También en directo
Ahora en vídeo
  • megabanner_1:No existe configuración de publicidad para el slot solicitado
PRIMAVERA SOUND

Arctic Monkeys se pasan al rock clásico en un concierto de altibajos

Santiago José Sánchez

  • Agencia EFE

Santiago José Sánchez

Arctic Monkeys han cambiado, sobre todo en sus dos últimos discos. Quizá por eso su actuación en el Primavera Sound ha dejado a medias a los más fieles, que esperaban más guitarras y se han aletargado con los temas del último disco.

Una luz roja ha dado la bienvenida a la banda, que contaba con dos miembros extra: Tyler Parkford, de Mini Mansions, ha apoyado en los teclados y Tom Rowley, "frontman" de Dead Sons, ha ejercido de segundo guitarrista.

Su presencia ha liberado al cantante, Alex Turner, que ha podido olvidarse por momentos de los instrumentos para centrarse en cantar, gesticular y mover las caderas cual Elvis moderno.

Una intención que quedaba ratificada con el traje blanco, las gafas de sol retro y la camiseta con el mensaje "What Would Molly Do" que ha lucido.

Alex Turner se ha adueñado del escenario y, por momentos, ha cambiado la guitarra por el piano para interpretar las nuevas canciones, mucho menos rockeras que todas las anteriores, pero con vocación de perdurar.

Si Turner quería plantear su actuación en el Primavera Sound como un plebiscito sobre "Tranquility Base Hotel + Casino", lo ha conseguido. Pero no está tan claro que lo haya ganado.

Los cortes de su último álbum, el más divisivo de la banda, han apagado el ritmo del concierto. Son canciones con calidad, pero poco propicias para festivales y espacios abiertos, por lo que el grupo quizá debería plantearse la presentación en un auditorio.

El ambiente en las primeras filas del concierto ha sido agobiante por el calor y la masiva afluencia de público, formado en su mayoría por anglosajones muy exaltados. Tal ha sido la aglomeración que los miembros de seguridad han tenido que sacar a unas cuantas personas, repartir botellas de agua y encender ventiladores.

El camino hasta llegar al lanzamiento del sexto álbum de la banda no ha sido fácil. Llega tres años tarde. En ese periodo, Turner tuvo tiempo de explorar y pulir los sonidos de la nueva apuesta de Arctic Monkeys a través de su proyecto paralelo, The Last Shadow Puppets. Por algunos momentos, el disco de los de Sheffield parecía más bien una continuación de "Everything You've Come to Expect", pero sin un single claro.

Del nuevo disco han tocado cuatro canciones: tres en el concierto y una en los bises, "Batphone", que ha sonado poco ensayada en concierto y que ha relajado en exceso a un público que venía de entregarse en "Do I Wanna Know" y que no ha remontado a pesar de cerrar con "R U Mine?", también de su anterior disco, AM.

Todo ese cambio de estilo no acaba de encajar bien con el conjunto de su discografía, si bien su importancia será más evidente cuando pase algo más de tiempo.

De momento, sin embargo, son canciones que no dejan de sonar extrañas en un concierto en el que Arctic Monkeys ha repasado sus canciones más enérgicas, con "Brianstorm" al frente y con "I Bet You Look Good on the Dancefloor" y "The View From the Afternoon" como fieles escuderas, todas ellas de sus dos primeros discos.

Con "Do I Wanna Know" han hecho vibrar a todo el mundo. Y con algunas canciones de "Humbug", su tercer disco, el más oscuro y experimental, han hecho llorar a unos pocos.

El descenso a la melancolía de "Cornerstone" ha sido el punto culminante para sus acólitos más veteranos, y con "Pretty Visitors" han demostrado que la fuerza de sus guitarras viene de lejos. Pero el grupo hace tiempo que ha abandonado ese camino.

Lo más visto