción de "Il corsaro", la ópera de Giusepp Verdi estrenada hoy en el Palau de les Arts de Valencia, ha constituido una exhibición de romanticismo en estado puro (amor, exotismo, honor, heroísmo y muerte), en una representación que ha tenido muchas luces y algunas sombras.

La parte más positiva ha sido sin duda la músico-vocal, con cuatro protagonistas que han superado con creces la arriesgada prueba de representar con éxito una de las óperas menos conocidas y representadas de Verdi, compositor prolíficos donde los haya y que tiene en su haber una larga lista de títulos que han pasado a la historia de la ópera, pero no precisamente con este corsario.

La pareja protagonista, Michael Fabiano (en el papel del corsario Corrado) y Oksana Dyka (como Gulnara, la favorita del harén) estuvieron espléndidos, pero no se quedaron atrás ni Kristina Mkhitaryan (que en el papel de Medora, la amante de Corrado en una isla griega, le "robó" aplausos a su rival en la ficción) y Vito Priante (el pachá Seid).

Fabiano, un tenor estadounidense con ascendencia italiana, fue un excelente Corrado, el corsario que antepone su ambición a su relación con Medora, a quien deja en una isla griega para ir a luchar contra los otomanos, pero finalmente quedará atrapado entre el amor que le profesa Gulnara (a quien salva de morir en el incendio del harén) y la fidelidad a su amante griega.

Lo mejor de la soprano ucraniana Oksana Dyka fue su admirable agilidad para superar con holgura las dificultades de una partitura con reminiscencias belcantistas, con saltos de agudos y sobreagudos que realizó con naturalidad. Demostró un gran virtuosismo, aunque en algunos momentos su voz resultó un tanto áspera.

Pese a tener un papel más breve, la soprano rusa Kristina Mkhitaryan deleitó con una voz cálida y hermosa que llegó con facilidad al público, como en el aria "Non so le tetre immagini". Recibió la ovación más cálida del público al final de la obra.

Destacada también fue la actuación del barítono italiano Vito Priante, que realizó una certera caracterización del pachá, dejando constancia de su dotes en la cabaletta "S'avvincina il tuo momento".

En la dirección musical, Fabio Biondi dirigió con energía y acierto a la Orquesta de la Comunitat Valenciana, pese a que en algunos momentos sonó con un ímpetu un tanto excesivo, en parte porque se había elevado y ampliado el foso, lo que facilitó una sonoridad más evidente.

Las sombras hay que anotarlas en la dirección de escena y la escenografía, a cargo de Nicola Raab y George Souglides, que no acabaron de convencer al público: un sector les abucheó al final, mientras que una mayoría dejó de aplaudir cuando salieron al escenario tras los cantantes.

La puesta en escena convirtió al corsario Corrado en un escritor que se enfrenta a su propia obra (el libreto está basado en el poema El corsario, de lord Byron), con unos habitáculos blancos (¿el blanco de la isla griega donde se ha refugiado Corrado?) con usos polivalente, pues igual servían como paredes del harén o como muros de la cárcel.

Con una escenografía con tendencia minimalista que sólo recurrió a la tópica decoración oriental de almohadones y alfombras en la escena del harén, la iluminación de David Debrinay cobró relevancia para resaltar la frialdad y la distante relación de Corrado y Medora (con cortinas de material plástico que les aislaban uno del otro pese a su proximidad) o para dejar patente la calidez y sensualidad del harén.

Ya en el tercer acto, y tras la muerte del pachá, la escena final, tan típica del romanticismo con la muerte de los otros tres protagonistas, consigue una belleza tanto musical como plástica, aunque para ello se aleje del dramatismo (en el libreto Corrado se tira desde lo alto de un acantilado).

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