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Que ni el viento lo toque

El Córdoba ha encontrado la fórmula del éxito en una semana memorable

Ahora que estamos en tiempo de Cosmopoética, sirva la estrofa de un verso para ilustrar la situación del Córdoba. De Félix Antonio González y de su libro “Calles de Esgueva”: “Que ni el viento la toque porque tiene/ pena de muerte el viento si la toca”. Oltra ha dado con la tecla a base de darse un par de golpes –uno leve, otro grave- y ya tiene clarísimo –él dice que siempre lo tuvo- cómo tiene que jugar su equipo. Y, lo más importante, parece que sus jugadores también. La sobriedad y constancia con la que vencieron ante Levante, Alcorcón y Nàstic reflejan que hay una serie de premisas –sencillas, pero muy complicadas de lograr- que repiten todos los equipos campeones o que aspiran a serlo. Por mucho que a Oltra –y a otros- le chirríe que se hable de ese concepto tan temprano, el concepto existe. Un equipo puede ser campeón si se cree que puede llegar a serlo y, sobre todo, si sus piernas y su mente se sienten de igual modo. El Córdoba no se conformó ni con el 1-0 ni con el 2-0. A Rodri, a Bergdich, a Juli, a Donoso… a casi todos los hombres de ataque se les veía con unas ganas locas de marcar y de demostrar que tienen hueco en un once en el que –otra buena noticia- cada vez cuesta más entrar (y salir). Así que en estos tiempos de bonanza, pena de muerte –figurada, claro- para cualquier viento que aspire a derribar ese sueño en el que ha empezado a subirse a base de trabajo y seso el Córdoba. Y ya, si de paso, al sueño se le alimenta con pienso del bueno en enero procedente de ese dinero que no se puede repartir la propiedad según ley… pues mejor que mejor.

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